Fuente: El País

Juan Diego Flórez (Lima, 1973) es un hombre de voz pausada y casi tímido que se transforma cuando sube al escenario. Sobre las tablas, el torrente sustituye al susurro y la pausa se vuelve ímpetu. El tenor, que cosecha desde hace años triunfos en los principales templos de la ópera del mundo, echa la vista atrás hasta su infancia, cuando su abuela le cantaba canciones italianas al piano. Esa es la música que ha recogido en su nuevo disco, que ha presentado en Madrid con motivo de un recital en el Teatro Real el próximo lunes cargado de grandes arias.

 

 “Son temas que me acompañaron desde que era pequeño: mi abuela tocaba al piano canciones de Italia de vez en cuando intercaladas con tangos. Luego, cuando entré a estudiar en el conservatorio y comencé con la lírica, seguí con las canciones italianas. Cuando tuve que mudarme a Nueva York y Filadelfia me gané unos dólares cantando canciones con mi guitarra, y eran aquellas de mi infancia”, explica el tenor, que llega a Madrid para ofrecer una selección de grandes arias de Donizetti o Masseneten el Real con la única compañía del piano. Un repertorio más habitual en él respecto al que muestra en Italia, su último trabajo después de repasar la música francesa en el anterior, y en el que pone voz a Arrivederci Roma, ‘O sole mio o Volare.

 

El tenor acostumbra a llamar a diferentes puertas a lo largo de su carrera, hilvanando su repertorio belcantista con sones más barrocos, música romántica francesa… Su próximo reto será debutar con Lucia di Lammermoor en Barcelona esta temporada. Pero los repertorios que ha ido dominando a lo largo de los años no han sido condenados al olvido. “El repertorio belcantista es espectacular y llama mucho la atención, pero también el verista, donde no hay esa espectacularidad pero el drama es muy sentido”, cuenta el cantante peruano, que no se lamenta de haber sacrificado nada en su vida por haber tenido que dedicarse al profundo estudio de la música.

Flórez forma parte de una generación de músicos de América Latina que, quizá encabezados por el mediático Dudamel, han conquistado los teatros y salas de conciertos de medio mundo. Pero considera que también es heredero de una tradición de cantantes que viene de lejos.

América Latina

“En América Latina siempre ha habido buenos cantantes. Además, creo que allí se están haciendo proyectos como el Sistema en el que los niños están teniendo contacto con la música clásica y, probablemente, serán aficionados en el futuro. Todo esto tiene un componente de integración, pero no solo estamos creando mejores personas sino también músicos, y eso es algo que ya está dando sus frutos”, cuenta. De hecho, él mismo fundó Sinfonía por el Perú, un sistema de orquestas juveniles para ayudar a niños con dificultades a través de la música, y ya está preparando su propia academia a modo de conservatorio en Lima.

Respecto a la vigencia de la ópera, algo que algunos creen caduco, no lo duda: “Hace poco estuve con Iolanta en el Metropolitan y conOrfeo en Londres, y aunque sean óperas compuestas hace siglos su mensaje sigue vigente, como la desolación ante la muerte: ese viaje a los infiernos que supone aceptar que la otra persona se ha ido. Y son obras escritas en el siglo XVIII que hoy siguen provocando lágrimas, incluso en los jóvenes. La ópera nunca caduca, porque habla de la naturaleza humana”.