Por Alfonso Solórzano Arias

El año que acaba de transcurrir (2015), fue sin duda un año sorprendente para muchos de nosotros, no solo fuimos testigos del resurgimiento de ataques terroristas hacia los pueblos europeos por parte del llamado Estado Islámico (ISIS) o del acercamiento político y económico entre Cuba y los Estados Unidos, sino también de cuatro circunstancias sumamente interesantes: la victoria electoral de Mauricio Macri en Argentina, la derrota del oficialismo chavista en Venezuela, la consolidación del poder político-militar de Vladimir Putin en la política internacional y nacional de Rusia, y la enorme ventaja de puntos electorales que consiguió el pre-candidato republicano Donald Trump.

En el caso del ascenso por parte de las fuerzas opositoras en Argentina (Macri) y Venezuela (M.U.D.), éste se generó en gran parte por la lamentable administración del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner (en Argentina) y de Nicolás Maduro (en Venezuela); en el caso argentino, si bien la ex presidenta Cristina logró continuar con ciertas políticas sociales iniciadas por su fallecido esposo Néstor Kirchner, tal como lo fueron el fortalecimiento de organizaciones obreras así como la nacionalización parcial de industrias clave, como lo fueron las telecomunicaciones y las líneas ferroviarias, no obstante estas victorias políticas, el gobierno de Cristina Fernández se vio opacado por severas acusaciones de corrupción y enriquecimiento ilícito, así como por los efectos de una inflación promediada en un 20% anual para el 2015, la cual a su vez generó que el peso argentino sufriese una devaluación, lo que llevó a tener un tipo de cambio oficial y uno de mercado negro.

En el caso de Nicolás Maduro las cosas fueron mucho peor, para empezar, el actual presidente de Venezuela aún no ha conseguido utilizar plenamente el sistema heredado por su antecesor Hugo Chávez, sumado a su poco tacto con la oposición así como su pobre respuesta política a la situación económica inflacionaria por la que pasa actualmente Venezuela; por lo visto el sistema venezolano quedó demasiado grande para Nicolás Maduro, además de que su poca “madurez política” lo ciega de buscar otras alternativas de soluciones o de rodearse de nuevas personalidades políticas que generen soluciones innovadoras para resolver los problemas de inflación, inseguridad y corrupción que son los que más aquejan al pueblo venezolano. En estos dos casos latinoamericanos, podemos ver que la llegada al poder de las fuerzas de la oposición fue básicamente propiciada por un intento de “castigar” electoralmente las malas administraciones, más que visualizar positivamente a la oposición.

En el otro lado de la moneda, tenemos en la Europa oriental al presidente ruso Vladimir Putin y en el continente americano al magnate y político estadounidense Donald Trump. En el caso de Rusia, Putin ha demostrado un poder político y militar que no se había visto desde la antigua URSS, antes de la década de los ochenta, ya que este hombre logró reposicionar a Rusia en el panorama internacional en menos de 10 años y logró también devolver el status de “gran potencia” a Rusia que su predecesor, Boris Yeltsin, había perdido; pero no solo es en el panorama internacional donde la figura del presidente ruso es tanto admirada como temida, según datos recientes el índice de aprobación de Vladimir Putin está a punto de tocar el 90%, esto significaría que prácticamente 9 de cada 10 rusos están de acuerdos con la forma en que su presidente está gestionando.

Por lo que respecta a Trump, si bien él no es un hombre al mando de una nación, sí aspira a serlo, y su popularidad va en aumento considerable en el partido republicano, opositor a la actual gestión de gobierno estadounidense encabezada por Barack Obama, estando no sólo en primer lugar dentro de los aspirantes a candidato presidencial, sino que aventaja por al menos el doble de puntos porcentuales a su competidor republicano más cercano; es muy probable que esta subida en las encuestas se deba principalmente al tipo de discurso que el señor Trump ha sabido utilizar a su favor, un discurso fuertemente nacionalista y sobre todo “alternativo”; el uso de términos “políticamente incorrectos” como lo son las críticas a la migración y su singular “forma de reconocimiento” a regímenes dictatoriales en medio oriente, generan que Trump parezca la clase de persona que cumplirá con lo que dice, tal como ha venido haciendo Vladimir Putin en Rusia.

Luego entonces, en el caso del presidente ruso y el magnate estadounidense, podemos observar que ambos tienen un patrón de incremento de apoyo en las masas gracias a su forma de manejo del populismo actual, difiriendo considerablemente de Cristina y Maduro, a pesar de que estos dos personajes también manejaron y continúan manejando un discurso y comportamiento de corte populista.

Analizando la situación por la que han pasado estos cuatro personajes ya mencionados, cabe señalar que si bien todos emplearon una especie de populismo contemporáneo para generarse apoyo en las masas, al final de cuentas el resultado no fue el esperado por parte de los dirigentes latinoamericanos, pues en su caso, el bolsillo de los ciudadanos fue más fuerte que cualquier discurso conmovedor, lo que no ha sucedido con Trump y Putin, aun cuando el primero ha mostrado un discurso de intolerancia y políticamente “incorrecto”, y el segundo ha sido golpeado por sanciones económicas de occidente, esto probablemente se deba al estilo de sus respectivas actitudes y objetivos a los cuales estuvieran dirigiendo sus discursos, Trump al sector conservador estadounidense y Putin al sector que “añoraba” la gloria soviética en Rusia.

Podemos concluir indicando que aun en estos tiempos de la llamada posmodernidad, donde cada vez las ideologías se mezclan más unas con otras y donde el pragmatismo tanto político como económico está incrementándose internacionalmente, tácticas de antaño como el populismo aún pueden seguir teniendo una enorme validez, como una de muchas formas de intentar consolidar el poder político en algún Estado, no obstante nos debe quedar muy claro que el populismo por sí mismo siempre ha sido un medio y no un fin, pues la historia ha demostrado que tanto puede haber “buenos” gobiernos populistas como no populistas, así como “malos” gobiernos tanto populistas como no populistas.

* Egresado de Derecho y Ciencia Política del Instituto de Estudios Tecnológicos y de Estudios Superiores de Monterrey