WSJ

¿Se encamina EE.UU. a una recesión? Los mercados sugieren que sí.

El Promedio Industrial Dow Jones acumula una caída de alrededor de 14,5% desde su máximo alcanzado en mayo. Los rendimientos de los bonos de mayor riesgo siguen aumentando y los inversionistas se han refugiado en la seguridad de los bonos del Tesoro estadounidense, dejando sus rendimientos por los suelos. La cotización del crudo ha rondado sus niveles más bajos de casi 12 años y medio.

Sin embargo, las cifras de la economía estadounidense no indican recesión. El crecimiento del empleo en enero fue saludable y las empresas tienen problemas para cubrir sus vacantes.

Esta dicotomía se refleja perfectamente en dos índices elaborados por la consultora Cornerstone Macro. Uno de ellos, que recurre a indicadores financieros como el mercado de acciones y el rendimiento de los bonos corporativos, asigna una probabilidad de 50% a que EE.UU. esté en recesión. El otro, que reúne cifras macroeconómicas como la morosidad de los préstamos y los ingresos reales, reduce esa probabilidad a 28%.

Las predicciones de los mercados a menudo fallan, pero en algunas circunstancias pueden ayudar a hacerlas realidad. Los puntos económicos de inflexión son impredecibles porque no son causados solamente por factores mecánicos, como las tasas de interés o los salarios, sino por cambios psicológicos. Los mercados influyen en la psicología de las empresas cuando les envían la señal de si deben invertir o contratar. El temor a una recesión puede así convertirse en una profecía auto-cumplida.

ENLARGE

No es solamente la ansiedad acerca del crecimiento y los precios del petróleo lo que afecta la psicología de los inversionistas, sino también la política económica. ¿Seguirá la Reserva Federal subiendo las tasas de interés? ¿Volverá China a devaluar el yuan? ¿Abandonará Gran Bretaña la Unión Europea? ¿Elegirán los estadounidenses a un presidente populista que intente cambiar el orden económico? La incertidumbre política ha generado una “prima de riesgo” que disminuye lo que los inversionistas están dispuestos a pagar por acciones y bonos.

Sin duda, la economía muestra grietas. El sector manufacturero de EE.UU. estaría en recesión debido a la caída de las exportaciones y las drásticas reducciones de pedidos de equipos de energía. Jason Thomas, de la firma de private equity Carlyle Group, dice que si bien la inversión en equipos de negocios representó apenas 6% del Producto Interno Bruto en 2008, contribuyó casi 50% a la caída del PIB en 2009. Esto influye en el ciclo económico porque las empresas pueden cancelar o postergar fácilmente esas compras. Por otra parte, las compras de casas y automóviles por parte de los consumidores son igualmente discrecionales y se mantienen relativamente robustas.

Hasta ahora, EE.UU. se ha mantenido firme. Entre diciembre y enero hubo un aumento de 151.000 empleos y debido a que el trabajador promedio trabajó más tiempo, el total de horas trabajadas creció a su ritmo más acelerado desde julio. Las nuevas solicitudes de seguro de desempleo, después de aumentar durante enero, cayeron bruscamente la semana pasada.

Por cierto, las turbulencias del mercado pueden mermar el crecimiento económico al empobrecer a las familias y privar del crédito a las compañías. El informe bianual de política monetaria de la Reserva Federal, publicado el miércoles pasado, no muestra evidencia de la clase de crisis que le cierra el acceso al crédito a las empresas: los mercados de financiación a corto plazo funcionan con normalidad. Y para la mayoría de las familias, la pérdida de riqueza en la bolsa es menos importante que el aumento del año pasado en los precios de las viviendas.

No obstante, los rendimientos de los bonos como los emitidos por las compañías de energía han aumentado más que lo que las probabilidades de incumplimientos pueden justificar, y los bancos han comenzado a endurecer los criterios de financiamiento.

Tales alteraciones en las condiciones financieras pueden producir cambios desproporcionados en el comportamiento de consumidores y empresas. Bob Hall, economista de la Universidad de Stanford, señaló en un trabajo de hace dos años que la contratación de un empleado es una inversión similar a la compra de maquinaria. La rentabilidad de este tipo de inversión decae cuando la “tasa de descuento” de ganancias futuras sube debido al aumento del riesgo percibido. Por lo tanto, Hall considera que la caída de las bolsas a menudo coincide con un alza del desempleo, porque ambos reflejan mayores tasas de aversión al riesgo y de descuento.

El descenso de los mercados, el deterioro de la psicología y la debilidad económica pueden retroalimentarse. En el pasado, cuando esta espiral viciosa amenazaba con hacer caer a la economía en recesión, los bancos centrales intervenían; hoy disponen de menos herramientas para hacerlo.

La Fed todavía no oprime el botón de pánico y tiene buenas razones para ello. La economía estadounidense está cerca del pleno empleo, el banco central elevó las tasas en un cuarto de punto porcentual en diciembre y señaló que las podría subir un punto porcentual durante este año. Cuando Janet Yellen, presidenta de la Fed, compareció ante el Congreso la semana pasada, los inversionistas esperaban que echara por la borda tales promesas. Como es lógico, Yellen dijo que eso habría sido “prematuro” y al mismo tiempo enfatizó que las tasas no están en una trayectoria “preestablecida”.

De todos modos, la mayor preocupación no es si la Fed abandonara su campaña de alzas de tasas, sino si podría recortarlas lo suficiente para marcar una diferencia en caso de ser necesario. Hace dos semanas, el Banco de Japón redujo las tasas de interés a territorio negativo, algo que el Banco Central Europeo hizo en 2014. En teoría, esto debería reconfortar a los inversionistas, ya que muestra que a los bancos centrales no se les acaban las municiones cuando las tasas llegan a cero. En lugar de ello, los mercados parecen confundidos: ¿ayudarán realmente las tasas negativas? ¿O simplemente socavarán las ganancias de los bancos?

Las acciones de los bancos europeos están siendo vapuleadas en parte por el temor a que los reguladores, para mantener las reservas de capital de los bancos, forzarán a algunos de ellos a convertir deuda en capital, diluyendo a los accionistas. Irónicamente, los reguladores incorporaron este tipo de medidas en su arsenal para proteger a los contribuyentes de los rescates de las crisis financieras. Pero, como observa Krishna Guha de Evercore ISI, el resultado de esta medida es procíclico, lo que significa que agrava más que alivia el estrés. Los bancos cuyas acciones están siendo más golpeadas son menos propensos a otorgar crédito.

A su vez, la incertidumbre política puede empeorar este año. El Reino Unido probablemente votará por permanecer o no dentro de la Unión Europea. Si opta por hacer las maletas, Escocia podría luego pronunciarse a favor de su independencia del Reino Unido. Las victorias del candidato republicano Donald Trump y del demócrataBernie Sanders en las elecciones primarias de Nueva Hampshire la semana pasada aumentan las probabilidades de que los estadounidenses elijan en noviembre a un presidente populista con una plataforma de cambios económicos radicales.

“Los inversionistas no pueden desestimar las probabilidades de un desenlace extremo de la elección que represente un riesgo significativo para el mercado de acciones”, dijo Andy Laperriere,analista político de Cornerstone Macro.