New York Times/ Por Melissa Eddy

Si los negociadores en París alcanzan un acuerdo la semana próxima con respecto a un plan global para contener el uso de combustibles fosiles, la siguiente pregunta termina siendo: ¿Cómo pueden los países participantes cumplir sus promesas para hacer su parte?

Quizá obtengan algo de dirección de Alemania, que ha reclamado un poco de éxito en las primeras etapas de la diversificación de sus fuentes de energía y equilibrar el crecimiento económico con inquietudes ambientales.

Muchas otras naciones y dirigentes tanto políticos como de negocios habían desdeñado cuando Alemania se propuso hacer la transición de plantas de energía que emiten carbono a energía renovable, comprometiéndose al desarrollo de nuevas fuentes de energía, reduciendo en consumo, eliminando gradualmente la energía nuclear e invirtiendo en un futuro bajo en carbono.

Pero el año pasado, Alemania, la cuarta mayor economía del mundo, alcanzó un hito con la reducción de su consumo general de energía al tiempo que siguió registrando un modesto crecimiento económico de 1.5 por ciento, rompiendo con un patrón tradicional en el que las naciones ven su uso de energía cayendo solo durante recesiones. El porcentaje de uso de energía renovable ha seguido aumentando a medida que ha caído el uso de combustibles fósiles; todo al tiempo que se moderan las inquietudes de la industria con respecto a los crecientes costos y mantener la competitividad global.

“Alemania es el primer país en el mundo que demuestra que puede desaparejar el crecimiento de la quema de combustibles fósiles”, destacó Yong Kim, el presidente del Banco Mundial. “Esta es la tarea principal de nuestra generación”.

No que los esfuerzos hayan carecido de desafíos. A medida que Alemania ha acelerado su eliminación gradual de energía nuclear, a veces ha dependido demasiado de plantas de energía alimentadas con carbón, y necesitará hacer cortes más profundos a sus emisiones anuales de carbono si es que cumplirá con el objetivo que el gobierno se fijó para sí. (La Unión Europea, incluida Alemania, está comprometida con alcanzar ese mismo objetivo como bloque para 2030, como parte del trato de París.)

Líneas de transmisión de alta tensión para transportar electricidad generada por el viento de turbinas en el norte a fábricas en el sur han encontrado resistencia del tipo de ‘no en mi patio’, y la lentitud de la industria automovilística con respecto a una reducción de emisiones ha sido expuesta en fecha reciente por reguladores estadounidenses que sorprendieron a Volkswagen haciendo trampa con respecto a sus números para autos a diesel.

Al consumidor alemán se le está pidiendo que soporte buena parte del precio de la transición de energía, que el gobierno proyecta será de al menos 550,000 millones de euros (597,000 millones de dólares) para 2050, a fin de resguardar a la industria pesada, que consume mucha energía, de costos mayores. Esto ha dejado a los hogares con cuentas de electricidad más altas que las de sus homólogos en la mayoría de los demás países.

Más recientemente, expertos han advertido que la afluencia de casi un millón de personas este año en busca de asilo pudiera causar un marcado aumento en emisiones.

“Es importante que abordemos el problema poblacional ahora, o pudiera poner en peligro nuestro objetivos para 2020”, destacó Andreas Loeschel, profesor de economía por la Universidad de Muénster y asesor del gobierno.

De cualquier forma, Bárbara Hendricks, la ministra del Ambiente en Alemania, dijo creer que el país pudiera alcanzar sus objetivos climáticos. Destacó que la capacidad para expandir a la economía al tiempo que se reduce el uso de energía era un importante logro.

“Ese es el punto decisivo para sustentabilidad, ser igualmente exitoso o más, al tiempo que se usen menos recursos”, dijo Hendricks el sábado.

Pocos creyeron que fuera posible. Pero desde 2000, a través de líneas partidistas, gobiernos alemanes han aprobado leyes y fijado regulaciones que promueven la producción de bioenergía, energía solar y eólica, en un programa conocido como el Energiewende, o Transición energética. Al mismo tiempo, los negocios, atraídos por subsidios, han trabajado con investigadores sobre nuevas formas de mejorar la eficiencia.

La fundación de la campaña entera ha sido el apoyo de ciudadanos alemanes, quienes han estado dispuestos a soportar la carga de mayores costos a corto plazo, con la esperanza de que dejarán a sus hijos un sistema más limpio y más sustentable.

Actualmente ese rumbo está siendo buscado por casi 200 países en París, que apuntan a quitarle al planeta la dependencia a la energía producida por combustibles fósiles.

