La Fiebre Fiscal

Por Teresa Da Cunha Lopes/ Grupo Crónicas Revista

DraTeresaDaCunhaLopes

Durante las últimas campañas electorales, los michoacanos que raramente pierden la esperanza de que prevalezca la razón, apostaron en las urnas a que el cambio acabaría por fin con la “fiebre” del endeudamiento. No fue, exactamente, así. Solo transitamos a un nuevo estado : el de la “fiebre” fiscal.

Esta se cristalizó en este fin de año por la insistencia (equivocada) de prácticamente toda la clase dirigente política y mediática en que el déficit presupuestario es nuestro problema económico más urgente e importante.

En vez de ocuparse del desempleo masivo y de la desigualdad creciente, la clase política y nuestros representantes electos tienen la mirada puesta casi exclusivamente en la supuesta necesidad de recortar el gasto (lo cual agravará la crisis del empleo) y desmantelar programas sociales (lo cual expandirá la desigualdad). Olvidando que cuando se agravan, al mismo tiempo, la crisis del empleo y la desigualdad, entonces se cava más rápido el pozo oscuro de la crisis de seguridad (de por sí ya andamos tocando fondo en este tema).Así que en este fin de año no tenemos ninguna “ buena noticia” económica ni perspectivas de la tener en el 2016. Esto a pesar de que en otras partes del mundo hubo un cambio de estrategia de fondo e ideológico que permite o ya salir de la crisis o vislumbrar la luz al final del túnel. Aquí, no.

Nos preparamos para cometer los errores que otros ya cometieron, llevaron años para corregir y finalmente cambiar de ruta. Pero no hemos aprendido nada, vamos directos a la opción equivocada de un ataque agudo de la “fiebre fiscal”. Es que esa fiebre, la “fiebre fiscal” a diferencia de la fiebre del endeudamiento, acaba con cualquier tipo de esperanza de una recuperación de la economía para el 2016. Podríamos, entonces pensar que existiría un amplio rechazo a los proponentes de la “fiebre fiscal”, a los “cascarrabias fiscales”. Todo lo contrario.

Los cascarrabias fiscales todavía andan por ahí, y aún reciben la veneración de algunos medios informativos. Con efecto, muchos periodistas mantienen la costumbre de referirse al recorte del déficit como un objetivo no ideológico, al tiempo que presentan otros puntos de vista como partidistas o politizados, como si hubiera algo en este mundillo de la economía que no fuera ideológico. Así que, de una forma que nunca me deja de sorprender, los cascarrabias fiscales son, todavía, capaces de fijar los límites de la opinión “respetable” que es presentada como “única opción posible”. Esto, a pesar de la reciente historia económica mundial post 2008 hizo la prueba de que la opción por la “fiebre fiscal”, acompañada con las inseparables “medidas de austeridad”, cavó la tumba de muchos países y casi enterró, por ejemplo a la zona euro. Esto, después de que la suma de millares de tragedias personales llevó a un cambio de políticas económicas restrictivas que solo acumularon miseria y dilataron la salida de la crisis. Ciegos a la realidad, sin cultura teórico-económica y sin creatividad presupuestal, nos están enviando directo al “campo de concentración” manejado por los cascarrabias fiscales.

Es evidente, aún que no lo quieran ver ni debatir, que a nivel mundial hubo un cambio y que la “fiebre fiscal” fue abandonada. Es nítido, también, que la ideología de la reducción del déficit ha sido totalmente desacreditada. Pero, como siempre nos llegan tarde las noticias del cambio de dirección económica o , no las sabemos interpretar por falta de una cultura cosmopolita de la economía, siempre tenemos que pasar por los “infiernos” en que otros ya se quemaron sin nunca aprender nada de las lecciones ya recabadas.

Para evitar este círculo vicioso de repetir errores que podrían ser evitados, yo insinuaría que se observara cuidadosamente la historia reciente, y la evolución, de la última crisis económica mundial. En ella han ocurrido al menos cuatro cosas que han desacreditado la ideología de la reducción del déficit y a los proponentes de la “fiebre fiscal”.

