Preocupaciones

Por Columba Arias Solís / Grupo Crónicas Revista

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Las primeras semanas de enero han transcurrido entre el desborde mediático provocado por la captura del famoso capo, nota que ha ocupado la mayoría de los espacios y redes sociales, desde el amarillismo y la nota roja; paradójicamente, los mismos que la difunden la apuntan como cortina de humo para desviar la atención de los problemas que aquejan la economía nacional. Como si verdaderamente las correrías de la vida delictiva del sujeto de marras pudiera acabar con las preocupaciones que sobre diversos rubros sufre la población mexicana.

Desde el sexenio pasado, la percepción de los mexicanos sobre la situación del país ha sido negativa, especialmente en lo que se refiere a las cuestiones económicas y a la seguridad; no obstante que en el inicio de la actual administración federal, el gobierno logró revertir la percepción más bien hacia la temática económica, a la mitad de este sexenio de nueva cuenta la preocupación por la inseguridad va aparejada con la de la economía personal, ligada ésta a conseguir empleo o a conservar el que se tiene. Ya en el pasado 2015, el empleo constituía el aspecto de la vida nacional que a los mexicanos les parecía más urgente resolver.

Por supuesto, no es gratuita la percepción sobre la problemática nacional de inseguridad, desde 2011 la violencia de la delincuencia organizada ha obligado a cientos de miles de personas a dejar sus hogares en diversos estados de la República entre los que destacan Chihuahua, Tamaulipas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz y Michoacán, así lo documentan en su estudio las investigadoras Laura Rubio y Daniela Bachi, quienes apuntan que los desplazados son víctimas tanto de la delincuencia como de las autoridades de todos los niveles.

Mientras que las mujeres y niñas siguen siendo víctimas frecuentes de violencia que tantas veces concluye con la muerte, como se desprende de los datos de la Carga Global de la Violencia Armada que en su informe de 2015 suman más de mil 900 mujeres y niñas que en seis años fueron asesinadas en el país.

La inseguridad entonces, sigue siendo el gran pendiente a resolver por las autoridades de los distintos niveles de gobierno y uno de los problemas más sentidos de la población mexicana.

Otra de las preocupaciones de la población, se refiere al acceso al sistema de salud, a tener la posibilidad de atender sus padecimientos sin que haya que pagar los altísimos costos de la atención médica privada, imposibles para quienes apenas cuentan con los salarios mínimos que ni siquiera alcanzan para la canasta básica alimentaria, y si bien es cierto que la cobertura del seguro popular ha disminuido considerablemente el porcentaje de población carente de servicios médicos asequibles, es bien sabido y sentido que la prestación de dichos servicios deja mucho que desear y la queja sobre los mismos es constante y persistente.

Al respecto, el Estudio de la OCDE sobre los Sistemas de Salud México 2016, señala que “un problema fundamental radica en que la atención médica se presta por medio de diversos institutos de seguridad social desconectados entre sí. Cada año, cerca de un tercio de las personas se ven forzadas a cambiar de médico sencillamente porque cambian de empleo”.

De acuerdo con el estudio “esto interrumpe la continuidad de la atención médica, que es fundamental para proveer servicios médicos de alta calidad, en especial para quienes tienen padecimientos crónicos. Esta situación también conduce a un mal uso de los recursos, ya que una persona tiene que ser atendida en múltiples sistemas a lo largo de su vida e incluso a lo largo de un mismo tratamiento”.

La situación anterior se refiere a quienes se encuentran dentro de algún sistema de salud, empero, todavía existen 4 millones de mexicanos mayores de 5 años que no tienen acceso alguno a servicios de salud, y aunque el seguro popular tiene como objetivo reducir los gastos de salud de la población más pobre del país, lo cierto es que –según el informe de la ASF- el 46 % de los hogares afiliados al programa gastan de su bolsa los pagos por atención médica, hospitalarios o medicamentos.

Los anteriores, son unos cuantos de los problemas que aquejan al país y constituyen preocupaciones reales y sentidas por su población, por ende, la captura de los capos de la delincuencia organizada o no, pueden en todo caso ocupar o distraer a los ciudadanos, pero la triste realidad de los problemas no habrá de desaparecer aun con el estruendo mediático ocasionado por tales sucesos.