Gaia Pianigiani / New York Times News Service

Los católicos no deben tratar de convertir a los judíos, sino que deben trabajar juntos con ellos para combatir el antisemitismo, según dijo el Vaticano el pasado jueves en un documento de enlace que tiene la intención de solidificar las crecientemente positivas relaciones con los judíos.

A pesar de tener una larga historia de sospecha y conflicto mutuo, el cristianismo y el judaísmo están profundamente entrelazados, y los cristianos deben tocar el tema del Holocausto con sensibilidad y repeler cualquier tipo de tendencia antisemita, según escribió el Vaticano. Con el título de “Los regalos y el llamado de Dios son irrevocables”, el documento fue emitido por la Comisión del Vaticano para la Relaciones Religiosas con los Judíos.

Dando respuesta a una problemática que ha sido un punto de conflicto entre las dos religiones por siglos, la comisión escribió que la Iglesia está “obligada a ver la evangelización de los judíos, quienes creen en el Dios verdadero, de una manera distinta a la de otras personas de otras religiones y cosmovisiones”. El documento especifica que “la Iglesia católica no dirige ni apoya ningún trabajo misionero institucional específicamente dirigido a los judíos.”

Los analistas dicen que el documento parece tener la intención de dar resolución al problema.

“Claramente estipula que la salvación no viene de la conversión de los judíos, pero es muy respetuoso de su propia misión”, dijo Alberto Melloni, director de una institución de investigación liberal católica, la Fundación Juan XXIII de Estudios Religiosos en Bolonia. Melloni se refirió al mensaje como “un documento importante y valiente de la Iglesia Católica”.

50 años después de que el Vaticano formalmente repudiara la idea de que había una culpa colectiva judía por la muerte de Jesús, el documento pone énfasis en el estrecho e inescapable vínculo que hay entre el cristianismo y el judaísmo. “Un cristiano nunca puede ser un antisemita, debido a las raíces judías que tiene el cristianismo”, según lo estipula el documento.

El Cardenal Kurt Koch, presidente de la Comisión del Vaticano, dijo el jueves que el diálogo que la iglesia mantiene con los judíos no sólo era interreligioso, sino intrareligioso o intrafamiliar”.

Los líderes judíos elogiaron el documento y la manera como las relaciones católico-judías han ido progresando.

“Este documento busca reflejar una sincera comprensión del auto-entendimiento judío”, dijo el rabino David Rosen, director internacional de relaciones interreligiosas del Comité Judío Americano, el jueves, sentado al lado de funcionarios del Vaticano cuando el documento fue presentado en una conferencia de prensa. Rosen señaló que el documento citaba muy extensamente fuentes rabínicas judías y reconoce su validez interpretativa, así como también el lugar que ocupa el Torá en la vida de los judíos.

“Es un importante paso en las relaciones judeo-católicas ahora que un rabino y un pensador judíos estaban en el escenario con el cardenal Koch y el padre Norbert”, dijo el rabino Eric J. Greenberg, director de relaciones interreligiosas y Enlace de la Alianza Multi-Religiosa para los Refugiados Sirios en la Ciudad de Nueva York. (Hizo referencia al sacerdote Norbert J. Hoffman, secretario de la comisión del Vaticano). “El que fueran invitados a participar en la presentación de un documento del Vaticano es algo muy simbólico”, dijo Greenberg.

Antes del Concilio Vaticano Segundo de 1962 a 1965, las oraciones católicas que se decían el Viernes Santo, día en el que conmemora la crucifixión y muerte de Jesús, llamaban a los judíos “pérfidos”. Les revisiones hechas a la misa ordenadas por el concilio eliminaron esa caracterización, pero otro tipo de lenguaje que para los grupos judíos resultaba ofensivo continuó siendo dicho por católicos ultra-tradicionalistas, utilizando oraciones antiguas en latín, incluyendo una referencia a “la ceguera de ese pueblo”. El Papa Benedicto XVI ordenó que esas oraciones fueran cambiadas en 2008.

Los esfuerzos del Vaticano para mejorar las relaciones con los judíos tuvieron un mayor ímpetu bajo el mandato del Papa Juan Pablo II. Él fue el primer papa que rezó en una sinagoga, el primero de reconocer que ciertos individuos católicos no actuaron en contra del Holocausto y el primero en decir que el antisemitismo era un pecado “contra Dios y el hombre”.

De acuerdo con el documento publicado el jueves, las instituciones católicas que entrenan a los sacerdotes deben integrar en sus currículums la Nostra aetate, la declaración de 1965 que condena el antisemitismo y los subsecuentes documentos de la Santa Sede sobre los judíos y el judaísmo.