Por Luis David Niño Segura    /    Tw:@ld_nio

La relación que tenemos El Ruedo y yo ha crecido en los últimos meses. La necesidad de tomarme una cerveza frente a una vitrina llena de vino mientras el Dobby limpia la barra con un trapo grisáceo que lo mismo sirve para limpiar un vaso que vomito o ceniza de cigarros, es cada vez más urgente. De nuevo, como ha sucedido a lo largo de este año, en la televisión el noticiero con Dóriga, el penúltimo de 2015. Las mesas vacías. El Dobby con un cigarro en la boca mientras lee el TvNotas. Me ofrece uno, sabe que solo consumo Marlboros rojos. Lo enciendo y de nuevo en la televisión comentan las nevadas que no dejan en paz al noroeste del país. Yo, mientras tanto, voy por mi tercer güisqui. Éste último lo pedí en las rocas with a bit of water.

Lorena, la única fichera que trabaja en estos días de amor y paz, lleva media hora parada en la rockola, entre canciones de los Yonics y de los Temerarios. Again, las cantinas necesitan de un conjunto norteño como los del Pilos en Monterrey o Los Pinos en Torreón. Saco mi libretita de apuntes y mi pluma Bic negra. Busco una página en blanco y me pongo a escribir. Ahora en ese rincón sin clases sociales. Pido mi cuarto scotch, es la última me digo, la última y nos vamos. Miro la portada del libro que acabo de leer y resumo las obras que me parecen dejaron algo bueno en mi biblioteca personal…

1.- Mira lo que tengo (José María Valtueña, Tusquets Editores)

Una obra bien escrita y contundente, sin rodeos. Desde el inicio el autor nos introduce el tema: Zoofilia. Una muchacha de 18 años experimentando con su cuerpo, conociendo su lado erótico y lo mejor, conociéndolo con su mascota. Quizá para1 algunos moralistas es una obra que no merece pasar de las primeras 10 páginas, pero si el lector se atreve, la perspectiva cambiará por completo. El amor de Alicia por su perro es tal que la intimidad entre ambos es innegable. El chocolate es el fetiche de una parafilia que le ayuda a la adolescente a encontrar su primer amor y un trágico final. Temas de pederastia se asoman y una complicidad innegable que el escritor genera con el lector. La crítica quizá se enfoca en que la novela se hace lenta y monótona y el final resulta predecible.

2.-Amalgama (Rubem Fonseca, Ediciones Cal y Arena)

Hablar de Fonseca ya se hizo costumbre. La mayoría de su obra es dulcemente disfrutable. Este libro de cuentos no deja espacio para desechar alguno. Los 34 cuentos son de una maestría exquisita. El primero es una bomba que estalla en la cara, una narrativa brutal que si bien se presta a la simple imaginación escritor-lector, no deja de ser2 creíble e incluso corta. Realismo expresado a medias pero de forma única, bueno mejor dicho de forma fonsequiana. Por otra parte en Escribir, encontramos la sinceridad de Fonseca. Tal como lo escribiera alguna vez Bukowski, si quieres ser escritor necesita salirte de dentro, si no, no lo hagas. Para recomendar este libro, dejaré las propias palabras de Fonseca y usted decida: “El narrador mientras mejor es, peor le va, sufre más, después de algún tiempo no soporta el ahogo. Los más sensatos, si es que podemos llamar sensatos a esos individuos –ya dije antes que todos los escritores están locos-, los que conservan algún juicio, que son pocos, desisten en el auge de su carrera, dicen BASTA, para desesperación de sus admiradores”.

3.- Escapismo en espiral (Miguel Ángel García, Silla Vacía Editorial)

Las voces frescas y nuevas siempre son bienvenidas y más (como dirían los clásicos) en tratándose de editoriales independientes.  El Sr. Tarántula nos presenta este pequeño libro de cuentos donde mezcla un sinfín de influencias literarias que lo hacen acreedor de su estilo. Una combinación perfecta de psicología, filosofía y literatura en 74 páginas. Si bien no es un libro perfecto tampoco es perfectible. Los pequeños defectos que se pueden encontrar en algunas líneas son comidos o complementados por 3el libro como conjunto. Un ejemplo claro de la creatividad de Miguel Ángel es Otro día con más calma. Entre símbolos matemáticos y letras forma un vistazo de una historia tan corta como grande, sí, como lo lee, corta en líneas, grande en contenido. Escapismo en espiral viaja desde Rulfo, Lacan, pasando por Keret, Nietzsche y llegar a una nueva voz, la de Miguel Ángel. Léalo.

4.- ¿Te gusta el látex, cielo? (Nadia Villafuerte, Fondo Editorial Tierra Adentro)

No soy partidario de leer obras escritas por mujeres, pero antes de que me tilde de misógino, en mi defensa puedo decir que es por una cuestión de gusto literario; es decir, las pocas mujeres que leo se apegan al tipo de literatura que me gusta y, lamentablemente, en ese ámbito muy pocas son de mi agrado. Nadia Villafuerte si bien no la considero4 una escritora que pueda cambiar el rumbo de la “generación X”, si es una de las escritoras de la nueva generación que empieza a tomar riesgos. Si en 2011 con Por el lado salvaje nos mostró la cara de una escritora con gusto por la degradación, sus antecedentes los encontramos en ¿Te gusta el látex, cielo? Un libro de cuentos cortos con influencias diversas, entre ellas Carver, y para mí con eso es suficiente. En Villafuerte se nota atrevimiento. Un libro recomendable no por lo escrito, sino por la manera en que está escrito.

5.- Señorita Vodka (Susana Iglesias, Tusquets Editores)

5Susana Iglesias escribió su primera novela y lo hizo en grande. Señorita Vodka es una bofetada. La manera en que la semántica y la sintaxis están manejada a lo largo de las páginas es magistral. Una novela que parece una montaña rusa de sensaciones. Existe erotismo, episodios negros, obscuros y personajes brutalmente honestos. Puede uno incluso sumirse en la piel de quien habla a través de la página. La noche en la novela es cómplice pero el vodka lo es todo. Los episodios trágicos contribuyen a seguir dotando la voz narrativa con un carisma único. La descripción de los escenarios y de los detalles es deleitable, el ritmo de la lectura tiene diferentes pausas, cada una puesta en el lugar correcto, exacto, en el momento preciso. Señorita Vodka es honestidad pura y como siempre suelo decir, lo que más agradece un lector es la honestidad en las letras. Señorita Vodka es erotismo, con todo lo que eso conlleva, lados luminosos sí, pero no olvidemos que también pasajes obscuros.

…cierro la libreta y le doy el último trago a mi scotch, sacó la billetera y pago mis tragos, mañana es noche vieja y me espera un six de cervezas en mi freezer. Camino por todo Zaragoza hasta llegar a la Alameda. Cuando me doy vuelta recuerdo que siempre olvido algo. Esta vez recomendar un libro de Keret. No importa ya estará 2016 para poderlo compartir y si no, ni modo. Enciendo un cigarro y una puta se me acerca. Me pide lumbre y enciende un cigarro ella. Me pregunta si quiero compañía. Le digo que no…gracias. Dos cuadras después me arrepiento. Así suele ser la vida. Mañana me prometo, será la última y nos vamos; sí, la última vez que digo no gracias…