DraTeresaDaCunhaLopesPor Teresa Da Cunha Lopes

Morelia, 7 de noviembre 2015.-En Noviembre del 2011 publiqué una columna periodística* al momento del aniversario de la Revolución de Octubre, con un título – La Revolución de Octubre: el pasado de una ilusión –  que, si bien hacía una referencia directa a la obra de François Furet, por otro lado era un reconocimiento directo de que todos nosotros,  y el actual tablero geopolítico, somos herederos directos de los nuevos equilibrios de fuerzas y dinámicas internacionales introducidas un 7 de noviembre del 1917 por los sovietes y el partido bolshevik de Lenin.

Pero del 7 noviembre del 1917 al 7 de noviembre del 2015, los movimientos del tablero geopolítico han sido tan complejos y, por veces tan violentos, como la historia vivida por el pueblo ruso a lo largo de estos 98 años.  Sin embargo, los eventos de ese 7 de noviembre del 1917 son la tela de fondo sobre la cual se construyó la historia del siglo XX y, si bien hoy parecen estar diluidos sus efectos todos nosotros somos “herederos de la revolución de octubre y de la Coca-cola”.

En esa madrugada del 7 de noviembre del 1917, un régimen imperial y autocrático agonizaba, en los bastidores de un pueblo destrozado por políticas represoras internas  y derrotas militares en las trincheras de la Ia. Guerra Mundial.  Hoy, después de los años de transición y de recomposición , post  caída del Muro de Berlin en el 1989, Rusia busca afirmación sobre el tablero geopolítico, en que los frentes visibles son la creación de seguridad , con la zona-tampón  de Georgia y de Ucrania, y la manutención de la zona de influencia en el Oriente Medio, centrada en la defensa del régimen de Damasco. Pero, si Putin se ha ganado a pulso el reconocimiento de todos aquellos que odian al carácter civilizador del derecho internacional, destruyendo uno a uno sus pilares y en total desprecio por sus principios, lo único que ha demostrado, también son los límites y deficiencias de lo que he llamado en una columna anterior :” las debilidades de la estrategia del pitbull” (Ver “Ucrania: Las debilidades de la estrategia del “pitbull”  ).

Sin embargo, uno de los rasgos interesantes de un análisis panorámico desde el 7 de noviembre del 1917 al 7 de noviembre del 2015 , es que  de una forma inesperada y paradójica, los elementos estructurales que debilitaban la Rusia Imperial son los elementos que debilitan la Rusia de Putin: fragilidad económica y represión interna política.

En otro momento, en otra columna sobre la intervención de Putin en Siria he escrito que  como dice el dicho árabe, la respuesta a la pregunta “¿qué te lleva al peor?” es: “lo peor de lo peor.” En el momento presente es evidente que “lo peor de lo peor” para los sirios es Assad y que Assad estaba en lo cierto cuando dijo que era diferente de los demás. Diferente de los demás tiranos porque él es el protegido de Rusia (el único que no ha sido abandonado por Moscú) – el mismo país que violentamente ha reprimido la rebelión en Chechenia, pero que se coloca en “liberador “ en Siria. Si Stalin solía ser llamado el libertador de naciones, Putin tendrá que conformarse con el más modesto apodo: “el libertador de los tiranos” ( Leer “Siria.El Silencio de los lobos”   )

¿Pero cómo llegamos hasta aquí? ¿Como llega Rusia hasta Putin? Nuestra historia de hoy, empieza en una mañana del 7 noviembre del 1917, pasa por el derrumbe del muro de Berlín en el 1989, por la “reconquista de Crimea” el año pasado y por la tentativa de reconstrucción “imperial ” de la nueva oligarquía rusa cuya face visible es Putin.  Es un círculo, no totalmente cerrado, pero en que la historia se repite y, en la cual el grande, el magnifico pueblo ruso no ha podido acceder a las libertades comúnmente aceptadas de una democracia plena.

Entiendo, entonces esa nostalgia del alma eslava y reconozco toda mi admiración por la fuerza de su resistencia. Pero, a que precio, a que precio histórico y en vidas humanas deben su autonomía lo sabemos hoy a través de obras fundamentales como el “Archipelago Gulag” de Aleksander Solzhenitsyn.url-1

Nunca vencidos por fuerzas externas, siempre sometidos internamente. Parafreseando al límite la frase de Hobbes “homo homini lupus” yo diría  que en la historia rusa, “los líderes han sido el lobo del pueblo ruso”.

