Las ONG’s, la laicidad y sus contradicciones

Por Alejandro Díaz Pérez /Grupo Crónicas Revista

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Resumen: Numerosas organizaciones de la sociedad civil suscribieron una carta abierta al Papa Francisco para solicitarle se refiera a las violaciones de derechos humanos existentes en México, sin embargo advierto una peligrosa ambigüedad en dicha petición que será motivo del presente análisis.

Palabras clave: derechos humanos, ONGs, Papa Francisco, iglesia católica, laicidad.

Al menos 79 organizaciones no gubernamentales, dedicadas a la defensa y promoción de los derechos humanos, firmaron un “carta abierta” dirigida al S.S Francisco, Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano.

En dicha misiva, los ONGs solicitaron que en los encuentros oficiales de la próxima visita al país, el Papa Francisco se refiera a la alarmante situación por la que atraviesa México en materia de derechos humanos. La carta, describe también la situación extrema de inseguridad, violencia, impunidad y las alarmantes cifras de personas asesinadas, desaparecida, desplazadas y torturadas.

Asimismo, le piden al Papa Francisco se refiera a los crímenes de odio por homofobia, a la violencia contra las mujeres, al desplazamiento forzado interno, migrantes, y la responsabilidad que el ejército y la marina del país han tenido en la comisión de graves violaciones a los derechos humanos.

Finalmente, las Organizaciones suscribientes reconocieron “la labor de la Santa Sede en la promoción del (sic) derecho humanitario internacional así como por la defensa de la dignidad humana durante los conflictos armados y en tiempo de paz, por lo que confiamos en que, no solo su mensaje espiritual, sino su solidaridad internacional hacia las víctimas, ayudará a que no se pierda de en la paz y la justicia en nuestro país”.

El pronunciamiento de un número extenso de Organizaciones de la Sociedad Civil (algunas de ellas con un prestigio notable) expone un tema no menor: el problema de la laicidad y sus contradicciones.

Resulta obvio decir, que toda democracia contemporánea es plural e incluyente en la medida en que goza de igual protección aquel que opta libremente ejercer una convicción ética o religiosa, como quien decide no tener ninguna. Más allá de ello, sin profundizar en como un Estado Laico (como México) debería asumir políticamente la visita oficial del sumo pontífice de una Iglesia en particular, quiero destacar la peligrosa ambigüedad que representa que numerosas Organizaciones de la Sociedad Civil, pidan al Papa Francisco se refiera a la situación de los derechos humanos en el país.

Una petición de este calibre, no puede ser de ninguna manera aséptica. Por un lado, cuando se le solicita a un representante de una ideología en particular (iglesia católica) se posicione claramente sobre una cuestión, la respuesta que realice dicha entidad no podría ser objetiva en términos morales, esto es, cualquier posición que se pida a la Iglesia católica será asumida en relación con su propia ideología. La iglesia católica tiene una cosmovisión determinada y caracterizada por su dogmatismo y esencialismo –como no podría ser de otra manera- y necesariamente para dicha confesión ninguna moral es aceptable si no es compatible con un plan divino (lo mismo valdría decir, si la petición fuera formulada al Califa del Islam o al Gran Rabino del judaísmo).

Nos enfrentamos entonces a una pregunta fundamental ¿la iglesia católica es parte de la solución o parte del problema de las violaciones a los derechos humanos? la respuesta no es tan obvia como prima facie parece asumirse, y es que cuando las Organizaciones confían en que un “mensaje espiritual ayudará a que no se pierda de en la paz y la justicia en nuestro país”, el argumento remite a una solución de tipo “espiritual” y de “fe”, como si los profundos problemas del país pasaran por la decidida intervención de una institución confesional que adopta una ideología.

Por otra parte, existe suficiente evidencia empírica que demuestra que la iglesia católica históricamente ha cometido numerosas violaciones a los derechos humanos. Desde casos vinculados con abusos sexuales a menores hasta violaciones a los derechos humanos de las mujeres de distintas maneras. La iglesia ha sido una institución que secularmente ha sido patriarcal, machista, misógina y ha mostrado una oposición absoluta a los derechos de igualdad de grupos de la diversidad sexual (por ejemplo matrimonio y adopción igualitaria).

Parece contraintuitiva la manera en que se le pide a una institución que vulnera sistemáticamente los derechos humanos, se pronuncie sobre dichas violaciones de manera oficial. Esta carta abierta implícitamente da por hecho –sin más- que la moral católica es compatible en todos los casos con la defensa de los derechos humanos. Asimismo, omite deliberadamente exigir que la institución confesional investigue de manera transparente y exhaustiva las vulneraciones que comete.

En suma, aunque resulte legítimo que las ONGs del país pidan al jerarca de una confesión religiosa asuma una determinada posición sobre la situación de los derechos humanos, asumiendo por éstas un criterio puramente utilitarista, la debilidad de los argumentos mostrados en la carta pública es evidente. Las violaciones a los derechos humanos de ninguna pueden solucionarse con argumentos de tipo “espiritual” o de fe, éstos deben reservarse al ámbito de las convicciones personales. La iglesia católica no parece ser parte de la solución sino en realidad representa un problema más para generar una efectiva garantía de los derechos humanos.