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NYT

En el persistente debate con respecto a cómo detener asesinatos masivos en Estados Unidos, Australia se ha convertido en un punto de referencia familiar.
El Presidente Barack Obama ha mencionado las leyes sobre armas de fuego del país como un modelo para Estados Unidos, llamando a Australia una nación “como la nuestra”. En el trayecto de campaña, Hillary Clinton ha dicho que “vale la pena considerar” el enfoque australiano. En el ínterin, la Asociación Nacional del Rifle ha descartado las políticas, arguyendo que éstas “despojaron a los australianos de su derecho a la autodefensa y dieron poder a delincuentes” sin reducir la delincuencia violenta.

La estadística citada con frecuencia en Australia es simple: No se han dado asesinatos masivos –definidos por expertos allá como un hombre armado que mate a cinco o más personas aparte de sí mismo– desde que la nación reforzó sus leyes de control de armas hace casi 20 años.

Los tiroteos masivos en Australia eran raros de cualquier forma. Pero, después de que un hombre armado masacrara a 35 personas en el poblado de Puerto Arthur, Tasmania, en 1996, un clamor popular impulsó un consenso nacional para restringir severamente las armas de fuego. Las leyes más estrictas, que fueron estandarizadas a lo largo de Australia, son más exigentes que las de cualquier estado en Estados Unidos, incluido California.

Impulsado por John Howard, el primer ministro conservador de la época, el Acuerdo Nacional sobre Armas prohibió los rifles de asalto automático y semiautomático y escopetas con acción de bombeo, en todos salvo casos inusuales. Volvió más estrictas reglas para licencias, estableció un periodo de espera de 28 días para comprar de armas de fuego, creó un registro nacional de armas e instituyó un programa temporal de recompra que removió más de 20 por ciento de las armas de fuego de la circulación pública.

Varias de las medidas, incluyendo periodos de espera y revisiones de antecedentes, han sido adoptadas poco a poco por diferentes estados en Estados Unidos. Sin embargo, este país nunca ha intentado un programa nacional de recompra de armas; en Australia, eso requirió de aumentar los impuestos. Además, Estados Unidos nunca ha sido capaz de hace lo que Howard hizo: forjar un amplio acuerdo con respecto a una extensa serie de medidas de control de armas que se aplique a toda la nación.

Una prueba de esas leyes llegó en diciembre de 2014, cundo un hombre armado que había expresado simpatía por el extremismo islámico tomó rehenes en un café de Sídney. El atacante, Man Haron Monis, blandió una escopeta recortada de bombeo que había obtenido de manera ilegal.

Una pesquisa decía que el arma pudiera haber estado en circulación antes de que las escopetas con acción de bombeo esencialmente fueran prohibidas en 1996, y nunca fue confiscada en la recompra. Con base en la pesquisa, sus cartuchos tenían de 15 a 20 años.

Durante el asedio de 17 horas al café, Monis disparó varias veces, una vez a un muro, antes de matar al gerente del café. En ese punto, la policía irrumpió en el sitio, matando al hombre armado y otro rehén en el fuego cruzado.

Es imposible saber si las restricciones sobre armas salvaron vidas en el sitio, pero algunos políticos así lo creen.

“Es la facilidad con que se consiguen armas de fuego, particularmente aquéllas que son automáticas o semiautomáticas, lo que incrementa la probabilidad de que la gente en un momento de locura, o malicia, u odio, mate a muchísima gente”, dijo Howard en octubre, luego que un hombre abriera fuego sobre un campus universitario en Oregón, matando a nueve personas.

Es complicado medir la amplia efectividad de las leyes de control de armas de Australia. Los mismos australianos siguen debatiendo su impacto, y algunos han buscado relajar restricciones sobre la tenencia de armas.

Sus detractores han argumentado que la violencia por armas de fuego estaba bajando marcadamente en Australia antes de 1996 y habría seguido haciéndolo incluso sin las medidas de control de armas. Otros han sugerido que incluso a media que se desplomaron las muertes relacionadas con armas, la gente en Australia pudiera haber recurrido a usar otras armas para matar.

