Por Gonzalo Frasca/CNN

Hace pocas semanas, Lego lanzó un nuevo videojuego: Lego Dimensions. No es un juego habitual, pues mezcla varios personajes clásicos que normalmente no deberían estar juntos. En él conviven, entre otros, Batman, Gandalf de “El Señor de los anillos” y Marty McFly, el protagonista de la trilogía “Volver al futuro”.

Admito que me sorprendió ver a este personaje de mi adolescencia en tan ilustre compañía, presente en uno de los videojuegos que seguramente será un éxito de ventas en la Navidad de 2015. Y más me sorprende (aunque me alegra) el revuelo en las redes sociales, festejando que hoy es el día en que McFly llegó al futuro. ¿Por qué este viajero en el tiempo se ha mantenido vigente, incluso para las nuevas generaciones?

La serie “Volver al futuro” siempre fue una de mis favoritas (vi cada película varias veces junto a mi padre, que también es un gran fan de la trilogía). ¿Cómo es posible que estas películas de la década de los 80 todavía sigan siendo tan relevantes? Me pregunto por qué sigue teniendo un rol tan importante en la cultura popular, mientras que obras maestras de la época (por ejemplo, “E.T. El extraterrestre” de Spielberg) no han mantenido tanta vigencia.

Mucho se ha escrito sobre la obra de Robert Zemeckis. Una de las observaciones recurrentes en las críticas es psicoanalítica. De la misma manera que Roberto Benigni logró hacer comedia con un tema impensable (el Holocausto), “Volver al futuro” transformó el incesto en un tema entretenido y familiar. Me refiero al enamoramiento (¡y el beso!) entre Marty y su madre cuando él viaja al pasado y descubre que ella era una atractiva adolescente de su misma edad.

Pero además, el primer film es un poderoso relato sobre el fin de la inocencia; tanto personal como social. Enfrenta a los años 50, una era idealizada en Estados Unidos (pero para nada ideal) con la supuesta decadencia de los 80 (cuando se filmaron las películas).

No es casualidad que encontremos al protagonista en un momento bisagra: dejando de ser niño, a punto de ser adulto. Marty McFly logra madurar dándose cuenta de que sus padres también fueron adolescentes y que es su turno de crecer y asumir el rol de los adultos. Esto, literalmente, sucede en la segunda película, cuando debe viajar a 2015 para salvar a sus futuros hijos. Madurar es asumir que no solo somos individuos, sino también parte de una cadena humana que viaja desde el origen de los tiempos hacia un futuro desconocido, pero fascinante.

Zemeckis se asegura de cuestionar la supuesta armonía de los años 50 a través de un camarero negro que en 1985 llegará a ser alcalde de la ciudad. Pero seguramente jamás se hubiera imaginado que el presidente de Estados Unidos también sería negro en 2015.

De todas formas, hay un elemento conservador que se cuela en esta película adorable: es el protagonista blanco el que le da la idea al camarero de postularse a la alcaldía. No solo eso, sino que también Marty McFly le enseña el rock’n’roll a nada menos que uno de sus inventores, Chuck Berry.

Mucho se ha escrito de los aciertos y errores de “Volver al futuro II” sobre su descripción del año 2015. Quizás la predicción más interesante es la existencia de un restaurante “retro” ambientado en los años 80. Se trata de una predicción autocumplida, pues aquí estamos, usted leyendo y yo escribiendo, participando de una experiencia “retro”, rememorando un clásico de los 80. Nada sabemos sobre el future, excepto una cosa: siempre tendrá una dosis de nostalgia.

Viajo mucho en avión. Confieso que durante años sentí vergüenza ajena por los pasajeros que aplauden cuando el avión aterriza. Es una costumbre que solo he visto en vuelos por Latinoamérica (casi nunca en Europa o Estados Unidos). Siempre la sentí como una costumbre algo bárbara y supersticiosa. Pero con los años la acepté (e incluso la incorporé) pues entendí su verdad. Volar es un acto mágico y los pasajeros aplauden por una razón tan simple como humana: están felices de estar vivos.

Hoy es 21 de octubre del año 2015. Cuando se estrenó “Volver al Futuro II” yo tenía 17 años: la misma edad que Marty McFly. Desde ese momento, todos los hombres y mujeres de mi generación hemos participado en un viaje mágico. Quizás el futuro no sea como lo soñamos pero, para bien y para mal, lo hemos construido entre todos.

Nuestro DeLorean ha aterrizado. Hemos llegado al futuro. Lo más natural del mundo es que todos nosotros, pasajeros, aplaudamos muy fuerte, agradecidos por este increíble viaje y felices de estar vivos.