DraTeresaDaCunhaLopesPor Teresa Da Cunha Lopes

Morelia, 26 de septiembre 2015.-Esta transa no es nuestra, los mexicanos no tuvieron nada que ver con ella.

Hace unos días estalló la bomba. Fuimos a saber que los alemanes de Volkswagen crearon un software para engañar deliberadamente en las mediciones de gases contaminantes al público y a las autoridades. Estados-Unidos acusó al gigante alemán de un fraude masivo intencional. El domingo, la empresa admitió ser culpable. El lunes, cayó en bolsa casi un 19%. El martes, el escándalo creció aún más con la admisión de que el número de vehículo afectados asciende a más de 11 millones de unidades.

Hoy, sabemos que escándalo de las emisiones no afecta solamente a determinados modelos de la Volkswagen, pero también de Audi y de Porsche.

Si la marca símbolo del “Made in Germany” quedó bajo sospecha, como una pesadilla salida de la aplicación de la teoría del caos –y de su famoso paradigma, que enuncia que el aleteo de una mariposa en China puede poner en movimiento un huracán en Patagonia-, los grandes afectados son los mexicanos y la economía que puede entrar en recesión es la mexicana.

Sin embargo, esta no es nuestra transa, los mexicanos no tuvieron nada que ver con esta transa y México no fue cómplice de esta transa.

El escándalo de las emisiones de gases es totalmente ALEMÁN. Esta transa es alemana, la pensaron los alemanes, la organizaron los alemanes, la implementaron los alemanes desde Alemania con “eficiencia” alemana y fueron los alemanes que callaron y cerraron filas para esconderla del escrutinio público durante el máximo tiempo posible.

Sin embargo, quien va a pagar los “platos rotos” son los obreros mexicanos de las plantas de Puebla y de Guanajuato que pueden llegar a perder sus empleos y que sin duda verán reducidas sus horas laborales y, por ende, sus nóminas.

Quien va a pagar el costo de esta transa monumental, digna de las grandes organizaciones criminales, son las entidades federativas que hicieron inversiones millonarias con el objetivo, precisamente, de atraer a la marca VW y de retenerlos en su territorio, porque la “solidez” de Volkswagen y la “confiabilidad” alemana eran garantes del desarrollo de estos estados. En el caso de Puebla, un tercio de la economía local depende de Volkswagen. El año pasado casi el 43 por ciento de la producción de la planta ubicada en Puebla fue exportada a las agencias en Estados Unidos. Del total de autos que ingresan a este país, el 20 por ciento son las versiones TDI del Golf, Jetta y Beetle, o sea tan solo el año pasado se habrían enviado más de 41 mil vehículos con el motor TDI (diésel) objeto de las imputaciones de la EPA.

Quien va a pagar las repercusiones de este escándalo de corrupción corporativa con proporciones épicas, de este fraude, de esta transa, de este criminal engaño, son las familias de los cerca de 40 mil mexicanos que compraron los modelos manipulados y defectuosos y que verán sus unidades perder, automáticamente, valor en el mercado.

Seamos sinceros, esta transa de Volkswagen y de los “confiables” alemanes es el equivalente moderno, tecnológico, de los asaltos decimonónicos de las grandes bandas de asaltantes de caminos: van directos a nuestros bolsillos y, en el proceso destruyen nuestras vidas. La diferencia reside en que antiguamente teníamos el Tribunal de la Acordada y su justicia expedita contra la delincuencia; ahora tenemos civilizadas demisiones aceptadas por consejos de administración que van acompañadas de indemnizaciones millonarias… a los responsables de la corrupción y de la transa… y uno de ellos hasta es… promovido.

Sí, estimado lector, es exactamente como lo leyó.

En cuanto el obrero de la planta de Puebla o de la planta de Guanajuato – totalmente inocente de la transa implementada por una sofisticada red de corrupción corporativa que nos viene del primer mundo-, no sabe si mañana va tener su puesto de trabajo y con qué dar de comer a sus hijos; el “señor” Martin Winterkorn, que se arrogó al hueso de la chamba con uñas y dientes, solo “aceptó” dimitir bajo dos condiciones: 1.- Con su nombre “limpio” y; 2.- Con una pensión de 28.6 millones de euros. Además, de poder cobrar millones más en indemnizaciones en función de cómo califique su salida el consejo de supervisión de la empresa.

Exacto, querido lector, esta transa no es nuestra, es una transa de los alemanes. Pero los mexicanos van pagar los costos laborales y económicos de un escándalo “Made in Germany” y el responsable máximo, un alemán, se va a casa con una pensión de 28.6 millones de euros.

¿Karma? No, no es “karma”, se llama “capitalismo alemán”.

Cuanto al presidente de Porsche, Mathias Müller, a pesar de esta empresa ser una de las 3 empresas implicadas en la transa del software para manipulación de los datos sobre emisiones contaminantes… pues asume la Presidencia de Volkswagen

Que nos resta hacer frente a este absurdo. Ir colectivamente como afectados y obligar al Estado mexicano, a través de Semarnat, y a la Profepa a iniciar procedimientos de protección de los consumidores mexicanos y de defensa de las inversiones efectuadas por las entidades federativas así como diseñar y colocar en marcha un plan de rescate de puestos de trabajo.

Colectivamente, los consumidores mexicanos tienen diversas herramientas legales que deben usar: 1.- Denunciar el incumplimiento por parte de VW de la Norma Oficial Mexicana NOM-042-SEMARNAT-2003 que establece los límites máximos de emisiones permisibles de vehículos con un peso menor a 3,857 kg. que usan gasolina, gas l.p., gas natural y diésel; 2.- Denunciar la emisión del Certificado NOM que expide la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), o en su caso, los organismos de certificación acreditados y exigir aclarar responsabilidades; 3.- Exigir que la empresa llame a revisión y reequipar los modelos manipulados para aprobar las pruebas de emisiones estadounidenses; 4.- Usar la vía judicial para reclamar indemnizaciones.

Lo único que no debemos hacer es quedar de brazos cruzados o callados.