Editor's Rating

9

OBAMA, LA MUERTE DEL JUEZ SCALIA Y LOS EQUILIBRIOS POLITICOS EN LA SUPREMA CORTE

Por Teresa Da Cunha Lopes/ Grupo Crónicas Revista  

Resumen: Constitucionalmente, Obama no solo tiene el derecho, sino también la obligación de nominar el sustituto de Scalia en la Suprema Corte.El “precedente” de no nombrar jueces a la Suprema Corte en año de elecciones, reivindicado por los republicanos es falso

DraTeresaDaCunhaLopes

Teresa Da Cunha Lopes

Constitucionalmente, el Presidente Obama no solo tiene el derecho, sino también la obligación de nominar el sustituto de Antonin Scalia en la Suprema Corte. Constitucionalmente, el Senado tendrá que ratificar o, en su  caso rechazar, a través del voto el nombre propuesto por Obama. Es evidente que cualquier que sea el perfil que Obama escoja para el lugar del Juez Scalia, esta nominación va alterar el equilibrio interno vigente en la Suprema Corte desde el 2010, en lo que se ha definido como “The Robert’s Court”.

"The Robert's Court"

“The Robert’s Court”

Si bien no debemos olvidar que en este momento ( y en otros) los equilibrios en la Corte reflejan los enfrentamientos políticos , ya que  al momento de la emisión del voto los jueces no tienen puntos de vista personales, sí pronunciamientos que son al mismo tiempo jurídico-doctrinales y altamente políticos, el hecho es de que el “precedente” de la tradición de no nombrar jueces a la Suprema Corte en un año de elecciones, tal como lo reivindica un sector de los republicano, nunca ha existido y que además puede ser una posición que divida aún más al propio Partido republicano.

Es más, estoy totalmente convencida de que el posicionamiento hecho público por diversos candidatos republicanos es un razonamiento, fundamentalmente errado y que sólo evidencia su desconocimiento de la arquitectura constitucional del país que aspiran a presidir.

La Constitución estadounidense no estipula que los presidentes están limitados en esta tarea por el momento cuando se produce una vacante ni por las condiciones del contexto político. No hay un solo párrafo o nota de pie de página en todo el texto constitucional  que afirme que los presidentes sólo podrán desempeñar sus funciones (su deber constitucional) en sus primeros términos. Tampoco hay una nota al pie que diga que los miembros del Senado sólo  proporcionarán consejo y consentimiento apropiado cuando un presidente se encuentra en su primer mandato. Y ciertamente no existe una sola línea en que la redacción de la Magna Carta  sugiera que el candidato de un presidente a la Corte deba reflejar  la ideología del juez que él o ella reemplazaría.

Sin embargo, no niego y no olvido que la composición de la Corte es altamente política, hecho que además es reforzado por el propio procedimiento de nombramiento de los jueces, que es un proceso político.  Y que ese carácter político sea un evidente elemento de debate en año electoral. Pero, precisamente, el hecho de que la composición de la Corte es un asunto de política, no es prejudicial en sí mismo, sí un elemento del ADN de las democracias en que los equilibrios y la independencia entre los tres poderes se dirimen a través de procesos políticos.     

En  medio de un año electoral formateado por un populismo rampante y con el voto dividido a lo largo de la histeria de las “guerras culturales” sobre el aborto, el matrimonio gay , la pena de muerte, el derecho a portar armas y la acción afirmativa, es evidente que los grupos ideológicamente enfrentados quieren arrancar la posición  abierta en la Corte con la muerte de Antonin Scalia.

