Por Columba Arias Solís/ Grupo Crónicas Revista

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Como cada año, una vez terminado el maratón de festividades conocido como Guadalupe Reyes, los mexicanos inician el camino cuesta arriba que representa enero, con su cauda de gastos por cubrir y cuando ya no hay ingresos disponibles, ni siquiera en aquel sector de la población que cuenta con la fortuna de poseer un empleo, mucho menos en aquellos que sobreviven en la informalidad.

Año con año subir la cuesta de enero cuesta mucho más trabajo, con los ahorros agotados, las deudas contraídas, alzas de los precios en los diferentes productos, el desánimo invade hasta al más enjundioso, especialmente cuando no hay datos que permitan documentar optimismo alguno.

El ciudadano percibe que seguirá apretándose el cinturón para afrontar los gastos de los servicios por pagar: los relativos a los bienes inmuebles que año con año van alcanzando cifras superiores, quienes poseen algún vehículo, tendrán que desembolsar para los derechos correspondientes, pero sobre todo para lo más elemental que es la canasta alimentaria, cuya lista de productos se reduce cada día ante la brecha entre los altos precios y los salarios tan bajos.

En ese contexto, las noticias internacionales y nacionales no contribuyen a mejorar la percepción de una futura mejoría, por el contrario, sumen más en el desánimo cuando advierten que la volatilidad del mercado internacional, la debilidad en que se encuentra la economía china arrastran a nuestro país en una vorágine de caída en los precios del petróleo, donde la mezcla mexicana de este producto ha llegado a su precio más bajo desde el año de 2003.

Alarmantes las notas nos advierten que esa debilidad del mercado chino y la caída en los precios del petróleo impactaron fuertemente en la moneda mexicana y que por tanto, en el mercado internacional, el peso fue la divisa más depreciada respecto al dólar, y en estos días alcanza ya la cotización de veinte pesos por un solo dólar.

Sin entender los entresijos del sistema financiero internacional, o los fenómenos de la economía mundial, o a los especialistas gubernamentales que ante la depreciación del peso frente al dólar, nos advierten que el mismo puede traer beneficios a la economía mexicana, como más competitividad en los salarios a nivel internacional y en el consumo interno, porque según explican a causa de que el tipo de cambio sube, algunos de los productos importados elevan su precio, por ende son sustituidos por mercancías de origen nacional, los ciudadanos de a pie, advierten en este mes de enero, que la cuesta es más empinada para subir, puesto que sus ahorros – quienes los tuvieron- están agotados, acumulan una serie de deudas, hay múltiples alzas en ciertos artículos de primera necesidad y en las tarifas de servicios, por tanto ansiosamente esperan a que llegue la primera quincena de 2016 los que habrán de recibirla, mientras otros se agregan a las filas de las casas de empeño.

Más allá del análisis de la economía mundial, de las bolsas de valores, sus caídas y recuperaciones o de los índices internacionales de los precios, el ciudadano percibe que 2016 será otro año difícil y que sus ingresos disponibles no le alcanzarán para afrontar las necesidades familiares.

El panorama no es alentador para el país, así lo demuestran los datos proporcionados por distintas autoridades y organismos: la creación de empleos disminuyó en 2015, apenas se crearon 644 mil 446 empleos, casi 10 por ciento menos que en el año 2014, mientras que en diciembre de 2015 por factores estacionales –según las autoridades del IMSS- se registró una pérdida de 303 mil 714 empleos, caída que no se observaba desde 2008 el año de la crisis global. De los empleos que se perdieron, el 54.8 por ciento fueron de carácter permanente (166 mil 485) y 45,2 por ciento fueron temporales (137 mil 229).

Por lo que respecta al Estado de Michoacán, las cosas no pintan de ningún modo mejor y en el tema económico el ambiente es absolutamente desolador. El nuevo comienzo se ha tropezado ante la realidad desastrosa de una entidad quebrada, – asunto que además ya se conocía- donde se ha mantenido en el arcano las investigaciones –si es que las hubo- sobre los responsables de los quebrantos financieros al erario público. Diciembre pasado estuvo plagado de marchas, manifestaciones y plantones que la burocracia universitaria y gubernamental desplegaron ante los incumplimientos en los pagos de nóminas, aguinaldos, bonos y demás gratificaciones.

El gobierno presentó y el legislativo aprobó un presupuesto deficitario que aun con el altísimo incremento a los servicios administrativos, o con el polémico reemplacamiento vehicular, será imposible de cubrir. No habrá tijeretazo en las dependencias deficitarias para sanearlas. No se advierte de dónde entonces se pueden proveer los recursos económicos indispensables no ya para el desarrollo de la entidad, sino simplemente para cubrir los adeudos pendientes y el gasto de la burocracia. De nuevo se recurre al expediente de la contratación de deuda. Así se pretende subir la cuesta.