PRD: Las alianzas posibles.

Por Hugo Rangel Vargas

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No han faltado las voces puritanas que se han abalanzado contra la posición que ha sostenido el dirigente del sol azteca, Agustín Basave, publicada hace apenas un par de días en su columna dentro de un reconocido diario de circulación nacional. En el texto, el líder aurinegro justifica la posición a favor de que el PRD construya un frente opositor amplio en contra de la regresión histórica que ha significado la reconstitución del PRI desde el poder.

La corrupción sin parangón durante la presente administración federal, la agudización de la desigualdad y la pobreza, la restauración del autoritarismo “metaconstitucional” del presidente y la censura a la libertad de expresión, son -a decir de Basave Benítez justificantes per se de la necesidad de hacer frente al partido tricolor que ha reinstalado con todo vigor las prácticas que se creían desterradas después de la alternancia del año 2000.

Con su posición pública, el líder perredista mantiene vivo el debate que desde hace tiempo se tiene al interior del partido que dirige en torno a las alianzas de carácter electoral. Ese debate se empezó a dar en 1990 cuando se perfiló la posibilidad de que Salvador Nava fuese el candidato del sol azteca al gobierno de San Luis Potosí.

Pese a que el doctor Nava no era un miembro del PRD, reconoce Cuauhtémoc Cárdenas en su libro Sobre mis Pasos, hubo dos condiciones que permitieron acompañar tal candidatura de manera conjunta con el PAN. La primera era la posibilidad de ganar la elección al PRI en un estado en donde el PRD no había logrado desarrollarse por la actitud sectaria de algunos de sus dirigentes. La segunda era la posición intransigente de Nava para contender como candidato únicamente en caso de serlo de una coalición opositora.

Así pues, Cárdenas señala: “En esas condiciones, frente a las alternativas de no participar en el proceso electoral o de hacerlo en forma sólo testimonial, lo que podría dar lugar a que se acusara al PRD de no apoyar una candidatura reconocidamente democrática, se tomó la decisión de aceptar e ir con aquellos partidos en apoyo a la candidatura del doctor Nava”.

La posición política de Basave no difiere mucho de la sostenida por Cárdenas en aquellos años durante la contienda por la gubernatura de San Luis Potosí. Y es que el partido que dirige el regiomontano no ha logrado cuajar en muchos estados de la república, algunos de los cuales no han conocido la alternancia al frente del ejecutivo local.

Aunado con ello, la postura de Basave implica no únicamente acceder a la mayoría electoral a través de una coalición que derrote al PRI en los estados que aún gobierna a manga ancha y en la propia Presidencia de la República en el 2018; sino que va mas allá: esta mayoría debe traducirse en un nuevo pacto social, en un nuevo constituyente, en fin, para el líder perredista “Nuestra transición culminará cuando la alternancia lleve a la izquierda a la Presidencia”.

La clara línea política en la que se encuentra el nuevo líder del perredismo le deberá conducir inevitablemente a buscar un acercamiento con el único candidato opositor viable: Andrés Manuel López Obrador. La derrota electoral, pero mas allá, la capitulación histórica y política del PRI sólo puede ser conducida por la izquierda y al momento las estrechas posibilidades de mayoría y de acumulación de respaldo social parecen estar en torno al tabasqueño.

Valdría la pena sin embargo, y dado el guiño de Basave a López Obrador –el cual por cierto se acumula al desdén que ha hecho a la reforma electoral propuesta por Manlio Fabio Beltrones-, esperar las reacciones del líder de MORENA y los sucesivos acontecimientos que se escribirán, no sólo al compás de la voluntad del líder perredista; sino con la estrategia y las definiciones que tome el propio López Obrador.