NYT/ Por Kimiko de Freitas Kimura

Los maestros del niño se estaban preocupando cada vez más. Él hablaba lleno de admiración de Jihadi John, el notorio ejecutor británico por Estado Islámico, y expresaba el deseo de viajar a Siria.

Dos veces, los maestros refirieron al muchacho –adolescente de Blackburn, en el norte de Inglaterra– a un programa del gobierno llamado Prevent, creado para detectar las primeras señales de extremismo e intervenir antes de que fuera demasiado tarde.

En ambas ocasiones, el niño –luchando con sus estudios después de que sus padres se separaran y retraído socialmente debido a una enfermedad degenerativa que borraba su visión– se negó a participar en sesiones enfocadas a prevenir su radicalización.

La necesidad de ese tipo de programas se ha vuelto mucho más aparente en las consecuencias de los ataques de París en noviembre, que fueron perpetrados principalmente por ciudadanos europeos que se radicalizaron en casa. El programa británico es visto como algo similar a un modelo por otros países, incluido Estados Unidos.

Sin embargo, fomentar en otros ciudadanos que identifiquen a potenciales radicales también ha hecho que surjan dudas con respecto a la creación de perfiles raciales y religiosos y el equilibrio entre seguridad y libertades civiles, desatando un debate aquí en torno a si Prevent genera el riesgo de alienar incluso más a musulmanes en Reino Unido.

Al mismo tiempo, el programa británico ha expuesto las limitaciones de un enfoque que se apoya en la cooperación voluntaria de aquellos que son identificados como amenazas potenciales. En el caso del muchacho de Blackburn, cuyo nombre no se ha divulgado debido a su edad, la policía lo arrestó después de que se enterara de que él había hecho un detallado plan para una matanza inspirada en Estado Islámico en Australia.

En octubre pasado, fue sentenciado por incitar al terrorismo en el extranjero y se convirtió, a los 15 años de edad, en la persona más joven que es sentenciada a cadena perpetua en Reino Unido en un caso de terrorismo.

El programa Prevent, lanzado por el Primer Ministro Tony Blair en las consecuencias de los atentados con bombas en Londres del 7 de julio de 2005, alienta y en algunos casos requiere a los británicos que estén atentos a señales de radicalización en sus comunidades y que alerten a las autoridades sobre personas que pudieran convertirse en riesgos, antes de que se tornen violentos. Una vez que una persona es identificada, las autoridades juzgan si la amenaza de radicalización basta para justificar asesoría ulterior; si es así, se ofrece a la persona en riesgo un lugar en una porción voluntaria del programa Prevent conocida como Channel, que busca alejar del extremismo a los participantes.

El año pasado, el gobierno del Primer Ministro David Cameron expandió el alcance del programa, haciendo que sea una obligación legal para escuelas, hospitales, gobiernos locales, servicios sociales y prisiones señalar conducta extremista ante las autoridades. Sus oponentes dicen que ese requisito genera el riesgo de convertir a Gran Bretaña en un estado de vigilancia, en el cual una sección de la población es alentada a husmear a todos los demás.

El presupuesto anual de Prevent por 65 millones de libras (94 millones de dólares) cubre el costo de apoyar organizaciones comunitarias que ayudan a grupos en riesgo, como jóvenes marginados o mujeres británicas de fe musulmana aisladas de la sociedad general. El mes pasado, Cameron anunció un fondo de 20 millones de libras para enseñarles inglés a mujeres musulmanas. Las comunidades que están aisladas, destacó, son potenciales semilleros para los terroristas.

El programa Prevent suministra instrucción a docentes, médicos, trabajadores sociales y oficiales tanto carcelarios como de vivienda con respecto a la manera de detectar las primeras señales de radicalización. Los oficiales del programa explican, por ejemplo, la influencia de Anwar al-Awlaki, clérigo nacido en Estados Unidos que fue muerto en un ataque estadounidense con dron en Yemen, en 2011, pero quien sigue inspirando a jóvenes milicianos islámicos a través de videos de sus conferencias, disponibles en línea.

A los maestros se les entregan diccionarios para ayudarles a que identifiquen palabras árabes empleadas por Estado Islámico como “Dawla/Dawlá”, término usado por sus seguidores para describir al grupo; el peyorativo “kaffir/kuffar” para referirse a personas que no son musulmanas; y palabras menos obvias como “rafidha”, término derogatorio para referirse a musulmanes chiíes.