Primero, la premisa política detrás del “centrismo” —que opta por reconciliar las diferencias ideológicas entre izquierda y derecha y crear un “ Gran Pacto “al centro en que se combinan un aumento de los impuestos con un recorte del gasto— ya no es defendible. Fue un “flop” total que no aportó nada, por ejemplo a la zona euro o en Estados-Unidos y, que por lo tanto no se ve muy bien como podría aportar algo a Michoacán. No hay ventaja práctica en ello, los resultados han sido una dilatación de la crisis y las soluciones no son de fondo, ni son soluciones, solo son parches vomitados por un debate que gira en torno a la estrategia política, y no a la esencia de la política.

Segundo, la combinación de una recaudación fiscal en aumento con un gasto en descenso ha provocado el hundimiento de los préstamos en todos los países que estuvieron bajo rescate. Si hacemos su transposición para nuestro contexto, el hundimiento de los préstamos sería el equivalente a un alud que sepultaría empresas e individuos , agentes económicos en la débil economía formal y ,abriría el paso al renacimiento de las mafias y cárteles del crimen organizado, al fortalecer la economía paralela y subterránea.

En realidad esto no es malo,es pésimo, porque la reducción prematura del déficit perjudica a nuestra economía que no ha crecido en la última década; de hecho, seguramente ahora estaríamos cerca del pleno empleo de no ser por la austeridad fiscal sin precedentes de los últimos tres años. Debemos, al contrario aprovechar los pequeños indicadores de recuperación y no pasar al lado de ellos. Hasta los pronósticos a más largo plazo sobre la deuda federal ya no parecen alarmantes en absoluto y el último reporte macroeconómico apunta para una disminución de la inflación interna .

Tercero, hablando de tácticas de terror, 2015 ha sido el año en que los ciudadanos y la gente por fin se han cansado de los chicos de la comunicación que gritan “¡que viene el lobo!”. Hubo una época en que la gente escuchaba embelesada los pronósticos de ruina fiscal. Pero de eso hace casi cinco años. Hoy, hasta el FMI es contra la “austeridad”. De paso, me permito comentar que los electores portugueses, españoles, griegos, italianos, franceses, ingleses, también. No dudo mucho, que el elector local también llegue a las mismas “conclusiones” si sometido a los planes de “austeridad” a que fueron sometidos los europeos y que no tuvieron otro resultado que agrandar, expandir, dilatar la crisis. Un desastre debería traer lecciones, no servir de “modelo”. De nuevo, tal como lo he hecho en el 2014 , en una columna que intitulé “Sobre la deuda de los estados y la manipulación política de la crisis” , cito a Keynes: El auge económico, y no la crisis, es el momento adecuado para la austeridad”.

Por último, en otras latitudes, a lo largo de los últimos tres años (2012- 2015), el razonamiento intelectual que sostenía el pánico a la deuda se ha derrumbado. Por lo general, los debates técnicos entre economistas tienen relativamente poco impacto en la esfera política porque los políticos logran casi siempre encontrar expertos —o, en muchos casos, “expertos”— que les dicen lo que quieren oír.

Para los que lo echan de menos o lo han olvidado, hago aquí un breve resumen. Durante varios años los cascarrabias fiscales tanto de Europa como de Estados Unidos se han apoyado en gran medida en un artículo de Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, elevado al rango de “biblia para cascarrabias” y ampliamente citado por los periodistas económico – chayoteros (una raza que solo existe en el exterior), que proponían que la deuda del Estado tiene efectos seriamente negativos para el crecimiento si excede el 90% del PIB.

Si bien muchos muchos economistas respetables, algunos de ellos con Premio Nobel como Paul Krugman, manifestaron sus dudas respecto a esa afirmación, la “moda” de la “fiebre fiscal” acompañada de la “austeridad” pegó fuerte y mucha gente (que acostumbra dejar su derecho a pensar de forma independiente , en el vestíbulo al lado del sombrero) olvidó un dato importantísimo: que el crecimiento lento suele provocar un alto endeudamiento, y no viceversa. Pero, no obstante, en los círculos políticos la proclamación del 90% se convirtió en palabra divina, a pesar de ejemplos tan claros de estancamiento económico, consecuencia de la aplicación de la “reglita” tan mediática de Reinhart y Rogoff , como los protagonizados por Italia y por Japón .

