La visita del Papa Francisco y el mensaje que México no escuchó

Por Sergio Alberto Nájera Villegas

Sergio Nájera Villegas

En su primera visita oficial el Papa Francisco dirigió un duro mensaje a todos los criminales y narcotraficantes de México, sin excluir a los poderes facticos y formales que han contribuido a la tragedia mexicana: los gobiernos, los políticos, los empresarios y, además, los jerarcas de la propia iglesia.

Corrupción, privilegios, narcotráfico, violencia, falta de justicia, explotación, ganancias a costa de la “vida” de los otros; son parte de la realidad social que enfrentan los mexicanos día tras día, razón por la cual se convirtieron en los ejes rectores presentes en los diferentes discursos pronunciados por el Papa Francisco durante su visita a diferentes estados de la republica mexicana.

Al comenzar sus discursos ante la “tristemente célebre y pobre” clase política de México lo hizo de la siguiente manera:

A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz”.

La riqueza de bienes que han sido dados para todos y utilizándolos tan solo para mí o para los míos, es tener el “pan” a base del sudor del otro, o hasta de su propia vida. Esa riqueza que es el pan con sabor a dolor, amargura, a sufrimiento, en una familia o en una sociedad corrupta es el pan que se le da de comer a los propios hijos”.

Sus palabras contra la degradación del nivel de vida de los mexicanos encuentra plena justificación y fundamentación, ya que en los últimos años, y dentro de América Latina, México se ha caracterizado como el único país que vive una tendencia regresiva en materia de reducción de la pobreza. Actualmente se calcula que unos 55 millones de personas en México están sumidos en la pobreza, hablamos más o menos de un 46% de la población total del país.

En los últimos tres años ha empeorado la situación, las cifras sumaron un millón más de pobres, los abusos de derechos humanos a diestra y siniestra prevalecen en la mayoría de los estados, aunado a que actualmente no existen indicadores de que la calidad de la justicia que haya mejorado.

Las matanzas y crímenes de Estado ejecutados por policías y militares encuentran el respaldo del gobierno, ya sea ocultando información, distrayendo la atención a través de distintas evasivas o simplemente con una rotunda negativa escudada en el discurso de que “ningún agente actúa fuera del marco de la ley”, como ejemplo basta con mencionar la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, así como las matanzas de Tlataya en el Estado de México y Tanhuato en el estado de Michoacán.

En México las graves violaciones de derechos humanos continúan siendo una constante estructural e histórica en el país a pesar de diversas reformas en materia de justicia y derechos humanos, lo que evidencia una clara conexión entre la impunidad y la corrupcion frente a estos terribles crímenes.

Por desgracia, las violaciones a los derechos humanos no son una realidad que se limita únicamente a las entidades federativas donde éstas se producen, por lo cual el gobierno federal tiene el deber de desarrollar los mecanismos pertinentes para ejercer una función más concreta de supervisión y control.

A esta situación recayeron sus siguientes palabras:

Cada vez que buscamos el camino del privilegio o el beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo. Solo comenzando por las familias; acercándonos y abrazando la periferia humana y existencial de los territorios desolados de nuestras ciudades; involucrando las comunidades parroquiales, las escuelas, las instituciones comunitarias, las comunidades políticas, las estructuras de seguridad, solo así se podrá liberar totalmente de las aguas en las cuales lamentablemente se ahogan tantas vidas, sea la de quien muere como víctima, sea la de quien delante de Dios tendrá siempre las manos manchadas de sangre, aunque tenga los bolsillos llenos de dinero sórdido y la conciencia anestesiada”.

Con motivo de la visita papal testimonios de pederastia clerical se hicieron escuchar en redes sociales, pues a pesar que en México se conocen más de 500 casos, los representantes del Vaticano nunca se han reunido con las víctimas.

Por este motivo las autoridades eclesiásticas no estuvieron exentas de señalamientos similares, y ante los purpurados el Jefe de la Iglesia Católica instó: “Sean obispos de mirada limpia, de alma transparente, de rostro luminoso. No le tengan miedo a la transparencia. La Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”.

En este punto, menciono algo muy interesante y significativo al señalar lo siguiente:

Vigilen para que sus miradas no se cubran de las penumbras de la niebla de la mundanidad; no se dejen corromper por el materialismo trivial ni por las ilusiones seductoras de los acuerdos debajo de la mesa; no pongan su confianza en los carros y caballos de los faraones actuales, porque nuestra fuerza es la “columna de fuego” que rompe dividiendo en dos las marejadas del mar, sin hacer grande rumor”.

El Papa insistió a los clérigos a no actuar como parte intrínseca del Estado:

Que todos los que en esta casa se preparan al presbiterado tengan presente siempre a Jesucristo, El Señor y a Su Madre Santísima, que ellos los preparen para ser pastores del pueblo fiel a Dios y no ‘clérigos de Estado’.

De acuerdo con algunos representantes de asociaciones civiles en defensa del ciudadano los mensajes emitidos por el Papa contra la corrupción y la explotación son correctos, aunque falto que fuera específico en exigir un alto a la violencia. Pero el duro mensaje político y las alusiones directas a la realidad mexicana fueron importantes ya que permitieron visibilizarlas.

Activistas y organizaciones pedían que el Papa se pronunciara sobre la violencia y crisis de derechos humanos en el país que desde 2007 ha dejado más de 27 mil desaparecidos y al menos 180 mil muertos, el Papa no lo hizo.

Es una visita incómoda para él y para el Estado, conociendo al Papa Francisco hubiera querido ser más radical, pero ha sido certero en el tema y no lo ha dejado sin tocar.

Lo anterior nos hace reflexionar en la verdad que encierran las palabras que el Papa algún día manifestó con respecto a México: “Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror”. El comentario fue apenas una muestra de que el Papa sabía que pisaría un país acorralado por los fantasmas de la violencia y la impunidad que han dejado en los últimos diez años, unos 180 mil muertos, otros miles de desaparecidos y millones de desplazados. Como dijo él mismo días atrás, una nación con su “pedacito de guerra”.