El doble juego de Turquía

Por Teresa Da Cunha Lopes

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Casi nunca estoy de acuerdo con Putin, pero en el caso del derribo del caza ruso por el gobierno turco de Erdogan, concuerdo que es (y lo cito) “una puñalada en la espalda”. Yo iría más lejos y lo describiría como una escalada en la doble agenda política y engaño de Erdogan.

Es bien verdad que Turquía es, bajo de un punto de vista del derecho internacional, un país miembro de la OTAN, pero tengo dudas ( no seré la única) de que una Turquía gobernada por Erdogan esté , realmente, en consonancia con las prioridades geoestratégicas de la lucha contra el Daesh (EI).

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El derribo del caza ruso es un acto gratuito de la parte de Erdogan provocado por la neurosis de Ankara por controlar un área de”tiro libre” sobre los kurdos, aún y cuando bajo la justificación de la soberanía sobre su espacio aéreo, pueda ser “legal”. Esa “neurosis” turca se ha manifestado en los ataques sistemáticos contra las posiciones de los kurdos -los únicos combatientes que sobre el terreno frenan el avance de los yihadistas – ataques que no son solo son criminales, si no también contraproducentes para la estrategia de los países de la OTAN en la zona.

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Creo que no estaríamos lejos de la realidad, al afirmar que existe, por parte de Turquía un doble juego. Doble juego que ha sido comentado por diversas fuentes y que se plasma en una “complicidad” de Turquía con los yihadistas al mantener flujos de reabastecimiento del Daesh, a través de sus fronteras y de su “reticencia” en unirse a la coalición contra los feudos del EI .

Por un lado, la política de Erdogan pasa por hacer la vista gorda a los esfuerzos realizados por el Estado Islámico de consolidar su fuerza a través de la frontera turca, incluyendo el reclutamiento entre los grupos más conservadores turcos,  el pasaje de militantes radicales para Europa y el refinanciamiento del terror a través del intercambio de materias primas,drogas, medicinas y armas usando la “porosidad” de la frontera turca,  rompiendo con las resoluciones del Consejo de Seguridad, por ejemplo, sobre la prohibición de compra del petróleo a los islamistas.

Por otro lado, Erdogan vende información de inteligencia a los europeos y acepta dificultar el paso a los refugiados, para conseguir propuestas  internacionales, respaldadas por la UE, que podrían ofrecen al gobierno de Ankara una amplia gama de beneficios, incluyendo  millones de euros y una exención de visado a cambio de esta “colaboración”.

No rechazo ninguno de estos argumentos, ampliamente debatidos por diversos especialistas y columnistas.Sin embargo, en mi opinión el doble juego de Turquía está más cercano a un problema interno que ha, minado durante el siglo XX y en lo que va de este siglo, los equilibrios de la disfuncional vida política turca. Me refiero a la cuestión Kurda.

Ankara, o sea Erdogan, está usando el conflicto sirio y el avance del Daesh para atacar militarmente a los Kurdos y arrancar, a Estados-Unidos y aliados, la promesa de bloquear la creación de un territorio autónomo kurdo en Siria, bajo el modelo de la autonomía kurda en Irak .

Yo confieso que tengo una enorme simpatía por los kurdos, pero creo también que geo estrategicamente, Occidente y, en particular la OTAN, debe colocar una rienda a Erdogan. Pienso, también, que el Consejo de Seguridad se debe pronunciar contra los bombardeos indiscriminados de Turquía contra las posiciones kurdas.

Defiendo, además que los kurdos han ganado, con sangre y enorme lealtad, el derecho a la autonomía.

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Así que nuestro apoyo debe ir para los Kurdos y no para Erdogan (quiero resaltar que separo Turquía de la agenda política del partido de Erdogan) y, que no debemos caer en el juego de una escalada con la Rusia de Putin, provocada por movimientos que vienen de Ankara.

En la lucha contra el Daesh, los verdaderos aliados son los Kurdos y la Rusia. Sin los primeros, no podremos controlar el terreno,  sin la Rusia  no es posible neutralizar el peligro que representa el Daesh y llegar a una solución política para Siria. Y, no debemos olvidar, que a pesar de todo lo que nos separa, también nos une un principio de secularismo y de equidad, esenciales en la lucha contra un movimiento apocalíptico religioso.