Azam Ahmed/Paulina Villegas/New York Times News Service

El linchamiento comenzó alrededor de las 7:20 p.m. poco después de que los hermanos terminaran de realizar sus últimas entrevistas en torno al consumo de la tortilla.

Los habitantes los confrontaron, confundiéndolos con un par de secuestradores. La Policía confirmó que los dos hombres, de hecho, eran encuestadores de una compañía mercantil y los pusieron rápidamente a salvo. Pero los irritados habitantes tañeron las campanas de la iglesia en la plaza central del poblado de todas maneras, convocando a cientos de personas.

La muchedumbre arremetió contra los portales en arco del centro gubernamental, incendiaron la biblioteca y tomaron a los hermanos, quienes estaban siendo custodiados por la Policía. Finalmente, un hombre portando un casco de motociclista, calmadamente caminó hasta el centro de la enardecida multitud, roció a los semiconscientes hermanos con gasolina y les prendió fuego con un cerillo.

El horrendo video de un teléfono celular del episodio fue transmitido por varios días en los noticieros locales el pasado otoño, condenando el hecho. Los funcionarios culpan a la multitud y a rumores de que había secuestradores levantando niños de la calles. Un funcionario local sugirió que fue el partido opositor el que instigó semejante atrocidad.

Pero la gente de Ajalpan tiene otra explicación: cansados de la corrupción del gobierno y su indiferencia, la muchedumbre tomó la justicia en sus manos, parte de un longevo problema que según funcionarios mexicanos dicen que está a la alza.

Los asesinatos ponen en dificultades a México, poniendo énfasis en un alarmante acontecimiento: de acuerdo con algunos informes, hubo más linchamientos públicos el año pasado que en cualquier otro tiempo en más de un cuarto de siglo. El año pasado hubo 78 linchamientos en México, más del doble de los registrados el año anterior, de acuerdo con datos recolectados por Raúl Rodríguez Guillén, profesor y autor del libro “Linchamientos en México, 1988-2014”.

Las acciones de la muchedumbre tienen su origen en la desesperanza e impotencia que comparten muchas personas en México, donde el 98 por ciento de todos los asesinatos quedan sin resolverse y el estado se encuentra virtualmente ausente en algunas áreas. Según algunos estimados, sólo el 12 por ciento de todos los delitos son denunciados en México, en gran parte debido a una falta de fe en que en verdad se llegue a hacer justicia.

Tal vacío, llevado a los extremos, ha encontrado su resolución en la violencia.

“Hay una crisis en términos del crecimiento de la violencia y de la delincuencia, en paralelo con la erosión de la autoridad y la ley”, dijo Guillén. “Estos linchamientos adquieren un doble sentido. La gente lincha tanto al sospechoso como al símbolo de la autoridad”.

Las entrevistas con docenas de habitantes sobre el linchamiento de los hermanos –David y José Abraham Copado Molina– revelan una falta de remordimiento. Al final, el miedo de que los dos sospechosos pudieran escapar con la ayuda de la Policía fue más fuerte que las preocupaciones de llegar a derramar sangre inocente.