Associated Press

Médicos Sin Fronteras (MSF) estimó el jueves que el bombardeo estadounidense que dejó 30 muertos en un hospital de Kunduz, en Afganistán, el pasado 3 de octubre, procuraba “matar y destruir”.

En un informe presentado en Kabul, MSF asegura que no había ningún combatiente armado en el establecimiento cuando tuvo lugar el ataque.

Los bombardeos se iniciaron “entre las 2:00 y las 2:08 de la mañana” y duraron aproximadamente una hora, indica MSF en este documento.

“El hospital estaba en plena actividad”, atendiendo a víctimas de los enfrentamientos entre rebeldes talibanes y militares afganos por el control de Kunduz, una importante ciudad del norte del país.

Para Christopher Stokes, director general de MSF, el bombardeo procuraba “matar y destruir”, como lo demuestran los disparos, probablemente desde un avión, “(contra) gente que intentaba huir del hospital”.

“Un empleado de MSF fue decapitado por esquirlas proveniente de los bombardeos”, según el documento.

El general estadounidense John Campbell, jefe de la misión de la OTAN en Afganistán, reconoció que se trató de un bombardeo llevado a cabo por Estados Unidos, pero afirmó que lo había pedido el ejército afgano. Este último indicó estar convencido de que había talibanes escondidos en el edificio.

MSF afirma que sus equipos habían transmitido las coordenadas exactas del hospital tomadas por un GPS a los ejércitos afgano y estadounidense antes del bombardeo y que le avisó a los estados mayores en cuanto cayeron las primeras bombas.

La ONG agrega que a las 2h52 recibió un SMS de un responsable de la OTAN que decía “lamentar” el bombardeo del hospital. Siete minutos después, otro responsable de la OTAN decía que haría “todo lo posible”, agregando: “Rezo por ustedes”.

Actualmente se están llevando a cabo tres investigaciones, una estadounidense, una afgana y una de la OTAN. No obstante, en el preámbulo del informe, Joanne Liu, la presidenta de MSF, pide nuevamente que una “comisión internacional humanitaria” investigue lo ocurrido.