Por Pilar Portero y Ana Cañil

Fuente: Huffington Post

“Qué desastre”. Son las dos primeras palabras del consejero de una entidad financiera catalana, consternado por la velocidad de los acontecimientos en Catalunya. La paralización momentánea de la tramitación de urgencia de la moción de JxSí y la CUP para iniciar la independencia no le ha proporcionado ni una gota de sosiego. Ni a él, ni al mundo financiero y económico, ya sea catalán o nacional. Desde ayer martes, 25 de noviembre, los principales bancos han recuperado el llamado Plan B.

Un Plan B que consistía básicamente en sacar sus sedes financieras de Barcelona en caso de una proclamación de independencia, lo cual llevaría a Cataluña a quedarse fuera del euro y de la posibilidad de acudir a la ventanilla del Banco Central Europeo (BCE) para financiarse. Súmese a ello la inseguridad jurídica y una fuga de capitales que arrastrarían a un corralito estilo griego, y ya están de regreso todos los pánicos anunciados por los banqueros y su patronal el pasado 18 de septiembre, en un comunicado que dejó resacas de todo tipo. No fue necesario tirar de armas cargadas de euros.

Al día siguiente de las elecciones, el pasado 28 de septiembre, los empleados del Banco Sabadell recibieron un mensaje que consideraba que no había “inseguridad jurídica” tras el 27-S, y por tanto, se aparcaba la opción B. Por el momento: aunque las dos grandes entidades financieras catalanas, Sabadell y CaixaBank, no hacen comentarios sobre el asunto -más allá de las llamadas al diálogo-, desde ayer no les llega la camisa al cuerpo, al tiempo que a sus directivos la indignación les brota por todos los poros, tras llevarse las manos a la cabeza. El miedo ha vuelto, y que sea por Halloween tiene algo de macabro y poco de gracioso.

“El problema es que Mas ya no lidera esto, va a remolque. Nos encontramos en la situación más grave para la democracia desde el 23-F”, afirma un diputado del PSC.

La baza del estrangulamiento económico, e incluso del corralito a la griega, es una alternativa a la aplicación del 155, y por muy políticamente incorrecta que suene, es una opción que corre de despacho en despacho. .Ya se jugó a ella en vísperas del 27-S, y el efecto que ha tenido sobre Tsipras es muy tentador. Las espaldas económicas se han ido cubriendo poco a poco. Para facilitar el traslado de sede de bancos y empresas sin necesidad de que una junta de accionistas apruebe el cambio, el Gobierno incorporó un pequeño trueque en la Ley de Sociedades el pasado julio: la palabra “municipal” se sustituyó por “nacional”. Gracias a esa nimiedad, un consejo de administración podía sacar la empresa de Cataluña e instalarse en cualquier otro lugar del territorio nacional.

“Es totalmente lógico que hayan saltado todas las alarmas. Si una moción de los grupos parlamentarios mayoritarios en escaños pone sobre la mesa que hay que desobedecer al Tribunal Constitucional y saltarse las leyes, tiene un nombre, golpe de Estado. Porque también hay golpes de estado sin armas. Eso lo hizo Primo de Rivera, hay que explicárselo también a los jóvenes. Cómo no va a haber reuniones estos días a todos los niveles económicos, y más para no repetir los errores absurdos que se cometieron con la nota de la Asociación Española de la Banca. De todas formas, tanto CaixaBank como Sabadell informaron en el verano a los inversores internacionales sobre la situación, e informes como el de USB, advirtiendo de este riesgo, ya han aparecido hace meses”, explica un analista económico catalán, que por razones obvias pide el anonimato.

Entre algunos miembros del Foro Puente Aéreo o en circuitos económicos más reducidos se contemplan todas las bazas, vista la deriva de los independentistas. “Mejor el estrangulamiento económico y los bancos cerrados, como en Grecia. Son preferibles al 155 y a la desobediencia a ese 155, con la Guardia Civil en las sedes oficiales frente a los funcionarios”, explica un alto cargo de un gran banco nacional. Frente a los nervios, la tristeza y el pesimismo por el futuro, destaca la calma de un diputado convergente, experto en economía, quien está convencido de que “de aquí al 20 de diciembre no va a pasar nada, ni siquiera por parte de las instituciones financieras. El día 21, después de las generales, ya veremos. Depende de quien gane”. Al comentario de que este período de dos meses puede ser rentable para el PP, que le llevaría hasta la mayoría absoluta según círculos políticos madrileños -e igual de rentable para Mas, ya que la cerrazón y firmeza de Rajoy engorda al independentismo-, el convergente mantiene que “los dos millones de independentistas no estamos locos. Todo el que se acerque honestamente a nuestra situación, después del 20-D, se dará cuenta que hay salida. Por ejemplo, el referéndum”.

La desconexión ha comenzado. Pero al ciudadano, la respuesta de bancos y emblemáticas empresas catalanas con intereses nacionales no le va a llegar hasta que la situación política toque techo.

“El problema es que Mas ya no lidera esto, va a remolque. Nos encontramos en la situación más grave para la democracia desde el 23-F. El discurso tan sectario de Forcadell, la persona que representa a todos los parlamentarios, resulta inconcebible. Hay dos millones de personas movilizadas y un parlamento que ha advertido de que no van a aplicar las leyes. A alguien se le va a ir la olla y saltará la chispa. Lo que busca el nacionalismo es dar la mayoría absoluta a Rajoy, porque es lo que les interesa para mantenerse vivos. Un presidente conciliador les perjudica. No quieren sentarse a dialogar para llegar a acuerdos”, explica un destacado miembro del PSC que no daba crédito a lo que escuchó en directo el día 26, y que añade con ironía: “Cuelgo, que nos deben estar cobrando el roaming“.

La desconexión ha comenzado. Pero al ciudadano, la respuesta de bancos y emblemáticas empresas catalanas con intereses nacionales no le va a llegar hasta que la situación política toque techo. “El problema es que la clase empresarial es muy cobarde. En privado no dudan en llevarse las manos a la cabeza y hablar sobre cómo parar el disparate o de cómo salir indemne. Antes de que se noten sus movimientos, va a reventar todo”, apunta un político catalán que mantiene estrechas relaciones con el poder económico en Cataluña.

La calma de las fuentes económicas de Convergència contrasta con los nervios entre los medios próximos a la banca y entre políticos socialistas o de Ciudadanos, convencidos de que dos meses -o siete semanas- pueden ser tremendos. “Si con suerte no hay ningún incidente de orden público ni ningún enfrentamiento, lo que no van a poder parar, y sólo podremos evaluar dentro de tiempo, es la fuga de capitales, que a estas alturas ya se debe de estar produciendo, aunque nos lo oculten. Por mucho que la banca se explique fuera, ya sea en la City londinende o en Wall Street, el dinero es miedoso. Y lo asombroso es que todo este proceso se esta produciendo sin un Gobierno firme y con un Mas acosado por la corrupción y en funciones”, apunta un economista catalán de izquierdas, hoy sospechoso para los independentistas.