Lo que está  en juego es el futuro de la democracia americana y de las libertades individuales. Obama tiene no solo el derecho, como la obligación constitucional de proponer un perfil para remplazar la vacante en la Suprema Corte. El peso político de la Corte es enorme, aún que no todos estén de acuerdo en la interpretación del alcance del mismo. Muchos observadores sociales y analistas políticos, naturalmente, se preguntan cuán grande es el peso de la diversidad de ideas políticas  de los jueces y que papel en realidad juegan en la conformación de las sentencias. En respuesta, otros observadores, jurisprudentes eminentes y reconocidos estudiosos de las Ciencias Jurídicas, no tienen reparos en sostener que las preferencias políticas de los jueces juegan un papel importante, esencialmente al momento de dictar sus decisiones en casos cuyo sentido jurisprudencial abre la vía para el reconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales y para la protección de nuevas opciones de vida de los individuos o bien cuando estas decisiones son el último reducto de defensa del individuo frente al estado . Antonin Scalia fue durante su larga carrera como Juez un ejemplo perfecto del peso de las opciones ideológicas-políticas personales de un Juez sobre el sentido de las posiciones  jurisprudenciales de las sentencias y de los votos particulares emitidos sobre asuntos que van desde el derecho a la vida, sobre el nivel de protección de los derechos de las minorías (mujeres, gays, etc) y sobre el funcionamiento de los equilibrios republicanos y del sistema electoral.

Juez Antonin Scalia /Foto: Mark Avery/ZUMA Press)

Juez Antonin Scalia /Foto: Mark Avery/ZUMA Press) 

Durante años, Antonin Scalia fue un acérrimo defensor de la letra de la constitución, oponiéndose en todas ocasiones al “creacionismo jurídico” y a que las decisiones de la Corte suplantasen el privilegio legislativo del Congreso Federal y de los Congresos de los Estados.

O sea, fue un líder  de aquellos  que creen que la Constitución debe interpretarse de acuerdo con lo que significaba cuando fue adoptada por primera vez por los Padres fundadores y de que las leyes deben interpretarse mirando sólo a los textos. En su opuesto, el grupo cuyo liderazgo se encuentra en la persona de la Jueza Ruth Ginsburg (con la cual Antonin Scalia, a pesar de su continuo enfrentamiento ideológico y doctrinal siempre mantuvo una grande amistad) defiende que el significado de la Constitución puede cambiar con el tiempo o que la evidencia documental que rodea la promulgación de una ley puede ser útil en su interpretación.

Pero, en su conjunto, ambos grupos creen en la importancia del conocimiento doctrinal, de la superioridad de la techné procesal y en que la dignitas inherente a la función debe ser asumida en todo momento y que las tres condiciones son fundamentales para el buen funcionamiento de la Corte como un pilar del estado de derecho y de la democracia.

Si bien predijo que el  perfil que Obama enviará al Senado para ocupar el lugar del conservador Antonin Scalia será seguramente un perfil moderado – aglutinador de consensos y  lejos de las opciones anteriores que llevaron a la Corte a la Jueza Sonia Sottomayor y a la Jueza Elena Kagan – , en última instancia esa será una decisión política del Poder Ejecutivo y no una obligación constitucional de perpetuar la línea doctrinal del Juez anterior.

El Presidente Obama puede decidirse por una opción que refleje  respeto tanto para la memoria de Justicia Scalia- a quien reconoció como “uno de los jueces y pensadores que formarán parte de la historia del Tribunal Supremo ” y como jurista que “dedicó su vida a la piedra angular de nuestra la democracia: el estado de derecho “, y de los dictados de la Constitución, pero constitucionalmente puede nominar a un perfil completamente opuesto. Es un privilegio del ejecutivo, al cual Obama no está dispuesto a renunciar para “calmar” a los republicanos, elección o no elección de por medio. De hecho, ya lo anunció : “Tengo la intención de cumplir mis obligaciones constitucionales a designar un sucesor a su debido tiempo”, (…) “Habrá  tiempo suficiente para hacerlo, y para que el Senado cumpla con su responsabilidad de dar a esa persona una audiencia justa y una votación oportuna.”

El presidente no es ingenuo. Él sabe que su candidato debe obtener la aprobación de por lo menos un puñado de votos de senadores republicanos para ser aprobado. Pero el presidente Obama ya ha nominado a dos juezas  (Sottomayor y Kagan) que aún que en su momento polarizaron los debates,  han sido confirmadas con mayorías bipartidistas. O sea Obama  tiene una historia de encontrar el equilibrio adecuado. Ese es el verdadero precedente.    

Obama tiene razón en su determinación de abrazar las responsabilidades de su cargo y de cumplir con sus obligaciones constitucionales. Como en muchos otros asuntos, los candidatos republicanos están errados y sus posiciones partidistas rayan en la frontera de la negación de una Constitución, que paradójicamente proclaman ser los únicos defensores.