La Oficina del Interior dijo que más de 400,000 empleados del sector público habían asistido a conferencias sobre el programa. Les dan una lista de 22 “factores contribuyentes” que indican el potencial de un individuo para comprometerse con un grupo extremista, incluyendo la pérdida de interés en amigos y actividades, renuencia a escuchar otros puntos de vista, uso de términos derogatorios para otro grupo y condonar la violencia.

Esos indicadores, descritos en el cuadernillo de la guía Prevent, incluyen también a personas con “habilidades ocupacionales que pueden facultar actos de terrorismo” tales como la ingeniería civil, farmacología o experiencia técnica, incluyendo en tecnología informática, químicos o entrenamiento militar.

Como parte del esfuerzo, las escuelas han instalado aparatos de monitoreo en computadoras escolares, facultando a maestros y administradores para ver el tipo de material que sus estudiantes están viendo en línea.

Sin consideración a cuán imperfecto sea, Prevent es sobre “concientizar a los maestros de que algunos de sus alumnos pudieran seguir la dirección” del terrorismo, dijo Raffaello Pantucci, el director internacional de estudios de seguridad en el Instituto Real de Servicios Unidos. Él sacó a colación el ejemplo de cuatro jóvenes de la Academia Bethnal Green en Londres, que viajaron a Siria el año pasado.

“Claramente estaba en marcha un mini movimiento social dentro de esa escuela”, dijo. “Esos maestros ahora saben qué buscar y cómo informarles a las autoridades”.

Patsy Kane es la directora ejecutiva de dos preparatorias femeniles en Mánchester. La mayoría de las 2,500 pupilas son musulmanas, dijo, y las escuelas ya han lidiado con temas delicados, como el de estudiantes obligadas a contraer matrimonio. Prevent, dijo, “es un deber agregado, un deber moral”.

“No puedes eliminar el riesgo, y no podemos controlar quién está influyendo sobre nuestros estudiantes fuera de la escuela”, dijo. “Sin embargo, lo que podemos hacer es encontrar narrativas alternativas, como las proporcionadas por desertores de Estado Islámico, e intentar corroer el celo misionario del grupo”.

Cualquiera marcado por el programa es revisado varias veces por la policía y oficiales locales. Si se hace una derivación normal, la persona es alentada a participar en Channel, el programa de para eliminar la radicalización. A menudo, esto involucra a un imán que hace la parte de asesor, psicoterapeuta y académico religioso.

En los primeros seis meses de 2015, hubo un total de 3,228 referidos, con base en las cifras más recientes del Consejo Nacional de Jefes de Policía.

Dos tercios de los derivados venían de escuelas, servicios sociales y practicantes de cuidado de salud. Menos de 10 por ciento venía de comunidades locales, sugiriendo que musulmanes, entre otros, ven con recelo a Prevent. Debido a las derivaciones, se impidió que 46 personas viajaran a Siria y 225 “están siendo disuadidas exitosamente de emprender actividad extremista relacionada con Siria”, informó el consejo de jefes de policía. Una mayoría de las derivaciones fueron de musulmanes.

Sin embargo, el éxito en la esfera personal puede tener su precio.

Shashank Joshi, prominente investigador sénior en el Instituto Real de Servicios Unidos, dijo que le preocupaba que incluso “el debate pacífico, legítimo pudiera ser arrastrado a las garras de un estado de seguridad”. Eso pudiera socavar los esfuerzos del gobierno y llevar a que verdaderos extremistas se internen más profundamente en la clandestinidad, dijo.

Algunos musulmanes dicen que han sido atacados de manera específica y que Prevent ha incrementado la desconfianza al gobierno.

El Consejo de Mezquitas Waltham Forest con sede en Londres, que representa a 70,000 fieles, dijo en una declaración que “no tenía confianza en Prevent” y tildó de racista al programa. Reaccionó con enojo a un cuestionario distribuido por el Consejo Waltham Forest el año pasado, que preguntaba a niños de educación primaria sobre sus creencias. A los niños les pidieron que respondieran a declaraciones que incluían: “Los libros religiosos deben entenderse palabra por palabra”, “Yo creo que mi religión es la única correcta”, y “Yo haría lo que un adulto me ordenara incluso si me pareciera raro”.

En el caso del escolar de Blackburn, su abogado dijo que él sabía que lo que había hecho estaba mal, pero el juez que presidia dijo que el adolescente solo había “hablado de dientes para afuera” con respecto a los intentos por reformarlo.

El muchacho está siendo puesto en un programa obligatorio en un centro juvenil para detenidos y pudiera ser liberado de custodia en cinco años, pero solo si se considera que ha purgado sus opiniones sobre Estado Islámico.