DraTeresaDaCunhaLopesPor Teresa Da Cunha Lopes /Grupo Crónicas Revista

Morelia, Michoacán, 04 de octubre de 2015.- En la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del siglo XXI,  las series televisivas  han asumido la función que ejercían  las novelas por entrega[1] en el siglo XIX. Recrean lo social, reubican lo político, canalizan las tendencias de la cultura popular. En el camino han producido grandes obras y grandes autores. Momentos que permanecen, modas efímeras y frases que hacen parte de marcos referenciales compartidos por todos.

Tal como muchos de los grandes escritores mundiales, de Dickens a Dostoyevsky, pasando por Balzac, Eça de Queiroz, Pérez Galdós, Víctor Hugo, Fernández de Lizardi,  Vicente Riva Palacio, o Alejandro Dumas crearon sus cosmovisiones, su fuerza estilística  bajo la presión de la fecha de las entrega seriadas de sus novelas y sometidos al plebiscito de los lectores, hoy por hoy, los mejores textos, diálogos, tramas, estilos, emociones están en los guiones de las grandes series que semanalmente nos anclan frente al televisor.

De “Game of Thrones” a “The Good Wife”, de “Hatufin” a “Homeland”, pasando por  “Spooks”, de “ Call the Midwife” , “Downton Abbey” a “Breaking Bad”, es evidente que Gideon “Gidi” Raff, Sayed Kashua, Fellowes, David Chase, Matthew Weiner,David Benioff y D.B. Weiss, Dias Gomes, Aguinaldo Silva o Marcilio Moraes,  sin olvidar a la portentosa Shonda Rhimes  o la lusa Rosa Lobato Faria  diversos autores han re-interpretado la realidad, re-escrito la sociedad, y nos han enseñado cómo funcionan los bastidores del poder político, como se construyen los imperios financieros, han creado los miedos colectivos , descrito las obsesiones securitarias y, cómo desde una mirada satírica nos podemos reír del (de los) absurdos de la modernidad.

Yo confieso que soy una lectora adicta a los primeros y una espectadora fiel de los segundos.

Ahora bien, la Televisión nunca es solamente entretenimiento. Las diversas potencialidades de aplicación que los  medios de comunicación masivos ofrecen a los sistemas políticos de las democracias avanzadas –interactividad, mayor rapidez en la transmisión de datos, la creación de oportunidades para la comunicación de muchos a muchos, la abundancia de información o los nuevos medios de control para el usuario–, pueden contribuir favorablemente o pueden ser instrumentos de manipulación y control, en el proceso de mejora del sistema político,  de manutención de un régimen o de denuncia y  erradicación de  algunas de sus principales imperfecciones.

Recientemente, ADN Político[2] aconsejaba a los políticos mexicanos a ver 8 series televisivas norteamericanas, porque ahí podrían aprender: “Lecciones de control de crisis, alianzas, políticas públicas, manejo de conflicto de intereses, trato con medios y… ¿por qué no?, un poco de pragmatismo y hasta traición.”

Esto me lleva a hablar de la fuerza de las series con trama política en Europa y en Estados-Unidos, en que se aborda el juego político, los actores políticos y el ejercicio del poder desde diversas perspectivas y de su casi total ausencia en el panorama televisivo mexicano. Me pregunto si la ubicuidad del género “serie política” en las dos primeras regiones es fruto de de la centralidad de los procesos políticos en la sociedad y de un renacimiento de la participación política y si  el silencio de la televisión mexicana no es un atavismo de un pasado en que existía un monopolio televisivo y partidario.

Con efecto, pienso y lo he externado muchas veces, que los ciudadanos mexicanos son mucho más modernos, liberales y sofisticados que la imagen bronca que transmiten las telenovelas y que impera en la narrativa discursiva de los políticos. O sea que existe una real disociación cultural entre el público (que está plenamente en el siglo XXI y con opciones culturales y estéticas eclécticas y ricas) y las formas anquilosadas de un esteticismo rancio  de la telenovela mexicana que perpetúan en el 2015 a los años 50 del siglo pasado.

