Bernie Sanders: La esperanza de lo imposible.

Hugo Rangel Vargas

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Los estrechos márgenes con los que puede ser conducido un enorme aparato tal como lo es la sociedad norteamericana, resultan significativos para anclar el optimismo al terreno de lo concreto. No obstante ello, explorar alternativas y atreverse al riesgo de lo novedoso puede ser aleccionador en una democracia como la estadounidense que deslumbró a pensadores tan brillantes como Alexis de Tocqueville.

El precandidato presidencial demócrata, Bernie Sanders, se ha osado a reanimar el debate sobre el verdadero contenido de la democracia norteamericana colocando el dedo en la llaga sobre temas políticamente incorrectos para una clase política que se ha estacionado en una zona de confort sin ofrecer a los ciudadanos de aquel país ideas innovadoras.

El senador de Vermont –autoproclamado socialista, en un país que ha anatemizado a esta posición ideológica desde hace décadas- tiene en su agenda política electoral temas que son abordados sin complejos, ni lugares comunes: licencias de maternidad pagadas para los trabajadores, educación superior gratuita, cambio climático, reforma migratoria y del sistema judicial, salud pública universal, fin de las aportaciones de los consorcios a las campañas políticas y regulación a Wall Street.

Con su imagen desalineada y su discurso ligero, se ha ganado las simpatías de un sector del electorado que parecía alejado de la política en Norteamérica: los jóvenes; quienes le llevaron a conseguir el empate técnico con Hillary Clinton en la elección interna de Iowa. Y es que ahí, Sanders se alzó con el 84 por ciento de los votos de los electores entre 17 y 29 años, frente al 14 por ciento de Clinton.

El reciente triunfo del demócrata en la interna de New Hampshire lo coloca en la ruta del crecimiento electoral y de las expectativas de triunfo para una campaña hecha a contrapelo de los intereses tradicionales que operan en las sucesiones presidenciales norteamericanas.

En abono a las posibilidades reales de triunfo del oriundo de Brooklyn, habrá que anotar la más reciente encuesta de la NBC que lo coloca como un candidato más competitivo que Clinton en el cara a cara contra los prospectos presidenciales más sólidos del partido Republicano: Ted Cruz, Donald Trump y Marco Rubio. Así, mientras Hillary sólo lograría el triunfo frente a Trump por un estrechísimo margen; Sanders derrotaría a los tres republicanos con diferencias de al menos 19 puntos.

Pero la complejidad del sistema electoral norteamericano abre espacios para la discrecionalidad. De ello dan cuenta el par de elecciones en las que George Bush hijo ganó la presidencia de aquel país. En la del año 2000, su contendiente Al Gore, obtuvo medio millón de votos populares por encima de Bush, sin embargo en el Colegio Electoral éste último ganó la mayoría de sufragios. De igual manera, la elección de 2004 no estuvo exenta de cuestionamientos por parte del candidato republicano, John Kerry, sobre la validez de la votación en Ohio.

Sin embargo renunciar al optimismo es una opción, más que una alternativa racional. El crecimiento de la campaña de Sanders ha demostrado que la sociedad norteamericana está en reconstitución permanente y que han comenzado a caer estigmas y temas intocables en el imaginario colectivo de los electores estadounidenses.

La militancia progresista del posible candidato demócrata, su agenda radical, su estilo renovado y fresco; no serán sin embargo suficientes para reconducir al país más poderoso del mundo hacia un cambio que beneficie no únicamente a los norteamericanos, sino al mundo entero. De ganar la presidencia, Sanders estaría sólo con su agenda en la Casa Blanca porque sus posturas parecen estar distantes de las de la mayoría de congresistas y gobernadores.

Sin embargo, la enorme energía social que ha desatado la puerta abierta de la utopía por la que se conducen los miles de voluntarios jóvenes y de ciudadanos que con sus aportaciones individuales han hecho de la estructura de campaña de Bernie una poderosa organización política; podrían ser el refuerzo social que en las calles de Norteamérica empujen la esperanza al terreno de los hechos. “Feel the Bern”, no sólo es un slogan lleno de inteligencia publicitaria; representa también el anhelo de una sociedad que parecía condenada al desahucio.