NYT / Por William Neuman

En un cañón seco, cubierto con ruinas de una ciudad muerta tiempo atrás, los arqueólogos han hecho un descubrimiento que esperan ayudará a desvelar uno de los misterios del antiguo Perú: cómo interpretar los registros que llevaban los incas en cuerdas anudadas, conocidas como quipus.

En el sitio llamado Incahuasi, a unas 100 millas al sur de Lima, por primera vez, los excavadores han encontrado varios quipus en el lugar donde se usaban, en este caso, un almacén de productos agrícolas donde parece ser que se habrían utilizado como libros de contabilidad para registrar la cantidad de maní, ají, frijoles, maíz y otros artículos que entraban y salían.

En algunos casos, los quipus –los primeros se encontraron en el sitio en el 2013– estaban enterrados bajo los restos de productos orgánicos de siglos de antigüedad, que se preservaron gracias a las condiciones extremadamente seca del desierto.

Se trató de un descubrimiento de gran éxito porque los arqueólogos antes habían encontrado los quipus solo en tumbas, ya que era frecuente que los enterraran con los escribas que crearon y usaron el instrumento. Muchos otros pertenecen a coleccionistas o a museos y carecen de la información que los relacionaría con su procedencia.

Los quipus están hechos de una serie de cordones de algodón o lana que cuelgan de una cuerda principal. Cada uno puede tener varios nudos, cuyo tipo y cuya ubicación transmiten un significado. Es posible que el color de los cordones usados para hacer la cuerda y la forma en la que aquéllos están trenzados sean parte del sistema de almacenamiento y transmisión de información del quipus.

Los investigadores han tenido un conocimiento básico desde hace mucho tiempo del sistema numérico incorporado a los quipus, en el que los nudos representan números, y la relación entre ellos y los cordones puede representar operaciones matemáticas, como sumas y restas.

Sin embargo, los investigadores han podido identificar el significado de cualquier indicador no numérico en los quipus, y, como resultado, no pueden interpretar ninguna palabra o frase que no sea matemáticas.

Ahora, los investigadores en Incahuasi esperan que al estudiar los quipus y compararlos con otros en una enorme base de datos, puedan encontrar que los que se descubrieron con los cacahuates contenían un color, un nudo u otro indicador de “maní”. Lo mismo es válido para los que se hallaron con los chiles, frijoles y maíz.

“Podemos examinar cómo difieren los quipus del ají de los quipus del maní, y de los quipus del maíz en términos del color y otras características, y podemos acumular una especie de vocabulario de signos de cómo querían decir esto o lo otro en su mundo”, explicó Gary Urton, un destacado experto en quipus que está estudiando el nuevo tesoro con Alejandro Chu, el arqueólogo que dirigió la excavación.

“No es la gran Piedra Rosetta, pero es un nuevo cuerpo de datos importante con el que trabajar”, señaló y agregó: “Es tremendamente emocionante”.

Por ahora, los 29 quipus de Incahuasi, cuya antigüedad es de unos 500 años, están guardados en una modesta casa de ladrillo en un barrio residencial de Lima, junto con algunos objetos de otras excavaciones, incluidas dos momias (de un niño y un perro), algunas bolsas con huesos humanos, docenas de textiles frágiles, enrollados entre capas de papel, y diversas ollas meticulosamente reconstruidas a partir de fragmentos.

La casa pertenece a Patricia Landa, una conservadora arqueológica, que también tiene una colección de gatos y perros, incluidos tres perros peruanos sin pelo, del tipo que alguna vez criaron los incas para comerlos.

Es Landa quien toma los quipus de Incahuasi, algunos de los cuales se encontraron muy bien enrollados y otros en un montón enmarañado y revuelto; los limpia y desenreda con esmero, y los prepara para que los descifren los investigadores.

“Tienes una relación muy especial con el material”, dijo Landa de 59 años. “Yo les hablo. Les digo: ‘Discúlpenme por perturbar su descanso, pero nos están ayudando a entender a sus antepasados”.

Incahuasi, que significa “casa del emperador inca”, fue una ciudad que se utilizó como base de operaciones de la invasión inca de la costa sur de Perú a finales del siglo XV y principios del XVI, después de lo cual se convirtió en un próspero centro administrativo, según el arqueólogo Chu. Estaba ubicada en las áridas colinas, arriba de un verde valle del río Cañete.

“Es probable que hubiera mucho movimiento, con caravanas de llamas que traían los productos agrícolas”, dijo.

Podría ser que el almacén donde se encontraron los quipus, se utilizara para guardar los alimentos necesarios para la gran cantidad de tropas que se desplazaron para la invasión.

Los incas, quienes estaban altamente organizados y gobernaban una vasta zona, habrían utilizado los quipus para llevar el registro de las provisiones y es probable que se mandaran copias de las cuerdas a un centro administrativo, como Cusco, la capital inca, donde se podían leer, checar y, quizá, archivar. Incluso, en la excavación en Incahuasi se han encontrado lo que son, esencialmente, duplicados de conjuntos de quipus amarrados juntos, lo que los investigadores creen que podría haberse hecho cuando se contaban dos veces algunos productos, quizá para garantizar la precisión de la contabilidad.

A uno de los quipus encontrados en el sitio le habían desatado los nudos, lo que sugiere que los contadores habían “borrado” la información almacenada para que pudiera reutilizarse, notó Landa.

Al parecer, los quipus que se encontraron en Incahuasi son todos para contar frijoles, literalmente. Sin embargo, documentos coloniales indican que los quipus tuvieron muchos usos, tanto en el periodo prehispánico como en la colonia, que iban más allá de la contabilidad e incluían registros de información calendárica y relatos históricos.

Documentos coloniales muestran que, en algunos casos, como en disputas por la tierra, los litigantes indígenas leían los quipus y un secretario del juzgado metía la información en actas del juicio.

Urton ha creado una base de datos de todos los quipus conocidos, unos 870, con información detallada de dos tercios de ellos, en la que se registra configuración, colores, valores numéricos y otros datos.

Debido a que los quipus de Incahuasi parecen ser inventarios relativamente simples de productos agrícolas, podría ser más fácil descifrarlos que los más complejos que registran información histórica, comentó Chu.

Y un adelanto en el descifre de los quipus de Incahuasi podría ser el primer paso para leer versiones más complejas.

“Si podemos encontrar la conexión entre los quipus y el producto con el que se los encontró, podemos contribuir al descifre de los quipus”, explicó Chu.

Urton notó que la diferencia entre los quipus de contabilidad en Incahuasi y otros más complejos “es la diferencia entre, digamos, tu formato para declarar impuestos y una novela”. Sin embargo, también podrían tener similitudes claves: “En ambos se usa el mismo lenguaje, en ambos se usan los mismos números cuando se usan números, y están en el mismo sistema de escritura”.

Se detuvieron las excavaciones en Incahuasi por falta de financiamiento. Todavía se tiene que excavar gran parte del vasto complejo de almacenamiento, y Chu espera que haya más quipus ahí.

“Fue muy emocionante encontrarlos”, comentó Chu. “Empezamos a encontrar bodegas y no pensamos que encontraríamos algún quipus. Luego, comenzamos a quitar la tierra y vimos los nudos”.