Por Javier C. Hernández / New York Times News Service

Karla Cabrera, abogada de 29 años de edad en Ciudad de México, se emocionó cuando encontró una “Introducción al pensamiento de Mao Zedong”, curso en línea sobre el líder revolucionario de China. Ella tiene pasión por la historia china, y esperaba que la clase arrojara luz sobre las brutales batallas políticas que tuvieron lugar bajo el dominio de Mao.

Pero, cuando Cabrera empezó a ver las conferencias sobre edX, popular plataforma de educación en línea perteneciente a Harvard y el Instituto Tecnológico de Massachusetts, se sintió decepcionada.

Cada clase abría con un patriótico video montaje. Era mínimo lo que se decía sobre los errores de Mao, restringido a la línea del Partido Comunista. El catedrático, miembro de la facultad en Tsinghua, una de las universidades más prestigiosas de China, parecía impaciente por imitar al mismo Mao, vistiendo traje sin cuello y refiriéndose al maoísmo como una “bala mágica para el partido.

“Fue como ver propaganda”, dijo Cabrera en una entrevista telefónica. “Sólo te decían lo que ellos querían que supieras”.

A medida que China busca extender su influencia global, se ha esforzado más de la cuenta en años recientes por promover su cultura y valores en el extranjero, erigiendo vastas operaciones mediáticas fuera de su territorio y abriendo cientos de puestos de avanzada del lenguaje y la cultura.

Ahora está recurriendo a una nueva herramienta: educación en línea, industria de crecimiento acelerado que promete acceso a millones de estudiantes y la aprobación de algunas de las instituciones más renombradas del mundo.

Cuando “Introducción al pensamiento de Mao Zedong”, enseñada por Feng Wuzhong, hizo su debut el mes pasado, rápidamente encontró un gran público, atrayendo alrededor de 3,100 estudiantes de 125 países, incluidos más de 700 de Estados Unidos.

El curso es uno de más de 100 ofrecidos en edX y otras de las principales plataformas educativas por parte de universidades del territorio continental chino. Hay clases de filosofía, arquitectura y ciencia informática, pero también un puñado sobre temas considerados delicados en China, como relaciones internacionales o derecho, en los cuales los profesores chinos deben adherirse a las opiniones del partido.

Apuntando a expandir sus ofertas y captar un público global, algunas universidades chinas están invirtiendo cientos de miles de dólares en sofisticados videos y traducciones. Están aconsejando a instructores que abandonen los estilos sosos de conferencia.

Además, están asesorando a profesores sobre la manera de lidiar con estudiantes extranjeros, diciéndoles que acojan de buena gana la discusión y la disensión.

Sin embargo, esta campaña enfrenta considerables desafíos, más notablemente convencer a estudiantes extranjeros de que sus cursos son cautivantes intelectualmente y rigurosos, pese a los estrictos límites de China sobre la libertad académica. Además, pone a proveedores de educación en línea en una difícil posición, obligándolos a lograr un equilibrio entre conservar la libertad académica y mantener altos estándares para miles de cursos.

Yong Zhao, profesor de educación en la Universidad de Oregón, comparó el impulso de China en educación en línea con sus esfuerzos por construir una base internacional de seguidores para su red de noticias insignia, CCTV, a lo largo de la década pasada.

“China ha estado del lado receptor de la educación durante largo tiempo, y ahora tiene una gran oportunidad”, dijo Zhao.

“La cuestión radica en saber, ¿puede realmente llegarle a cualquiera? ¿Tiene las mismas credenciales, calidad y autenticidad?”

Bajo el Presidente Xi Jinping, universidades chinas han enfrentado enorme presión para armar programas que rivalicen con aquéllos de las grandes instituciones de Occidente. Al mismo tiempo, funcionarios gubernamentales han exhortado a universidades a que promuevan valores chinos, desalentando para dicho fin el uso de libros de texto de Occidente, por ejemplo, y ofreciendo más cursos sobre pensadores del tipo de Confucio y Marx.

Para muchas universidades, la educación en línea suministra una forma de lograr esos dos objetivos.

“Poner cursos en plataformas internacionales puede ayudar a promover la cultura china”, dijo Shi Xuelin, quien supervisa el programa en línea para Tsinghua. “Esto también contribuye a darle impulso a la reputación de la escuela”.

