INT119646990849242_0Editorial del New York Times

Los ataques aéreos de Rusia en Siria cruzan una peligrosa línea en Medio Oriente que intensifica el conflicto y plantea el riesgo de que Rusia se enfrasque en una confrontación directa con Estados Unidos. Esta acción dirigida por el presidente Vladimir Putin complica las cosas en un de por sí caótico campo de batalla y ciertamente hará que sea aún más difícil alcanzar un acuerdo político.

La aseveración de Putin en relación con que el motivo primordial del bombardeo es la lucha contra los terroristas, incluyendo al Estado Islámico, es un tanto dudosa. Es más probable que el objetivo del líder ruso sea rescatar al presidente Bashar Assad de Siria, cuya posición en el poder se ha debilitado conforme el Ejército sirio pierde terreno, no sólo ante el Estado islámico, el cual intenta instalar un califato en Siria e Irak, sino también ante una coalición de grupos insurgentes que se oponen al Estado Islámico.

Siria es el primordial aliado de Rusia en Medio Oriente, y Putin ha estado ayudando a Assad durante todo el conflicto. Putin pudo haber prevenido el desencadenamiento de la violencia en 2011 si hubiera persuadido a su aliado de que no atacara a los manifestantes pacíficos que se oponían al gobierno.

No queda claro si Rusia tratará de ayudar a Assad a recuperar el control de todo el país, pero algunos funcionarios estadounidenses sospechan que los planes van más allá de lo que Putin dijo el miércoles sobre los “limitados” ataques aéreos. En semanas recientes, los rusos han introducido tanques, aviones y otras armas de calibre pesado hacia el interior de Siria. Tiene sentido de que se asuma lo peor, dado el comportamiento de Putin en Ucrania, donde en un inicio negó haber movilizado armamento y tropas hacia el interior de ese país, para luego anexar a Crimea y seguir desestabilizando la región oriental.

El presidente Barack Obama parece haber sido tomado por sorpresa por la atrevida movilización para restablecer la influencia de Rusia en Medio Oriente, lo cual sin lugar a dudas era la intención de Putin. A pesar de los ataques aéreos dirigidos por Estados Unidos, la administración no cuenta con una verdadera estrategia para Siria. Pero tampoco se percibe una obvia estrategia por parte de los rusos, excepto la de apoyar a Assad, a quien Putin considera como un elemento clave para alcanzar la estabilidad, pero que la mayoría de sus martirizados ciudadanos detestan.

Putin podría ahora tener la iniciativa, pero los riesgos para Rusia, cuya economía está sufriendo por las sanciones que le fueron impuestas por lo ocurrido en Ucrania y por la caída en los precios del petróleo, son reales. Antes de lanzar un operativo, los rusos no intentaron establecer un plan con los estadounidenses para asegurarse de que sus respectivos aviones de combate no entraran en contacto.

Los expertos militares dicen que los aviones rusos están muy viejos y podrían estrellarse, y que las armas rusas no son lo suficientemente precisas para evitar que haya bajas civiles. A Putin le preocupa, y con debida razón, que los combatientes extranjeros regresen a Rusia desde Siria, pero su nuevo operativo militar podría ser contraproducente y hacer que Rusia se convierta en blanco de los extremistas.

Los estadounidenses claramente rechazaron una advertencia rusa luego de que los ataques aéreos comenzaran a alejarse del espacio aéreo de Siria y detuvieran sus ataques en contra del Estado islámico. Obama tendrá que trabajar con los aliados de Estados Unidos en una unificada respuesta a las movilizaciones de Rusia y buscar la manera de ponerle fin a la guerra.

El miércoles, Putin dijo esperar que Assad esté dispuesto a negociar tras la intervención rusa. Pero con Rusia dispuesta a intervenir de manera directa a favor de Assad, éste podría concluir que puede quedarse en el poder por tiempo indefinido.