Por  Gian Paolo Accardo / VoxEurop

Después de los ataques contra Charlie Hebdo y un supermercado kosher, que causaron 17 muertes a principios de enero, los franceses pensaban que habían vivido su 11 de septiembre: una serie de ataques sin precedentes que llevaron al país a una espiral de solidaridad y de reacción. La solidaridad nacional e internacional que siguió y el fortalecimiento de las medidas de seguridad y vigilancia que se llevaron a cabo hacían esperar que los imitadores potenciales de los hermanos Kouachi y de Amedy Coulibaly se abstendrían de todo ataque, frente a la cohesión y la determinación del pueblo francés para no dejarse llevar por el pánico y el odio.

Sabemos ahora que las cosas han pasado de otra manera. El día después de los ataques de enero los expertos advirtieron: el hecho de reforzar las medidas de seguridad y las operaciones contra el grupo Estado Islámico (EI o Daech) no serían suficiente y habría más ataques probablemente. “La cuestión no es si, sino cuándo”, dijeron. La adopción a principios de mayo de una nueva ley de inteligencia y vigilancia, apodada el “Patriot Act francés” no ha evitado los asesinatos de 13 de noviembre. Y cada vez es más claro que Francia y Europa están indefensas contra el terrorismo yihadista.

Durante un discurso televisado que circuló ampliamente en las redes sociales, el ex jefe de la sección antiterrorista de la oficina del fiscal de París, Marc Trévidic, explicó que Daesh “sueña con atacar a Francia”, y no hay escasez de voluntarios para misiones suicidas en Francia. Trévidic, que ha criticado la ley de vigilancia electrónica, añadió que el Daech ha crecido y ganado influencia, hasta el punto de ser capaz de “exportarse”. “Siempre es la misma historia”, concluyó: “permites crecer a un monstruo y después te quejas de tener un monstruo delante de tí.”

Combatir la propaganda

Trévidic también es muy crítico hacia unos gobiernos occidentales que no hacen “nada” para contrarrestar la propaganda yihadista y el reclutamiento en Internet, en las cárceles, en las mezquitas, y que hacen negocios con los países como Arabia Saudita y Qatar, que “apoyan a la misma ideología wahabí de los terroristas”, Según Trévidic, en los próximos meses, Daesh “observará [las] reacciones y las medidas” por parte de las autoridades francesas, con la esperanza de que la comunidad musulmana “se radicalice aún más”, pues su objetivo es “empujar a los musulmanes a levantarse”.

Un análisis que comparte el historiador del Islam Jean-Pierre Filiu, para el que los terroristas quieren “represalias” contra los musulmanes. “Quieren una guerra civil en Francia” y “lograr imponer su agenda al mundo”.

Sin embargo, la sociedad francesa sigue siendo muy solidaria y ha mostrado su cohesión: en lugar de dividirse después de los ataques, se ha apretada alrededor de las víctimas y sus familias. Esta vez no hemos asistido a las distinciones y a los “Yo no soy Charlie” que marcaron las semanas posteriores a los ataques de enero y el distanciamiento de algunos respecto a las posiciones violentamente anti-religiosas y a veces blasfemas del semanario satírico.

Una nueva cohesión

Esto es, probablemente, porque esta vez las víctimas fueron elegidas al azar (también había musulmanes entre ellos) y representan más una muestra de una cierta generación – la juventud urbana abierta y cosmopolita – que objetivos identificados golpeados a causa de sus ideas o sus actos, comosubraya el experto en Islam Gilles Kepel recientemente. Incluso si muchos musulmanes se sienten discriminados o estigmatizados, prefieren claramente vivir en Francia que bajo el califato.

Es interesante en este sentido señalar que, frente a los ataques de enero, el aspecto religioso está ahora casi ausente del debate, y no es casualidad: Charlie fue atacado por considerarlo blasfemo, y el hiper kosher porque se dirigía a clientes judíos. La reivindicación de Daesh los ataques del 13 de noviembre está más centrada en “los países de los cruzados”, Francia y Alemania, ambos presentes en forma diferente en Irak y “golpean a los musulmanes en la tierra del califato”, y en los “idólatras” en sus “fiestas de perversidad.”