Las principales universidades de China han forjado vínculos con varios proveedores a la cabeza en educación en línea con base en Estados Unidos, incluyendo edX y Coursera, para llevar sus ofertas a millones de usuarios, uniéndose a las filas de escuelas como Columbia, Princeton y Yale. Los cursos son gratis por lo general, aunque algunas facultades ofrecen la opción de pagar una cuota por un certificado de aprovechamiento. Los cursos de chino típicamente se imparten en mandarín con subtítulos en inglés.

La Universidad Xi’an Jiaotong proporciona un curso de filosofía china. La universidad de Nanjing ya lanzó una clase sobre la diáspora judía en China. La Universidad Jiao Tong de Shanghái está promoviendo un curso de medicina china y cultura tradicional.

Durante el verano, Tsinghua presentó un curso de política y economía de China titulado: “¿Se alzará China como una fuerza disruptiva? Perspectiva de los enterados”.

Cuando edX se acercó a Tsinghua con respecto a ofrecer una clase sobre héroes de la cultura china, funcionarios universitarios sugirieron un curso sobre Mao y socialismo, requisito en universidades chinas que muchos estudiantes aborrecen por sus frágiles pronunciamientos sobre el pensamiento del partido. El curso no es sobre la vida de Mao, sino más bien sus teorías políticas, una forma de marxismo que el partido honra como ideología rectora, pero de la cual la mayoría de los chinos, incluidos funcionarios, hacen caso omiso prácticamente por considerarla irrelevante.

Feng concibió una versión condensada de ese curso, dividida en cuatro capítulos que abarcan temas como el marxismo y la teoría revolucionaria. El curso en línea suministra un foro de discusión. Se aplican pruebas con regularidad. Quienes aprueban reciben un certificado de aprovechamiento.

Varios estudiantes dijeron que el curso les había parecido de mentalidad cerrada, agregando que solo abordaba superficialmente aspectos más polémicos del mandato de Mao, como la hambruna causada por el Gran Salto Adelante y el caos de la Revolución Cultural.

“Era demasiado ideológico, con muy poca autocrítica”, destacó Scott Drucks, de 65 años, estadounidense ya retirado que vive en Hong Kong.

De cualquier forma, algunos dijeron que lo consideraban iluminador. Asher de Sadeleer, de 25 años, estudiante de Países Bajos, dijo que había obtenido una mejor comprensión de por qué Mao es reverenciado en China.

“Obtuve una perspectiva más matizada y plena sobre Mao Zedong, quien sigue siendo un prominente personaje histórico, sea que te caiga bien o no”, escribió en un mensaje de correo electrónico.

Todo parece indicar que el curso en línea es más popular entre estudiantes chinos, quienes dicen que gozan de leer las reacciones de estudiantes extranjeros en los foros de discusión.

“Seguro, pudiera ser un tanto propagandístico, pero es algo que se enseña en cada escuela de China”, dijo Xie Xinyan, de 27 años de edad, estudiante de medicina en Tianjin. “Más universidades chinas deberían ofrecer estos tipos de cursos porque eso le da al mundo una ventana hacia China”.

EdX defendió la clase, diciendo que no interferiría en el contenido de un solo curso, siempre y cuando no fuera ilegal u ofensivo. En una declaración, el director ejecutivo de edX, Anant Agarwal, se refirió a Tsinghua como “una de las principales instituciones académicas del mundo”.

Un portavoz de Harvard se negó a discutir la cuestión, en tanto el Instituto Tecnológico de Massachusetts no respondió a peticiones para comentar al respecto.

Al ir en pos de la educación en línea de manera decisiva, la dirigencia china al parecer está impaciente por reproducir el éxito de Estados Unidos, que ha derivado influencia largamente de educar a cientos de miles de estudiantes extranjeros cada año en campus estadounidenses.

Joseph S. Nye, académico de relaciones internacionales en Harvard que desarrolló el concepto de “poder suave”, dijo que el éxito de China dependería de si era capaz o no presentar cursos de una manera que ofreciera un genuino intercambio de ideas.

“La propaganda más efectiva no es la propaganda”, destacó.