Por Susana Campo /EFE

El proceso de adhesión de Turquía a la UE se acelera a cambio de que Ankara se convierta en el portero de la Unión Europea. Alemania, ferviente opositor a la integración del país en la UE, se comprometió ante el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, a “abrir este año el capítulo 17” (relativo a la economía) y a “preparar” la apertura a negociaciones de los números 23 y 24, sobre justicia, libertades y derechos fundamentales, el año que viene. Justo cuando se cumplen diez años del inicio de las negociaciones y cuando parecía que el proceso estaba congelado, la crisis de refugiados da un impulso al proceso. 

Turquía solicitó la adhesión a la UE en 1987 y entabló las negociaciones correspondientes en 2005. Para que un país pueda entrar en la Unión Europa tiene que cumplir con los criterios de Copenhague, que establecen que un socio tiene que contar con instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de Derecho, los derechos humanos y el respeto de las minorías. Es obligatorio que cuente con una economía de mercado que funcione y además, debe contar con una administración capaz de aplicar y gestionar la legislación de la UE.

William Chislett Investigador asociado del Real Instituto Elcano, en un documento Cómo hacer que Turquía salga de su limbo en la Unión Europea explica que la democracia turca “es profundamente imperfecta”. Aunque el partido de Receyp Erdogan, el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) ha neutralizado el todopoderoso poder del ejército, durante estos trece años que lleva en el poder, los derechos y libertades han empeorado en el país.

Desde 2013 la prensa turca ha sido calificada de “no libre” por Freedom House, la corrupción se ha agravado, el umbral del 10 por ciento de los votos necesario para obtener representación parlamentaria no es democrático (en España es del 3%), y el poder judicial sigue politizado. Según el último índice de 175 países elaborado por Transparencia Internacional, el nivel percibido de corrupción de Turquía fue el que más se había deteriorado, si bien sigue mejor clasificada que Italia y que dos países de la Unión Europea como Bulgaria y Rumanía.

Quizás, los dos mayores escollos para que Turquía sea miembro de la UE están relacionados con la minoría kurda y con Chipre, dividido en dos gobiernos rivales, uno grecochipriota reconocido por la comunidad internacional y otro turcochipriota, solo reconocido por Ankara. No obstante, la vuelta a las negociaciones de adhesión, después de años congeladas, tiene para el Gobierno de Erdogan un carácter triunfalista a menos de dos semanas para las elecciones anticipadas.

Al igual que cualquier otro socio, su adhesión tiene sus pros y sus contras desde el punto de vista cultural, económico y territorial. Ignacio Molina, Investigador principal del Real Instituto Elcano analiza para www.lainformacion.com cada uno de ellos.

Los contras

Las diferencias culturales: El factor religioso es uno de los lastres en las negociaciones de Turquía. Los sectores conservadores de la Unión y de muchos países miembro siempre han entendido parte de la idea de Europa como la Europa cristiana, por lo que un país musulmán como Turquía no tiene cabida en ese concepto.

Cambio de fronteras de la UE: Uno de los argumentos para rechazar a Turquía giran en torno a que si este país entra en la Unión, las fronteras comunitarias pasarían a situarse en el límite con países como Siria, Iraq o Irán, considerados países muy inestables y con grandes problemas de seguridad.

Acaparamiento de los Fondos Estructurales y de Cohesión: uno de los miedos a la adhesión de Turquía es que, en caso de entrar en la Unión, se llevaría gran cantidad de dichos fondos estructurales y de cohesión.

Turquía se convertiría en uno de los países más poderoso de la UE: En caso de que Europa formaase parte dela UE, se añadirían 76 millones de ciudadanos europeos. Dentro de la UE existe una relación entre el peso económico, la población y el poder. Por ejemplo, dentro del Parlamento Europeo, Turquía se convertiría en el segundo país con mayor representación, solo por detrás de Alemania, por lo que se convertiría en uno de los grandes países de la Unión.

A favor de la adhesión

76 millones de ciudadanos europeos jóvenes: En un continente envejecido, la adhesión de Turquía supondría una fuerza dinamizadora en un momento en el que la población europea es cada vez más vieja.

Un gran mercado: En plena recesión económica en la Unión Europea, la entrada de Turquía ofrecería un nuevo mercado. Además, Ankara tiene un elevado PIB y un fuerte crecimiento económico, que pese a la ralentización de los últimos años sigue rozando el 3 por ciento anual.

Prueba de que musulmanes y cristianos pueden convivir: La adhesión de Turquía reforzará la sociedad multicultural y la democracia de la Unión Europea. Eso resultará una negación de la situación de “conflicto de las civilizaciones” y reforzará a la Unión Europea como una entidad basada en valores comunes.

Independencia energética para la Unión: Turquía es un importante pasillo de energía Occidental Este, transportando la energía del Mar Caspio y Oriente Medio hacia Europa y el mercado mundial. Los oleoductos turcos proporcionarán rutas alternativas de energía para Europa Por lo tanto, como futuro miembro de la UE, Turquía garantizará la seguridad del suministro energético de Europa. Además, Turquía posee la más grande potencial de la energía renovable como hidroeléctrica, termal, solar, biomasa e eólica de los países europeos.

La revisión de la entrada de Turquía a la UE no implica que pronto forme parte la UE, pero es un paso adelante. Turquía, potencia emergente y regional es el actor clave para resolver muchas de las crisis internacionales actuales. El drama de los refugiados, la lucha contra Estado Islámico son solo algunos de los conflictos en los que Ankara tiene mucho que decir. Llevan casi 30 años esperando, por lo que esperar un poco más no parece importar mucho. No obtante volver a poner su adhesión en la agenda comunitaria a solo dos semanas para las  elecciones, es una victoria para Erdogan.