La historia de Rusia en el siglo XIX nos descubre un país atrasado, con unas estructuras políticas y estatales rígidas, de espaldas a los movimientos liberales que se consolidan en el resto de Europa. La derrota zarista en la guerra de Crimea, a mediados del siglo XIX, obligó a poner en marcha algunos cambios. Las reformas emprendidas decretaron la abolición de la servidumbre, lo que posibilitó la aparición de una mano de obra que tendría gran importancia en el desarrollo industrial posterior.

url-2Sin embargo, la apertura política, lejos de llevarse a cabo, se evitó por todos los medios, radicalizando más, si cabe, a los pequeños grupos de oposición revolucionaria, especialmente anarquistas y marxistas. La industrialización, comenzada en 1890, trajo consigo la aparición de una clase industrial que reivindicó las ideas liberales, pero que olvidó la miseria del nuevo proletariado retratada magistralmente por Gorki, en la novela “La Madre”.

De este modo, la revolución de 1905, inmortalizada por Serguei Eisenstein en la película “El Acorazado Potemkin”, enfrentó a la anticuada autocracia zarista (la vieja nobleza, el ejército y la Iglesia Ortodoxa) con los dos nuevos grupos formados en los últimos años del siglo XIX, siendo un movimiento reivindicador impulsado por los valedores de las ideas liberales y, a la vez, una revuelta obrera y campesina.url-3

Una serie de concesiones liberales, como la creación de un Parlamento (la Duma) tranquilizaron a la clase urbana; y la formación del primer soviet de diputados de San Petersburgo relajó los ánimos en las clases más desfavorecidas.

En febrero de 1917, en plena guerra mundial, la situación volvió a repetirse. En esta ocasión las protestas sólo se detuvieron en la abdicación del Tsar Nicolás II. De nuevo el frente fue doble: un Gobierno provisional de corte liberal acabó con el poder de la autocracia y reconstruyó el soviet de 1905.

A partir de la revolución de febrero regresaron numerosos revolucionarios al país, entre ellos Lenin, quien dedicó sus esfuerzos a analizar la situación y preparar la definitiva revolución. En sus “tesis de abril” definió los acontecimientos de febrero como una revolución burguesa que daría paso a una revolución socialista. El triunfo de la revolución de octubre terminó todo un periodo de entusiasmo transformador, de agitación social, de movimiento de masas, de creación continua de soviets locales. Supuso la ruptura con el Gobierno liberal y el comienzo del Estado socialista.

La línea de tiempo de la Revolución de Octubre (25 de octubre, según el calendario juliano, que se encontraba aún en uso en Rusia en esa época; 7 de noviembre según el calendario gregoriano, adoptado a partir de 1918) es un modelo clásico de golpe de estado. Lenin, recién llegado del exilio al inicio del año, antepuso como primera labor la construcción del Estado socialista proletario.

urlEn la madrugada del 25 de octubre de 1917, el líder bolchevique, Lenin, llegó a la sede del Sóviet de Petrograd, intensificándose entonces las acciones del Comité contra el gobierno provisional de Kerensky, abandonándose toda referencia a la pura defensa de la revolución y adoptando medidas para crear un nuevo gobierno revolucionario antes de la apertura el mismo día del Segundo Congreso Nacional de Consejos.A las 2 de la madrugada tropas del Comité ocupaban la Estación Nikolaievsky y la estación eléctrica de la ciudad. El puente Nikolaievsky fue capturado poco después.A las 6:00 se ocupaba en Banco Estatal y a las 7 caía la central telefónica.A las 8 el Comité capturaba la última gran estación de ferrocarril, la de Varsovia.A las once de la mañana, ante la situación desesperada en la capital, Kérensky abandona la ciudad camino del frente con el objetivo de reunir tropas leales que aplasten la revuelta, ya victoriosa en Petrograd.

En su mayor parte, la revuelta en Petrograd se efectuó sin derramamiento de sangre. Las tropas dirigidas por los bolcheviques, se hicieron con los principales edificios gubernamentales donde encontraron poca oposición antes de lanzar un asalto final sobre el Palacio de Invierno durante la noche del 7 al 8 de noviembre y capturar la familia imperial.

Tras disolver la Asamblea Constituyente, convocada por el Gobierno provisional con anterioridad a la revolución de octubre, se aprobó la creación de la República Soviética Socialista Rusa y comenzó la elaboración de una Constitución que fue presentada en julio de 1918. Su principal tarea era la de establecer la “dictadura del proletariado urbano y rural y del campesinado pobre”, justificada como un instrumento provisional para “establecer progresivamente el socialismo, en el que no habría ni división de clases ni poder estatal”. La articulación de la dictadura del proletariado la realizarían los soviets; las opciones de política económica , la “Novaya Ekonomicheskaya Politika” del 1924 .

