Trump y Sanders. Las dos caras de la moneda

Por Alfonso Solórzano Arias */ Grupo Crónicas Revista

Como es sabido, actualmente los Estados Unidos de América están justo en la temporada para elegir a los dos ciudadanos que serán los futuros candidatos para las elecciones presidenciales de fin de año. Este rito electoral viene realizándose cada cuatro años, sin embargo ahora está ocurriendo algo que prácticamente no se había visto nunca en la historia estadounidense.

Por el lado del partido republicano (popularmente conocido por su conservadurismo social y defensor del llamado “libre mercado”) está posicionado con el mayor número de delegados electorales el polémico magnate Donald Trump, siguiéndolo en segundo y tercer lugar Ted Cruz y Marco Rubio, ciudadanos de origen hispano, que aún se encuentran demasiado distanciados de Trump; por el lado demócrata se encuentra en primer lugar la ex primera dama Hilary Clinton, quien posee el mayor número de delegados electorales, sin embargo muy de cerca la sigue el senador por Vermont, Bernie Sanders.

En el caso de Donald Trump, se aprecia que este personaje ha venido agrandando su popularidad a través del sector conservador de la sociedad estadounidense, basándose en discursos de odio xenofóbico y racial así como en criticar el sistema político actual, señalando como principales culpables a los demócratas dirigidos por el presidente Barack Obama, pero quizá lo más notorio en su postura política es su oposición fáctica al libre comercio, política económica que siempre ha caracterizado a EUA.

A Trump se le puede considerar como una especie de idealista conservador, pues visualiza un estado en el cual las poderosas empresas estadounidenses se instalen y generen empleo en los Estados Unidos antes que en cualquier otro país y que esto reditúe en mayor empleo para los ciudadanos, sin entrar en el análisis de las severas consecuencias que se tendría en las relaciones de comercio con países como China o México.

Por lo que respecta a su postura internacional, en este caso Trump no tiene miedo de admitir que colaboraría con regímenes no democráticos de forma pública, con tal de generar “estabilidad” en el mundo, es más, incluso el magnate ha demostrado cierta simpatía por el presidente ruso Vladimir Putin, al punto en que dijo que estaría dispuesto a tener una relación cordial con Rusia si llegara a ser presidente.

Por su parte, Bernie Sanders realmente nunca ha sido un partidario del partido demócrata, él se encontraba como independiente cuando estaba ejerciendo el cargo de senador, pero lo verdaderamente impresionante es que en su postura ideológica se autodefine como un socialista, término que en Estados Unidos está considerado como un tabú.

En sus discursos, Sanders hace hincapié en que realizará una especie de “revolución política” en Estados Unidos si es electo presidente y que aplicará toda la justicia contra los grandes magnates de Wall Street, a quienes considera como los verdaderos causantes de la actual disparidad en la riqueza de Estados Unidos, sin mencionar otros proyectos como la idea de ampliar el sistema médico de Obama así como más intervención del recurso público en la educación, proyectos que realmente parecerían no provenir de un político estadounidense promedio, además de su abierta postura contra el sistema capitalista estadounidense actual.

Estos dos casos si bien pueden verse completamente opuestos, encuentran un punto en común, el desencanto de la sociedad estadounidense con su sistema político actual. Ambos candidatos proponen cada uno a su manera un enorme cambio al llamado statu quo que rigió los Estados Unidos desde la segunda guerra mundial hasta nuestras fechas. Trump promete un gobierno cínico, nacionalista, de economía capitalista cerrada y por lo visto intolerante con aquellos que Trump considere como “dañinos” para el desarrollo de Estados Unidos, sin embargo el atreverse a señalar abiertamente todas estas características le hace ver –para sus partidarios- como el candidato más honesto frente al resto de los candidatos republicanos.

Sanders por su lado, ha prometido atacar de frente a los grandes financieros, a los que el movimiento de Ocupa Wall Street señaló como el “1%” de los que acapararon la riqueza de Estados Unidos y evidentemente por lo mismo se ha generado la idea de que él no se subyugará ante la voluntad de los grandes empresarios de Wall Street, mismos que han financiado muchas campañas incluida la de su rival Hilary Clinton.

Hace diez años nadie hubiera pensado en que estas rarezas políticas tuvieran el más mínimo rango de posibilidades a suceder en la presidencia de un país como Estados Unidos, sin embargo, no solo acaban de entrar en el escenario político sino que ambos candidatos tienen amplias posibilidades de quedar con la nominación de sus respectivos partidos.

El famoso filósofo y escritor estadounidense, Noam Chomsky, señalaba que Trump era un político surgido a raíz del fracaso del sistema neoliberal en Estados Unidos y de cómo esto afecto al sector más conservador de este país, sin embargo hasta cierto punto Sanders también es una respuesta al debacle del neoliberalismo, aunque en su caso, vendría representando la inconformidad de los sectores más progresistas de la población, y es que efectivamente a muchos miembros del pueblo estadounidense ya no le está gustando la idea de un sistema capitalista que genera disparidad y que únicamente da beneficios directos a las grandes empresas transnacionales, mismas que realmente no muestran interés alguno por el desarrollo social de su país de origen.Eso explica la postura de Sanders de tomar represalias contra Wall Street.

Por supuesto, las ideas de Sanders no son las de Trump, pero éste pretende, forzar a las compañías estadounidenses operantes en México y China a abandonar esos países y volver a producir y contratar en su tierra natal.

Las campañas electorales apenas están comenzando y muchas cosas pueden ocurrir de un momentos a otro, y tal vez al final ninguno de estos dos políticos contrarios al llamado statu quo, quede electo como presidente en Noviembre, sin embargo el que hayan llegado tan lejosos deja mucho en que pensar, pues esto puede ser una señal de que en realidad el sistema político estadounidense está alcanzando su límite y por lo mismo su sociedad está cada vez más deseosa de transformarlo. Tal vez esto sea el comienzo de un próximo cambio en los Estados Unidos de América.

* Licenciado en Derecho y Ciencia Política.