Por Gardiner Harris / New York Times News Service

Washington— El presidente Barack Obama ayer dijo que los afroamericanos no están imaginando las inquietudes de que a menudo los policías los tratan de manera más rigurosa y menos justa que a los blancos.

“Es algo real”, dijo. “Tenemos que tomarlo en serio”.

Durante una mesa redonda sobre la reforma de la justicia penal efectuada aquí, el mandatario defendió el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan), el cual algunas personas han criticado por ser antiblanco, mientras que los sindicatos policiacos en particular lo consideran antipolicial.

“Creo que la razón de que los organizadores hayan usado la frase ‘las vidas negras importan’, no fue porque estuvieran sugiriendo que no importaran las vidas de nadie más”, señaló Obama. “Más bien lo que estaban sugiriendo era que existe un problema específico que está ocurriendo en el interior de la comunidad afroamericana que no está dándose en otras comunidades. Y se trata de un tema legítimo que tenemos que abordar”.

Al principio de su gestión, con frecuencia Obama se mostró renuente a mencionar temas de contenido racial. Tras la muerte de Michael Brown el año pasado en Ferguson, Missouri, se calificó ampliamente a Obama como distante, dejando la pasión y la acción a su fiscal general en ese entonces, Eric H. Holder Jr.

Pero al acercarse a su fin su presidencia, Obama está deshaciéndose de gran parte de sus reservas y, a menudo en condiciones totalmente personales, ha empezado a hablar respecto a la raza, las drogas y los delitos. El miércoles, dirigiéndose en Virginia Occidental a personas afectadas por el abuso de drogas, mencionó que él mismo consumió drogas ilícitas siendo muy joven y prometió “ser un poco polémico”.

“Pero me encuentro en mi último mandato, y sólo me queda un año, y mi popularidad en los sondeos no es precisamente alta”, dijo ante la risa del público. “Supongo que puedo permitirme decirlo”.

La reforma a la justicia penal, con sus matices en ocasiones raciales, se ha transformado en unos de los temas más importantes de los meses que le restan a Obama en la Casa Blanca. En julio, abordó el tema durante un discurso que dio en una sesión de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés) y se convirtió en el primer presidente titular en visitar algún penal federal.

Ayer, habló sobre el tema durante casi una hora. La próxima semana viajará a Chicago a fin de hablar al respecto en el cónclave anual de la Asociación de Jefes de Policía, una organización internacional. Y el viernes, el director del FBI, James B. Corney, tiene programado dar el segundo de sus tan esperados discursos acerca de la raza en la labor policial.

En cada una de sus ponencias, Obama se ha cuidado de no enfatizar el heroísmo y el difícil trabajo de la mayoría de los agentes de Policía, mientras que ayer dijo que el movimiento Black Lives Matter no estaba contra la Policía.

“Todos quieren unas corporaciones policiales sólidas y efectivas”, dijo durante la sesión moderada por Bill Keller, editor en jefe de El Proyecto Marshall, la organización informativa sobre justicia penal sin fines de lucro, y ex editor ejecutivo de The New York Times. “Todos quieren que sus hijos estén a salvo cuando van caminando a la escuela”.

Obama forma parte del creciente consenso bipartidista existente en Washington de que algo debe hacerse con el propósito de reducir las sentencias de los delincuentes no violentos. El Comité Judicial del Senado votó este jueves 15-5 a favor de remitir el proyecto de ley completo del Senado que disminuiría en forma considerable las sentencias mínimas obligatorias en caso de delitos sin violencia, establecería un nuevo sistema destinado a determinar cuáles ofensores calificarían para la liberación temprana y crearía programas con el fin de prepararlos mejor para regresar a sus comunidades.