La disputa sobre si debía predominar el poder de los soviets o de los niveles superiores de la estructura soviética fue resuelta a favor de estos últimos a través del principio del “centralismo democrático”: la fuente del poder eran los soviets, mientras que su ejercicio correspondía al Congreso de los Soviets de Rusia y a su Comité Ejecutivo Central.

La necesidad de vencer en la guerra civil que siguió a la revolución tuvo un tremendo coste material, humano y político para los bolcheviques. Una vez finalizada la misma se procedió a organizar el sistema político más allá de los principios constitucionales que, en ocasiones, poco tenían que ver con la realidad. En 1922, las repúblicas rusa, ucraniana, bielorrusa y transcaucásica firmaron la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y determinaron la elaboración de una nueva Constitución, que sería finalmente aprobada en 1924. Este nuevo texto definía mejor la nueva organización territorial, que se caracterizaba por su complejo sistema de autonomías y por la desigualdad existente entre los distintos miembros que la integraban: repúblicas federadas, repúblicas autónomas y regiones autónomas.

La organización estatal, pese a estas reformas, fue modificada apenas superficialmente al extender los órganos de la República Federal de Rusia al resto del Estado federal. Es más, se avanzó hacia mayores cotas de centralismo político al crearse el Presidium del Comité Ejecutivo Central y destacar por encima del mismo su presidente, que en la práctica ejercía funciones de jefe de Estado.

Tras la muerte de Lenin se enfrentaron dos concepciones distintas del modelo de Estado. La victoria de Stalin supuso el exterminio de toda oposición a su figura, acabó con la presencia de formas de economía privada, puso en marcha los planes de planificación centralizada, agudizó el aislamiento internacional y fijó, como uno de los objetivos principales, el fortalecimiento del Estado.

La construcción del socialismo en un solo país y el refuerzo estatal quedaron reflejados en el texto constitucional de 1936. En él se recogieron los principios económicos y sociales del Estado socialista configurado por Stalin. Entre ellos destacan la propiedad socialista de los bienes de producción (estatal o de los koljoses- cooperativas-), la planificación estatal y el seguimiento del principio “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo”. Como novedad, la Constitución de 1936 incluía el reconocimiento efectivo del Partido Comunista como guía del Estado.

Pero en realidad, esta medida tan sólo venía a recoger legalmente la situación existente desde 1921, cuando fueron eliminadas el resto de organizaciones políticas. Mayores fueron las reformas institucionales, que consistieron principalmente en la fusión del Congreso de los Soviets y del Comité Ejecutivo Central en un nuevo órgano: el Soviet Supremo de la URSS. Poco suponían, sin embargo, para un régimen personalista y sometido por el terror estalinista, sustentado en la idolatría y las continuas purgas indiscriminadas. Pero, que también supo hacer frente a la invasión hitleriana, de nuevo a costa de sacrificios heroicos del pueblo ruso, cuyo símbolo de resistencia hasta el límite de lo imaginable fue  Estalinegrado.

downloadEl periodo conocido como el deshielo, tras la muerte de Stalin, trajo consigo una tímida apertura y una pequeña liberalización del régimen a medio camino entre el reconocimiento de las atrocidades cometidas y la necesidad de articular cambios indispensables para la supervivencia del propio régimen. En realidad, el desajuste entre el sistema político y el texto constitucional hacía recomendable, por mera coherencia interna, una transformación profunda de la Carta Magna. En 1962 comenzó el trabajo para la elaboración de una nueva Constitución, proceso que se vio frenado tras la caída de Jruschov.

La llegada de Brezsniev dio paso a un periodo caracterizado por el inmovilismo económico, el atraso tecnológico, el crecimiento del gasto y de las dimensiones del sector militar, y por la intensificación de la presencia internacional. Hasta 1972 no se reemprendió el proyecto de elaboración del nuevo texto constitucional. Además de su pertinencia, la elaboración de la nueva Constitución permitiría su utilización como propaganda internacional, así como la inclusión de los derechos humanos suscritos por la URSS tras los acuerdos de Helsinki. De todas formas, la nueva Constitución, aprobada finalmente en 1977, no modificó sustancialmente la estructura estatal fijada en el texto anterior de 1936. Una vez más se hacía referencia al objetivo final del Estado soviético: su propia disolución. Paradójicamente, en cada uno de los cuatro textos constitucionales soviéticos, la presencia estatal fue en aumento.