Para evaluar esos alegatos, los académicos han estudiado no solo tiroteos masivos, sino también todas las muertes intencionales causadas por armas de fuego, haciendo ajustes por el crecimiento poblacional.

El total de las muertes intencionales totales por armas se redujo por la mitad en la década posterior a que las restricciones entraran en vigor, incluso al tiempo que la población de Australia creció casi 14 por ciento. La tasa de suicidios con armas por cada 100,000 personas bajó 65 por ciento de 1995 a 2006, en tanto la tasa de homicidios con arma de fuego cayó 59 por ciento, con base en un estudio de 2010 por parte de Andrew Leigh de la Universidad Nacional de Australia y Christine Neill de la Universidad Wilfrid Laurier.

Cundo se actualicen los datos en ese estudio para incluir las cifras más recientes de la Oficina Australiana de Estadística, así como los números remontándose hasta 1968, surgen varios hechos.

En primer lugar, las tasas de muertes intencionales por arma de fuego fueron considerablemente mayores en los 28 años previos a la adopción de las medidas de control de armas de 1996 que en los 17 años posteriores. Se puede debatir cuánto de ese deterioro puede atribuirse a las nuevas políticas, pero la diferencia es clara.

En segundo lugar, al parecer se ha nivelado la primera caída en las muertes por arma de fuego en la década posterior a la promulgación de las restricciones de 1996. En 2013, año más reciente para el cual hay cifras disponibles, hubo 200 homicidios y suicidios relacionados con armas de fuego, para una tasa de 0.87 muertos por cada 100,000 residentes.

Eso ha subido ligeramente respecto del bajo nivel de 2005, cuando se registraron 0.82 muertes por cada 100,000 residentes, pero aún muy por debajo de las 2.71 muertes por cada 100,000 residentes de 1996.

Los datos confirman que las muertes por arma ya estaban cayendo antes del Acuerdo Nacional de Armas de Fuego. El índice de muertes intencionales por arma se redujo alrededor de 33 por ciento de 1986 a 1996. Sin embargo, el descenso se aceleró, bajo las nuevas medidas de control de armas, con el índice bajando alrededor de 60 por ciento de 1996 a 2006.

Es difícil medir el impacto de las leyes de armas, en parte debido a las bajas tasas de muertes intencionales por arma de fuego en Australia. Los homicidios relacionados con dichas armas son incluso más bajos, ya que los suicidios integran alrededor de 80 por ciento de todas las muertes por arma.

El estudio por separado de suicidios y homicidios relacionados con arma de fuego también muestra tendencias similares; índices más altos de ambos antes de 1996 que después, descensos en la década anterior a 1996 pero descensos más pronunciados en la década posterior, y estabilizándose en años recientes.

Leigh y Neill intentaron medir el efecto de las medidas de 1996 a lo largo de estados y territorios australianos para ver si niveles diferentes de confiscación de armas habían conducido a resultados diferentes. Descubrieron que los lugres donde más armas se habían removido de la circulación pública también experimentaron los mayores descensos en muertes intencionales con arma de fuego.

Los datos también indican que las tasas generales de homicidio y suicidio se desplomaron en la década posterior a 1996, lo cual significa que los australianos no respondieron a las medidas de control de armas de fuego matándose entre sí o usando otras armas a índices mayores.

En general, Leigh y Neill estiman que al menos 200 vidas son salvadas anualmente debido al programa de recompra de armas en Australia.

La introducción al mercado australiano este año de una escopeta que permite fuego rápido usando una palanca reavivó un debate sobre las restricciones, con algunos entusiastas argumentando que se sintieron engañados de poseer un arma de fuego. El gobierno prohibió una versión de la escopeta que contiene siete rondas pero aprobó una versión de cinco rondas. Además, hay esfuerzos con miras a reducir la edad legal de tiradores supervisados en Tasmania, de 16 a 15.

El senador David Leyonhjelm, quien apoya el relajamiento de controles de armas, dijo que Australia se parecía a Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda, donde los tiroteos masivos son infrecuentes.

“Estados Unidos es un caso aparte”, dijo. “Nosotros no somos como Estados Unidos”.