Agencias

Al igual que ocurre con los cometas en astronomía, el pecio romano de Villajoyosa será recordado siempre con el nombre de las personas que lo descubrieron. Y será así porque lo hicieron bien. Los buceadores Antoine Ferrer y Josep Bou, del club náutico de la localidad alicantina, exploraban en el año 2000 el fondo del mar cuando encontraron, a 25 metros de profundidad, algo nunca visto. E hicieron lo correcto, avisando a las autoridades, lo cual permitió que el yacimiento se protegiera desde el primer día.

Carlos de Juan, arqueólogo y codirector de la excavación de este gran naufragio romano, relata a ABC que cuando le llegó el aviso, no daba mucho crédito. Le llamaron para inspeccionarlo, pero en aquella primera inmersión tuvo que rectificar. «Es un barco único para la arqueología subacuática española, es enorme, una “rara avis”, eso salta a la vista. Aquí estamos acostumbrados a barquitos romanos pequeños, de gran interés científico pero de otra dimensión».

Las cifras hablan por sí solas. Dentro de los barcos que surcaban el Mediterráneo en el siglo I d. C., el Bou-Ferrer era de los grandes: 33 o 34 metros de eslora, para el transporte de unas 3.000 ánforas. «No se conocen en nuestras costas porque hacían navegación de altura, cruzando el Mediterráneo desde Cádiz en dirección a Roma, con escalas en Baleares y Córcega», comenta Carlos de Juan. En el Estrecho de Bonifacio se hallaron cuatro similares en los años 80, aunque en aquella época no se atendió a su arquitectura naval. Sin embargo, las sorpresas no han hecho más que empezar. El Bou Ferrer no solo dará las claves que faltan de la actividad marítima romana.

Descubrimiento inesperado

El primer detalle extraordinario lo ofrecieron las ánforas, pensadas para llevar productos en salazón. Pero las del Bou-Ferrer estaban impermeabilizadas con resina, lo que indicaba que estaban llenas de líquido. Análisis de los restos han concluido que transportaban salsas de pescado, de las más apreciadas y caras del Imperio: «No sabemos si era Garum, Muria, Hallec o Liquamen. Hay que entender que la salazón era alimento popular, pero estas salsas eran “delicatessen”, solo para los bolsillos más pudientes», dice Carlos de Juan.

El hallazgo descoloca a los científicos, porque cambia lo que se sabía de lasrutas de abasto marítimo de la Ciudad Eterna en su antiguo esplendor. A medida que el yacimiento fue excavado se fueron desvelando nuevos secretos. Para empezar, la tablazón (han hallado un costado en 2015, lo que permitirá conocer sus dimensiones exactas y estudiar su diseño y construcción). Y en la quilla del barco, estibados cuidadosamente, hallaronlingotes de plomo que se salen de todos los estándares imperiales.

Cuando Carlos de Juan buceó junto a los lingotes, de gran tamaño, observó inscripciones: 75 kilos es casi 20 kilos más de lo habitual en el transporte romano de plomo, metal que se utilizaba en la capital para construir cañerías de agua corriente en las casas patricias y para el sellado de humedades en palacios y domicilios pudientes.

Las inscripciones «IMP GER AUG» dejaron pocas dudas al equipo. Eranpropiedad del emperador Germánico Augusto. Pero, ¿cuál de los que emplearon ese título? La datación realizada a los restos excavados ha ido decantando la edad del naufragio hasta el 60 d. C. En esa fecha, mientras estallaba la rebelión en Britania, reinaba Nerón, así que los datos parecen indicar que Nerón o su entorno esperaba recibir una remesa de salsasexclusivas, una exquisitez propia de la Domus Áurea y su salón circular de banquetes, así como un cargamento de plomo. Pero un naufragio lo impidió, y el mar ha estado alfombrando de ánforas dos mil años de de nuestra historia en la costa alicantina.

Como cualquier científico, Carlos de Juan no quiere dejar volar la imaginación, ni adelantar las conclusiones que no puedan demostrarse con el estudio de las piezas. Queda excavación para muchos años en Bou Ferrer. Sin embargo, los ciudadanos ya pueden disfrutarlo con visitas culturales guiadas, que han sido un éxito durante los últimos años. A 25 metros bajo el mar, un trozo silencioso de la Roma de Nerón espera.