Alemania ya ha vuelto realidad su objetivo de incrementar el porcentaje de energía generada por fuentes solares, eólicas y otras renovables, sin lastimar a la industria o sumir en oscuridad a la nación. El año pasado, esas fuentes de energía representaron 27.8 por ciento de toda la energía consumida, por primera vez superando al lignito, o carbón marrón, el combustible fósil del país. El objetivo nacional para renovables es 35 por ciento para 2020.

A largo plazo, los ambiciosos objetivos de Alemania siguen siendo reducir niveles de gases de invernadero en al menos 80 por ciento de los niveles de 1990 en 2050, con 60 por ciento de la energía consumida de fuentes renovables.

Dirk Messner, miembro del Consejo Asesor sobre Cambio Climático de Alemania, que asesora al gobierno, recuerda haber sido invitado en 2011 a presentar un estudio sobre políticas alemanas del clima en la Brookings Institution, en Washington.

“En esa época, la actitud fue de: ‘Adelante, puedes tomar la delantera con respecto a esto’”, dijo Messner. “Hubo muchos en esa época que consideraron esto una idea loca y e inmadura”.

Ese fue el año en que un terremoto y tsunami en Japón y el consiguiente sobrecalentamiento de reactores atómicos en Fukushima se las ingeniaron para lograr lo que décadas de protestas antinucleares no habían logrado: impulsar al gobierno de la Canciller Ángela Merkel a acelerar esfuerzos por cerrar la totalidad de los 17 reactores restantes del país para 2022, que son una importante fuente de energía de bajas emisiones.

Eso hizo que la tarea de transformación energética fuera incluso más dura, y muchos líderes de la industria se quejaron de crecientes precios de la energía causados por los onerosos impuestos y cobros que han financiado el proceso. El gobierno respondió renunciando a los cobros para empresas que pudieran demostrar una fuerte necesidad de energía; alrededor de 2000 fueron eximidos.

La iniciativa fue transmitida al consumidor, en tanto los precios de la electricidad por una casa de tres personas han subido 68 por ciento desde 1998, con base en la Asociación Alemana de Energía e Industrias del Agua.

Sin embargo, el respaldo popular sigue siendo fuerte. Un sondeo por parte de la firma TNS Infratest este año mostró que una firme mayoría de alemanes sigue apoyando la transformación del esfuerzo de energía, con 67 por ciento diciendo que favorecía las políticas del gobierno.

Algunas empresas han llegado a ver el plan como una oportunidad para expandir los mercados para sus productos.

Schueco, una de las empresas de ventanas más viejas de Alemania, también diseña puertas y fachadas de baja energía. Andreas Engelhardt, el director ejecutivo de la empresa, dijo que países como China e India, que califican entre los principales emisores de gases de invernadero en todo el mundo, y están plagados por contaminación del aire que va empeorando, han demostrado creciente interés en edificios sustentables y enfocados al ambiente.

Los chinos incluso han preguntado si Schueco podría desarrollar una “ventana de humo” capaz de filtrar el aire del exterior, dijo.

Compañías como la Florida-Eis en Berlín, que produce helado de especialidad, han acogido una producción baja en carbono y objetivos nacionales de energía, con el dueño de la empresa, Olaf Hoehn, incluso vendiendo su jet privado y cobrando su plan de retiro para invertir en una nueva fábrica cubierta en paneles solares.

Cartones de vainilla y chocolate suizo se enfrían en congeladores de propano a profundas temperaturas, entregados por una flotilla de camiones impulsados por baterías.

En medio de los éxitos, se han dado algunas decepciones. Alemania no ha resuelto del todo el desafío casi universal de entregar energía alternativa donde más se necesita; y no ha sido capaz de eliminar la necesidad de una coincidencia para cubrir periodos en que el sol no está brillando o el viento no está soplando.

El lignito se materializa como el potencial tendón de Aquiles de Alemania. Si bien aranceles generosos para acelerar la inversión en energía solar y eólica contribuyeron a impulsar el desarrollo de la energía renovable, no se ofreció un solo incentivo similar para abordar la dependencia al carbón suave, el único combustible fósil que hay en abundancia en Alemania.

El ministro del Ambiente, Hendricks, convocó hace poco al país a que cerrara sus plantas de energía alimentadas con lignito en un plazo de 20 a 25 años. Sindicatos mineros y negocios dicen que eso acabaría con empleos y sobrecargaría a la industria de la energía, pero los ambientalistas dicen que eso no es suficientemente rápido.

Alemania, dijo Hendricks, necesita fijar objetivos y estar dispuesta a trabajar con miras a ellos, como hizo con la energía renovable. “Todos nos ven para ver si podemos lograrlo”, dijo.