Ahora bien, tal como lo comentó, ya por el lejano 2012, Paul Krugman : “ no es que los cascarrabias fiscales realmente llegaran a su conclusión a partir de la evidencia estadística. Como dice el viejo dicho, se sirvieron del trabajo de Reinhard- Rodoff del mismo modo en que un borracho se sirve de una farola: como apoyo, no como fuente de luz”. Resumiendo, nuestro problema no se soluciona con la “fiebre fiscal” que parece atacar a nuestros políticos , hasta las (los) sexo servidoras (os) parecen estar ya en la mira, ya que es un problema de crecimiento lento. O sea, no podemos entrar en una vía de contracción porque lo que necesitamos es expansión.

Así que nos sorprende que en el debate del presupuesto para el 2016 se pretenda crear un “pacto” al centro basado en ideas y opciones que fueron abandonadas a nivel mundial desde el 2012. Continúan existiendo dos grandes confusiones en el discurso (narrativa) de nuestros políticos sobre la crisis de la deuda : 1.- confunden la solución de la crisis con una reducción del estado; 2.- confunden la economía nacional con la economía familiar.

Basados en premisas que no son reales toman entonces como paradigma para solucionar la crisis de la deuda, la austeridad y la “fiebre fiscal”. Austeridad que interpretan como reducción del gasto público. Ahora bien, reducir el estado significa desaparecer programas, eliminar puestos de trabajo en la administración pública, cerrar dependencias, acabar con los subsidios y dejar de hacer obras de infraestructura. O sea instalar la miseria, pauperizar a los trabajadores, desaparecer la clase media.

Se podría sostener que es de un ilógico infinito , que aún que los cascarrabias fiscales hayan perdido el control del debate a nivel mundial, nosotros seguimos haciendo cosas horribles como recortar las ayudas a los desempleados de larga duración, las jubilaciones, los programas sociales, los presupuestos a la educación, a la salud y a las obras públicas basados en una terrible política económica denunciada por los grandes economistas y cuyas consecuencias fatales para las economías en que fue aplicada, llevaron otros a abandonar la “fiebre fiscal”, los recortes y la austeridad. La abandonaron porque abandonaron la confusión (muy popular y fatal) transmitida por una mala metáfora entre una economía de estado y una familia endeudada.

Tal como ya lo expliqué en el arriba citado artículo del 2014, nuestra deuda es en su mayoría dinero que nos debemos unos a otros; y lo que es aún más importante, nuestros ingresos provienen principalmente de lo que nos vendemos unos a otros. Resumiendo: sus gastos son mis ingresos y mis gastos son sus ingresos.¿Y qué pasa si todo el mundo simultáneamente reduce drásticamente el gasto en un intento de pagar lo que debe? ¿ Y qué pasa si dejo de consumir porque todo tiene que ser enfocado al pago de nuevos impuestos ? ¿y qué pasa si llegamos a un punto en que ni siquiera tenemos ingresos para pagar lo necesario para la sobrevivencia mínima?

La respuesta es que los ingresos de todo el mundo se reducen; mis ingresos disminuyen porque ustedes están gastando menos, y sus ingresos disminuyen porque yo estoy gastando menos. Ciclo infernal, pero real.Y, a medida que nuestros ingresos se hunden, nuestro problema de deuda se agrava, no mejora. O sea, entramos en depresión económica. Así las cosas, la “fiebre fiscal” lejos de reducir los riesgos de una espiral de crisis, los aumenta porque desvía la curva del crecimiento para abajo y por lo tanto al frenar este, aumenta el endeudamiento.

Pero aunque que muchos piensan que la política ha llegado a niveles de terrible incompetencia, continuo pensando que es el único medio de construcción de una convivencia democrática y que finalmente, será a través del uso de los instrumentos políticos que un día empezaremos a hablar de cuestiones reales como la desigualdad, y no de una falsa crisis fiscal.

Solo espero que el inicio de ese debate no llegue muy tarde.