A pesar de las reformas, el sistema soviético comenzaba a dar señales de lo que luego resultó ser una enfermedad incurable. En 1982 murió Brezsniev, siendo sustituido por Andropov y, tras su fallecimiento, por Chernienko. Tras la muerte de éste, en 1985, fue elegido Gorbachov secretario general del PCUS, en un momento en que la imparable crisis hacía evidente la necesidad de introducir cambios en el sistema. Fue el periodo conocido como perestroika (reestructuración), que trajo consigo grandes cambios al relajarse la política exterior, liberalizarse la economía y ganar en apertura política informativa.

yeltsin2Los siguientes años, hasta la desaparición en 1991, fueron años de una lucha descarnada entre dos grandes proyectos, uno que formalmente apostaba por la democracia y el capitalismo, representado por un Boris Yeltsin que pretendía la aceleración de las reformas; y otro de corte conservador, dispuesto a todo con tal de preservar los privilegios alcanzados. Las modificaciones del Estado se reflejaron en las continuas reformas constitucionales llevadas a cabo, entre las que destacaron la celebración de unas elecciones semi-democráticas y el fin del monopolio del PCUS en el sistema político. A partir de este momento, la inevitable y progresiva profundización en los cambios agrandó la distancia entre las posturas intensificando su radicalización a favor o en contra de las reformas.

La oscilación de Gorbachov entre un grupo y otro, la presión nacionalista y el empeoramiento de la situación económica terminó concitando la oposición a su figura, que tuvo su máxima expresión en el golpe de Estado de 20 de agosto de 1991, cuyo fracaso aceleró vertiginosamente los cambios haciendo inevitable la desaparición de la Unión Soviética y la implosión del imperio comunista. Seguida de un período que osciló entre la euforia popular por la libertad y el torpor etílico de la transición liderada por la camarilla kremliana de Boris Nikolayevich Yeltsin . De nuevo el pueblo ruso soñó y de nuevo sus aspiraciones fueron pisoteadas desde el interior.

Hoy, contrariamente al análisis generalizado, Rusia no se encuentra en un momento de reconstrucción del antiguo imperio soviético, porque su imagen de fuerza en la escena internacional es un espejismo. En la realidad su estrategia de “pitbull” esconde debilidades estructurales y geopolíticas profundas.

Es bien verdad que Rusia posee un territorio extenso y autoritariamente controlado desde el centro. Pero este vasto territorio tiene una población que es menor en 30 % a la de la UE y su poder económico es insignificante en comparación con la UE. La participación de Rusia en la economía mundial es del orden de 4 %; la de la UE, el 23% .

O sea, seamos concretos, no es la nostalgia por el imperio soviético perdido ( la “interpretación” popular entre los medios de comunicación occidentales), que motiva a Vladimir Putin a crear la “Unión Euroasiática”, si el constatar la existencia de una competencia directa de una Unión Europea, que ahora puede desarrollar una actuación conjunta, una política exterior y de defensa comunes, y que, si bien, introduzco un equilibrio al poder militar y a la intervención estadounidenses, lo hace en un cuadro de alianza atlanticista con los propio EUA.

imagesFrente a esta amenaza directa, Putin arriesga, con la anexión de Crimea, el reposicionar en primer plano la cuestión de ¿ cómo evolucionarán las relaciones entre Rusia y Turquía y de éstas con la Grecia y con la Armenia, elemento que pesa y condiciona toda la evolución de los Balcanes, del Mar Negro, del Caucaso y de la Asia Central?

¿Es este es un riesgo calculado de Putin, a partir de un contexto de relativa parálisis de la potencias emergentes ? Puede ser, pero su alcance, por ejemplo, en el caso de la intervención siria es limitado. En este contexto preciso, la intervención militar rusa en Siria ( leer mi artículo “Un mini-estado alauita para Assad”), no es una situación en que los rusos pueden ganar todas las partidas ni en que Putin detiene todas las cartas. Lo único realizable es la fragmentación de Siria y la creación de un mini-estado alauita.

Discurso-de-Putin-sobre-Crimea_54403204130_53699622600_601_341Es bien verdad que Putin tiene un cierto margen de maniobra porque China, India e Irán están absorbidas por problemas internos de estabilidad de los respectivos regímenes o con agendas de reforma económica de integración que las llevan a tomar comportamientos de contención. Tal ha  permitido a Putin un breve período de maniobra en el frente occidental.  Sin embargo, la verdadera razón que llevó a la intervención  directa  de Putin en Siria fue la necesidad de  enfrentarse al problema de mantener operaciones encubiertas masivas en diversas regiones, con prioridades y objetivos diferentes, posición que era ya insostenible dado lo difícil que es identificar los planes militares de enemigos que “mutan”, que no se identifican con estados, que no están contenidos al interior de fronteras definidas.  Lo todo, ampliado por la velocidad vertiginosa de los acontecimientos sobre el terreno que colocaban un plazo límite para una presencia rusa, frente al creciente intervencionismo de los países de la OTAN y al nuevo contexto creado por el pacto nuclear con Irán. Putin tenía una pequeña puerta entreabierta. La tomó.