Pero regresemos a las series televisivas políticas. La mejor serie de televisión “política” que jamás se ha hecho (excluyendo claro las sátiras británicas “Yes Minister” y su secuela “Yes Prime minister” y las sátiras políticas brasileñas “O Bem amado” y “Roque Santeiro”) , no viene de Hollywood,  sino  de Copenhage.

borgen-150804Se trata de “Borgen”, drama político sobre la primera mujer primer ministro de Dinamarca. Aparte la fantástica actuación como Birgitte Nyborg de Sidse Babett Knudsen, yo espero, sinceramente, que Hillary Clinton haya saltado los domingos a “Madam Secretary” y optado por ver a “Borgen” ¿Quién podría adivinar que las maniobras parlamentarias entre los pequeños partidos daneses podrían ser tan apasionantes? ¿Y con componentes, elementos, juegos y soluciones tan universales? Un verdadero tratado de política, actual, con cuestiones éticas, problemas multilaterales y soluciones  pragmáticas, que permite enterrar de una vez por todas a Maquiavelo[3] y responder “una pregunta simple y antigua: ¿puede uno pasar por la política y mantenerse incólume?”. Es esta  dimensión personal de la política, las fortalezas y debilidades humanas, crudas, sin moralejas que hacen de “Borgen” una obsesión para el ciudadano-espectador. Cuando el matrimonio del primer ministro Nyborg (y familiar) se desmorona bajo la presión del cargo, las consecuencias son graves, feas y dolorosamente sentidas. Y sabemos que es un costo predecible para una mujer política y no necesariamente por un hombre político. Para allá del  fascinante retrato de la sociedad danesa -informal, tolerante, orgullosa- queda una visión de la política en que todavía las decisiones obedecen a principios, a posturas ideológicas y a  negociación de acuerdos.

Contrariamente a lo que podríamos pensar, “Borgen” contiene una mayor dosis de realidad que la serie “El Equipo”, “telefarsa” para publicitar los logros de la Secretaría de Seguridad Pública, encabezada por Genaro García Luna, el mismo funcionario que ha promovido “recreaciones” televisivas de detenciones de presuntos delincuentes o que transforma en reality shows las detenciones de capos del narcotráfico”[4], cuya reseña, el lector puede  leer en la edición 1802 de la revista Proceso. No queda atrás de “El equipo” como “telefarsa”, por lo ridículo de los diálogos y de los desnudos de la protagonista, la telenovela “La Teniente”.

En la versión de TV Azteca de la lucha de los grupos de élite contra el narco, lo único que me queda claro es que existe una total falta de respecto de los productores para con los sacrificios heroicos de los combatientes  reales y que el guión televisivo  opta por una  explotación descarada de las “potencialidades” físicas de las protagonistas de “ficción”, mezclada con  la demostración de una ignorancia supina sobre la estructura y organización de la Marina de Guerra, al punto de usar el rango de “Comodoro”, mismo que no se usa en México.[5]

Seguramente, el lector de esta columna preguntará: ¿por qué nos preocupamos por el realismo? Al fin y al cabo, estamos hablando de ficción. Esta  cuestión del realismo es tan importante porque vivimos en una época de artificio político.

Ya no estamos seguros de si creer en la política, como lo hacíamos en los tiempos de la serie “The West Wing”,  o si creer en nuestros miedos acerca de la política como pantanal de corruptos,  miedos que están en el centro del éxito del cinismo amoral  de Underwood en la serie de Netflix, “House of Cards”.

Sin-título-4-150804El éxito de Frank Underwood, que todos citan a propósito de cada situación política, y que muchos elevaron a “DVD de cabecera” durante la última campaña política (Napoleón hacía comentarios al “Príncipe”) reside en el hecho  que muchos de los ciudadanos-espectadores están tan disgustados por la postura, comportamiento, nepotismo, corrupción de los políticos  de hoy que están ansiosos por  creer las visiones viciosas en pantalla, que sólo refuerzan su alienación de su propio sistema democrático. Pero al mismo tiempo creen firmemente en la existencia del poder y en la posibilidad de un día ser el que “detiene” una cuota de poder, tal como es definido por Underwood: “Qué desperdicio de talento. Él eligió el dinero en vez del poder, un error que casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos. No puedo respetar a alguien que no entienda la diferencia”.

