Editorial New York Times

El apoyo para legalizar la mariguana es cada vez mayor alrededor del mundo, y eso es algo positivo. A principios de la semana pasada la Suprema Corte mexicana abrió una vía para legalizar la droga dándoles a cuatro demandantes el derecho de cultivar cannabis para su uso personal.

En Canadá, el recién declarado primer ministro, Justin Trudeau, ha dicho que tiene la intención de cambiar la ley para que las personas puedan utilizar la droga de manera recreativa; su uso medicinal ya es legal en dicho país. Y en Estados Unidos, el senador Bernie Sanders, de Vermont, quien va por la nominación demócrata por la presidencia, recientemente presentó un proyecto de ley que permitirá a los estados decidir si quieren legalizar la droga sin tener que preocuparse de quebrantar la ley federal.

Las leyes que prohíben el cultivo, distribución y posesión de la mariguana han ocasionado un tremendo daño a la sociedad, con miles de millones de dólares destinados al encarcelamiento de personas por violar leyes demasiado severas que en realidad no tienen ningún sentido. Aun así, las investigaciones muestran que la mariguana es menos dañina que el alcohol y el tabaco, y que puede ser utilizada para tratar ciertas condiciones médicas, como el dolor crónico.

El fallo de la Suprema Corte mexicana, el cual aplica únicamente a los cuatro demandantes que querían el derecho para cultivar mariguana, no anula las leyes del país en torno a la mariguana. Pero sí abre una vía para más impugnaciones legales con las que se presionará al presidente, Enrique Peña Nieto, y al Congreso mexicano para que modifiquen la ley, la cual ha ayudado a que la delincuencia en el país, relacionada con el narcotráfico, se intensifique.

La prohibición en México y en otros lugares del continente también será difícil de mantener si los votantes de California legalizan el uso recreativo de la mariguana. Los activistas en dicha entidad quieren que ciertas iniciativas a favor de la legalización sean puestas a votación para 2016. California fue el primer estado que permitió el uso de la droga con motivos medicinales en 1996, y es un gran mercado para la cannabis ilegal mexicana. Tendría poco sentido que México gastara incontables millones de dólares al año en el control de las drogas para prohibir la substancia que ya sería legal y estaría regulada a lo largo de toda la frontera norte hasta la costa occidental de Canadá. Oregon y Washington ya legalizaron la droga, al igual que Colorado, Alaska y el Distrito de Columbia.

Algunos partidarios de la prohibición podrían sentirse alentados por la desestimación el martes pasado de una iniciativa para la legalización de la mariguana en Ohio. Pero los votantes hicieron lo correcto al rechazar la medida debido a que ésta hubiera creado un monopolio de cultivo y venta legal de mariguana controlado por un pequeño grupo de inversionistas. Incluso el administrador en turno de la Administración Antidrogas (DEA), Chuck Rosenberg, quien se opone a la legalización, describió la medida puesta a votación como una “anomalía”. (Rosenberg también dijo que la mariguana era “dañina y peligrosa” pero reconoció que otras substancias peligrosas son “perfectamente legales”).

Lo que se necesita ahora es del liderazgo del presidente Barack Obama y del Congreso. Deben considerar seriamente el tipo de legalización que Sanders propone. Su proyecto de ley eliminará a la mariguana del Formato I de la Ley de Substancias Controladas, en el que se incluyen las drogas que tienen un alto potencial de abuso sin ningún uso médico.

Tal cambio permitirá a los estados, si así lo desearan, legalizar la droga y regularla sin los límites impuestos por la ley federal. El proyecto de ley de Sanders también hará que sea ilegal que la droga sea transportada a través de las líneas estatales. Si el Congreso no está dispuesto a actuar, Obama deberá actuar por su cuenta ordenándole al procurador general a que solicite un estudio a la secretaría de servicios humanos y de salud, el cual será necesario si la administración decidiera eliminar la droga del formato I.

Un creciente grupo de activistas, jueces y legisladores le está mostrando al mundo un camino rumbo a políticas más sensatas con respecto a esta droga. Obama y el Congreso deben unirse a ellos.