Febrero: Episodios de colonialismo y de libertad

Por Hugo Rangel Vargas/Grupo Crónicas Revista

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La caprichosa historia colocó en el 2 de febrero dos hechos distanciados no sólo por siglos, si no por los efectos futuros para la vida de América Latina: en 1508 ocurre la incorporación de las indias a la Corona de Casilla, mientras que en 1999 asciende al poder en Venezuela, Hugo Chávez Farías.

El acuerdo tomado por las cortes en Valladolid, España, en 1508; deja sentir sus consecuencias hasta nuestros días en la cultura de América Latina, pero mas allá de eso, marca la visión con la que occidente contempló a nuestro continente desde aquel lejano siglo XVI.

Si Isabel la Católica había señalado en su codicilo de 1504 que “el dicho reino de Granada y las islas Canarias e islas y Tierrafirme del Mar Océano descubiertas y por descubrir, ganadas y por ganar, han de quedar incorporadas en estos mis reinos de Castilla y León”, la posición de las potencias económicas en el ulterior devenir de la historia no ha sido distinta en relación con la América Latina.

Repleta de despojos, la historia del subcontinente latinoamericano ha tenido que cargar además con la pesadumbre del sometimiento a un orden internacional que coloca a estos pueblos en la indignante condición de estar permanentemente intervenidos por una oligarquía que expolia recursos naturales e impone a castas gobernantes como gerentes.

Sin embargo, una luz se abrió en América Latina el mismo 2 de febrero pero de 1999 con la llegada al poder en Venezuela del régimen bolivariano de Hugo Chávez. A su llegada al poder, el nuevo gobierno entendió la condición ventajosa que tenia la posesión de la riqueza energética en su territorio y Chávez emprendió un fuerte activismo al interior de la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

La burocracia gobernante antes del ascenso de Calvez en Venezuela había sostenido una fuerte confrontación con la OPEP y estaba prácticamente generando un proceso de desmantelamiento de la empresa Petróleos de Venezuela, llevando a las reservas petroleras al mínimo histórico de 78 mil millones de barriles y en proceso de descenso por el agotamiento de los pozos, debido a la irracional explotación de las compañías internacionales que operaban mediante contratos de servicios.

A la llegada de Chávez, el precio de la mezcla venezolana se encontraba en 9 dólares por barril, y para el 2008 este ya había superado los 130 dólares. Detrás de este crecimiento del precio del crudo, que se vio reflejado en el incremento de las rentas petroleras para Venezuela; se encontró la recomposición solidaria de las relaciones con los países productores de petróleo, logrando que para el 27 y 28 de septiembre de 2000 se celebrara la II Cumbre de Jefes de estado y de gobierno de la OPEP, después de 40 años de existencia del organismo.

El interés de las oligarquías y las potencias internacionales sobre los recursos naturales de la América Latina ha sido un eje estratégico de la agenda global. Como en 1508, la tentación colonialista permanece en la visión de los nuevos potentados. Frente a ello, la lección que ha dejado Hugo Chávez, hoy a 17 años de su llegada a Miraflores, debe permanecer en la conciencia de los latinoamericanos que podemos encontrar ahí la ruta libertaria y del ejercicio de nuestra soberanía, no como parte de la retórica política, sino como un acto de autoridad sobre los recursos que se asientan en nuestros territorios.