O bien, quizás es porque algunos de nosotros, los que amamos las complejidades de la política, hemos hecho un pésimo trabajo de pedagogía  y no hemos sido capaces de  encontrar maneras de hacer con que la “verdadera política” (la de “Borgen”)  sea emocionante para nuestros amigos menos adictos a la adrenalina de la acción y de la participación política.

Es evidente que las representaciones televisadas de Washington han tenido problemas para captar las corrientes que impulsan la política estadounidense de hoy y el contexto de los dramas reales, con personas reales, con muertes reales, con hambre real y con genocidios reales, diarios, en que muchas decisiones tienen que ser tomadas. La realidad, por ejemplo, de las atrocidades del Daesh (Estado Islámico), de las acciones encubiertas de los servicios de inteligencia  y del lío estratégico del Oriente Medio,  supera con creces a la ficción-política de la serie “Tyrant” o de “Dig” o aún de “Homeland”. Todas fruto de la pluma de Gideon Raff, aún que hay que enfatizar que la versión original israelí, “Hatufin”, es mucho más compleja, mucho más interesante, inquietante, que la versión maniqueísta de  “Homeland”.

Sin-título-5-1508041Si bien toda serie política televisiva pierde el verdadero drama (y comedia, para el caso), configurando falsas situaciones que pasan por verdaderos enfrentamientos, en su defecto tienen  la ventaja de socializar los temas de la guerra, del racismo, las luchas y las fortalezas y debilidades  de los personajes, las opciones posibles, los costes de las decisiones.

Pero, no debemos perder “el norte”. Al final del día se trata de “política-ficción” y, aún que sea casi imposible ver un episodio de “Boss” y no tener una sonrisa en los labios porque nos recuerda a un alcalde muy cercano, o  no caer bajo la fascinación del mal representada por Frank Underwood, en la realidad es “televisión”. Es verdad que no resisto (y no soy la única) en usar a “Game of Thrones”[6] para identificar quién es quién en el complejo tablero de la política comunitaria. Pero, no es real, es una simplificación.  Aún cuando las primarias republicanas parecen un reality-show llamado “Donald Trump contra todos”, las cuestiones de fondo son la economía y la seguridad, no el espectáculo del odio.

Es bien verdad que estamos en una edad de oro de series televisivas políticas a no perder, y aún que nos les quedaría mal ver las 8 series políticas propuestas por ADN Político, sinceramente pienso  que estas nunca serán un sustituto para la lectura de Gramsci, de Habermas o de Bobbio. O sea, para una verdadera cultura política.

[1]    Ver artículo “ ESCRITORES POR ENTREGAS: NOVELAS DE FOLLETÍN”, de Alejandro Gamero en http://lapiedradesisifo.com/2013/07/18/escritores-por-entregas-novelas-de-follet%C3%ADn/

[2]             ADN Político, “ 8 series de TV de EU que todo político mexicano debería ver” http://www.adnpolitico.com/ciudadanos/2013/12/26/8-series-de-tv-que-todo-politico-mexicano-deberia-ver

[3]    Ver texto “Borgen:lectura de Maquiavelo en Copenhagen” https://jlfuentecilla.wordpress.com/2015/02/03/borgen-lectura-de-maquiavelo-en-copenhage/

[4]    Ver artículo de Proceso en la dirección web http://biblat.unam.mx/es/revista/proceso-mexico-d-f/articulo/la-telefarsa-serie-televisa-el-equipo-coproduccion-de-televisa-y-la-secretaria-de-seguridad-publica

[5]    https://nidios.wordpress.com/2012/09/22/nueva-novela-de-tv-azteca-la-teniente/

[6]    Ver la columna “La Unión Europea: crisis y juego de tronos /”Teresa Da Cunha Lopes en http://mx.globedia.com/union-europea-crisis-juego-tronos-teresa-cunha-lopes