Es sobre la base de esta nueva cohesión que el presidente François Hollande ha podido pedir al Parlamento reunido en Congreso el 16 de noviembre la reforma de la Constitución con el fin de adaptarla a la guerra a largo plazo contra el terrorismo y anunciar un “pacto de seguridad” también inspirado por la derecha.

Con este motivo, Hollande anunció también el uso por primera vez desde que se introdujo en los tratados europeos, del artículo 42.7, que dispone que “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros deben ayudarlo y asistirlo con todos los medios a su alcance”(el equivalente del artículo 5 de asistencia mutua del Tratado de la OTAN.

Solidaridad europea

Se trata de hacer llegar el mensaje de que si se ataca a Francia, se ataca a toda la UE: Hollande básicamente ha decidido tomar la palabra a todos aquellos en Europa que han expresado solidaridad con París después de los ataques, y proponer una política común contra Daesh. Y los europeos respondieron “¡presentes!” por unanimidad el 17 de noviembre. Sin embargo, como subrayaContexte, “en Bruselas, nadie sabe realmente cómo funciona el procedimiento en la práctica, nunca utilizado”, ni qué tipo de apoyo pueden aportar los socios europeos a Francia. Las hipótesis van desde el apoyo logístico a la inteligencia, o el apoyo táctico en el terreno”.

Los europeos también han decidido introducir controles “coordinados y sistemáticos” en las fronteras de la Unión, a fin de establecer una base de datos europea para los pasajeros – el famoso PNR, Passenger Name Record- y fortalecer los intercambios entre los servicios de inteligencia. Medidas que han sido objeto de debate durante años entre los Veintiocho, que mantienen las competencias esenciales de seguridad y Bruselas. Como subraya Le Monde, el Parlamento Europeo está a favor de la protección de los datos personales y apoya el intercambio de datos sobre los viajes transfronterizos, pero no en los viajes nacionales. Sólo los Estados miembros podrán decidir compartir estos datos con sus socios. Además, “estos archivos no están interconectados, lo que limita su eficacia de cara a las redes criminales transnacionales”. Como [denunciaba] (4912766) aquí la especialista en terrorismo y su financiación Loretta Napoleoni, “Europa no dispone de los medios para luchar contra los yihadistas en su territorio.”

Sin coordinación

Para complicarlo aún más se puede añadir el hecho de que Europol, la agencia policial europea, no tiene un centro de lucha contra el terrorismo que pueda coordinar los servicios de inteligencia, centralizando y difundiendo las informaciones que le sean transmitidas: en discusión desde hace años, debería ponerse en marcha en 2016.

Es precisamente la falta de coordinación entre los servicios de inteligencia europeos lo que parece haber jugado un papel importante en los sucesos del 13 de noviembre: De acuerdo con un funcionario turco entrevistado por Al Jazeera, Ankara había enviado a París información sobre uno de los terroristas, Ismail Omar Mostefai, en diciembre pasado, y de nuevo en junio, pero las autoridades francesas no respondieron. Del mismo modo, la Associated Press ha reveladocomo la inteligencia iraquí había advertido a Francia de un inminente ataque terrorista planeado en Raqqa, Siria, y dirigido por una célula durmiente.

El ejemplo probablemente más llamativo de la falta de coordinación entre los servicios de inteligencia es la fuga de Salah Abdeslam, hermano de uno de los terroristas suicidas de París: después de haber participado presuntamente en los ataques, fue recogido por dos amigos que llegaron esa noche desde Bruselas. A la vuelta, el coche con los tres hombres fue tres veces controlado por la policía francesa, sin llegar a detenerlos, ya que Abdeslam estaba registrado únicamente por delitos comunes. Unas horas más tarde, su rostro era el de el enemigo público número uno en Europa y era transmitido por todos los medios de comunicación.