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Una decisión de cubrir estatuas desnudas de la antigüedad romana durante una visita del Presidente de Irán, Hassan Rouhani, ha generado ridiculización y expresiones de desdén en Italia –buena parte dirigidos al gobierno italiano– y acicateado un debate sobre la identidad nacional.

Las estatuas, en un corredor que conduce a un gran salón en los renombrados Museos Capitolinos de Roma, estaban cubiertas por altas cajas blancas de cara a una conferencia que Rouhani llevó a cabo con el Primer Ministro de Italia, Matteo Renzi. Una de las estatuas era la “Venus Capitolina”, copia romana de una legendaria obra de Praxiteles del siglo IV a. C.; algunas de las otras esculturas eran de antiguos dioses griegos y romanos, vestidos mínimamente, si acaso.

A medida que Irán se comunica de nuevo con el mundo tras haber alcanzado un acuerdo el verano pasado para reducir su programa nuclear a cambio del levantamiento de las sanciones económicas, el incómodo episodio dio la impresión de un ejemplo de primera del choque cultural: un austero gobierno islámico que promueve castidad y piedad conoce a una cultura nominalmente católica romana, pero en su mayoría laica, que tiene la reputación de acoger los placeres de la vida.

Sin embargo, eso también dejó a los italianos haciéndose una pregunta fundamental: ¿Quién ordenó el encubrimiento?

Algunos informes de medios sugirieron que la delegación iraní les había pedido a oficiales italianos que ocultaran las estatuas para evitarle a Rouhani cualquier vergüenza potencial. Otros informes fueron hojeados nerviosamente (y quizá con demasiado celo) por burócratas italianos. Un periódico incluso informó que en el gran salón del Capitolino donde hablaron los dos dirigentes, el atril fue colocado al lado –no al frente– de una estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, al parecer a fin de evitar tener imágenes de los genitales del caballo apareciendo en fotografías de noticiarios.

Es evidente que el gobierno italiano no anticipó el clamor y burlas que se dieron después. Un cartón que estuvo circulando presentaba un azorado Rouhani, con las cajas en el fondo, preguntándole a Renzi: “¿A dónde me trajiste? ¿Ikea?”

Sin embargo, muchos detractores italianos dijeron que la decisión de cubrir con cajas los desnudos no era cosa de risa.

“Estatuas cubiertas, un tema global”, proclamó voz en cuello el diario de Milán Corriere della Sera, que dedicó dos páginas de artículos y comentario al tema.

Massimo Gramellini, columnista del diario de Turín La Stampa, dijo que haber cubierto las estatuas era un cobarde acto de “sumisión” en un editorial de primera plana. Tuvo el propósito, dijo, de asegurar que Rouhani no sufriera un “choque hormonal y rompiera los contratos apenas firmados con nuestras industrias italianas”.

Rouhani se estará reuniendo con dirigentes europeos está semana tras el levantamiento de sanciones en contra de su país bajo el acuerdo que Irán firmó el verano pasado con seis potencial mundiales, y la Unión Europea, para reducir su programa nuclear. A la par de Renzi, Rouhani se reunió con el Papa Francisco y tenía programado reunirse con el presidente de Francia, François Hollande, este jueves.

Rouhani, de 67 años de edad, viene de una familia religiosa, pero tiene un doctorado en leyes por la Universidad Caledonia de Glasgow, en Escocia, y no es conocido como integrante de la línea dura. Sin embargo, la política de Irán es sumamente compleja y las cuestiones religiosas son vigiladas cuidadosamente por el régimen teocrático que ejerce el máximo poder en Teherán, incluyendo al líder supremo, Ayatolá Ali Jamenei. En Irán, está prohibida la mayoría de las descripciones públicas de nudismo.

El mismo Rouhani abordó el tema este miércoles, amonestando a los medios por sacudir el avispero. “Sé que los italianos son muy hospitalarios e intentan hacer todo por tranquilizar a sus huéspedes, y les doy las gracias por esto”, dijo, diplomáticamente.

Algunos detractores italianos, si bien no atacan a Rouhani, acusaron al gobierno de anteponer los intereses económicos al legado cultural.

“El problema es que esas estatuas –sí, esos iconos de clasismo y modelos de humanismo– son los cimientos de la cultura y civilización europea y mediterránea”, escribió el columnista Michele Serra en La Repubblica. Ocultarlas, escribió, “es ocultarnos a nosotros mismos”. Para no ofender al presidente iraní, nos ofendimos a nosotros mismos”.

Políticos de la oposición acusaron a Renzi de ser un cobarde. “Esta sumisión, la entrega de nuestro arte y cultura, es la esencia de la política de Renzi”, escribió un legislador de Forza Italia, Renato Brunetta, en página de Facebook este miércoles, acusando al primer ministro de recurrir a retórica nacionalista para ganar votos pero después, traicionar los valores italianos.

“Puedes hacer grandes tratos, discutir formas de alcanzar la paz, sin renunciar a uno mismo”, escribió Brunetta. “Tan solo vean al papa. Él no cubrió los crucifijos cuando recibió a Rouhani”.

Algunos notaron que todo el alboroto pudiera haberse evitado llevando a cabo una conferencia de prensa en un ambiente diferente, potencialmente menos ofensivo.

Oficiales en los Museos Capitolino dijeron este miércoles que la oficina de Renzi había tomado la decisión, pero funcionarios gubernamentales dijeron que ellos no habían sabido nada al respecto.

El ministro de Cultura Dario Franceschni insistió en que ni él ni Renzi habían sido informados de la decisión. “Creo que fácilmente hubo otras formas de no ir en contra de la sensibilidad de un invitado tan importante que esta incomprensible decisión de cubrir las estatuas”, declaró ante reporteros este miércoles, claramente molesto por la atención que el tema ha captado.

A medida que Rouhani salía de Italia para sus reuniones con Francia, algunos italianos no dejaban de hablar. “Tan solo veamos lo que hacen los franceses”, dijo Stefano Dorelli, originario de Roma, reflexionando sobre engañosas cuestiones de protocolo. “Yo no creería que ellos cubrirían estatuas incluso si lo viera con mis propios ojos”.

Los franceses ya han experimentado cierta incomodidad siendo anfitriones de Rouhani. En noviembre, durante una visita del presidente iraní, funcionarios del gobierno eliminaron un almuerzo planeado en el Palacio del Eliseo, supuestamente luego que los iraníes insistieran en que no se sirviera vino.