WSJ. es/ Por AARON BACK

Japón está nuevamente en recesión. La situación no es terrible, pero una inversión corporativa débil es una señal de advertencia importante a la que los inversionistas deberían prestar atención.

El Producto Interno Bruto de Japón cayó una tasa anualizada de 0,8% en el trimestre que finalizó en septiembre, frente al mismo periodo de 2014, el segundo trimestre de contracción consecutivo. Puede ser que esto exagere la extensión de la debilidad, ya que fue arrastrado por una reducción de los inventarios. Las empresas japonesas tienen que intensificar pronto la producción para volver a acumular inventarios, lo que debería abrir el camino para un repunte.

Sin embargo, los datos resaltan cuan vulnerable sigue siendo Japón a los bajones. Su tasa de crecimiento potencial a largo plazo, que los economistas estiman es de apenas casi 0,5%, significa que la economía está básicamente siempre al borde de la recesión. La población japonesa en edad productiva se está reduciendo en casi 1% al año y eso es un lastre poderoso.

Un crecimiento potencial débil explica por qué las empresas dudan a la hora de invertir en el futuro. Una de las lecturas más débiles en los datos del tercer trimestre fue la inversión privada no residencial, lo que principalmente refleja los gastos de capital de las empresas. Esta medida cayó 1,3% frente al trimestre previo, o a una tasa anualizada de 5%.

A menos de que las empresas crean que la perspectiva a largo plazo está mejorando, seguirán acumulando efectivo en lugar de gastar en fábricas nuevas o cosas similares.

Elevar la tasa de crecimiento potencial es por lo tanto la tarea más crucial para el primer ministro Shinzo Abe. Existen realmente dos formas de hacer esto: aumentar el tamaño de la fuerza laboral o elevar la productividad por trabajador.

Japón ha dado pocas señales de permitir más inmigración, la forma más fácil de expandir la fuerza laboral. Abe merece el crédito por presionar para que más mujeres trabajen. Japón tiene ahora un mayor porcentaje de mujeres en edad productiva que trabajan que Estados Unidos o Europa. Pero muchas de estas mujeres tienen empleos de medio tiempo con menos potencial de ascender.

Impulsar la productividad es incluso más difícil. Nuevamente Abe merece crédito por ejercer presión sobre el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por su siglas en inglés), que ayudará a la productividad al abrir sectores internos escleróticos a la nueva competencia. También se necesitan reformas para flexibilizar el mercado laboral de modo que los trabajadores puedan pasar a industrias o empleos en los que sus habilidades se necesitan más.

Si el crecimiento sigue decepcionando, el Banco de Japón seguirá sintiendo la presión para flexibilizar más su política monetaria. La proyección oficial del banco central, de que el PIB se expandirá 1,2% en el año fiscal que termina en marzo, ya se ve poco probable.

Pero el Banco de Japón ha argumentado desde hace tiempo que no puede hacer el trabajo por sí solo y que necesita la ayuda del gobierno con una reforma estructural. Con Japón sumido en su segunda recesión en dos años, los inversionistas deberían esperar que Abe reciba el mensaje.