La Fuerza de las Mujeres

Por Columba Arias Solís/ Grupo Crónicas Revista

Columba Arias Solís, Maestra en Derecho Civil y Analista Política

Columba Arias Solís, Maestra en Derecho Civil y Analista Política

Según las últimas estadísticas del INEGI, de los 52.1 millones que constituyen la fuerza laboral activa en nuestro país, 19.7 millones son mujeres, lo que significa que un buen número de ellas sigue desempeñando exclusivamente las tareas del hogar. No obstante que la fuerza laboral de las mujeres es inferior en número, supera a los varones en cuanto a promedio de escolaridad, toda vez que alcanza los 10 años de escolaridad en tanto que el porcentaje de los hombres se queda en 9.6 años cursados.

Señala el INEGI que la estructura ocupacional del país es “terciarizada”, esto quiere decir que el grueso de la fuerza laboral se concentra bien en el comercio o en las diferentes modalidades de prestación de servicios, lo que representa el 61.6 por ciento, mientras que el resto se reparte en las manufacturas (16.0%), actividades agropecuarias y forestales (13.9%), construcción (7.7%) e industria extractiva (0.8%) .

La participación de las mujeres en la fuerza laboral se distribuye en diferentes ocupaciones: en el servicio doméstico remunerado donde representan el 90%; de los trabajadores de la educación, son el 61%; de vendedores y trabajadores ambulantes son el 60%. De entre los profesionistas son el 41%; de quienes tienen ocupaciones técnicas son el 40%, mientras que son el 39% de quienes desempeñan labores de supervisión y coordinación de trabajadores manuales.

De acuerdo con los estudios del INEGI, cuando se trata de posiciones jerárquicas la participación de la mujer desciende por debajo de la proporción que representan en la ocupación total, puesto que solamente 34% de funcionarios y directivos son mujeres.

En cuanto ve a las remuneraciones, entre quienes perciben el equivalente a 5 o más salarios mínimos las mujeres solamente representan el 29% del total, y como señalan las cifras del organismo su porcentaje en el rango de percepción de 5 o más salarios mínimos siempre es inferior al de su presencia en el oficio en cuestión, es decir, no todas las mujeres que se desempeñan en la misma área laboral reciben la misma remuneración, apenas un 29% de ellas.

En cuanto a las horas laboradas por las mujeres, siguiendo los criterios de la Organización Internacional del Trabajo de considerar también los quehaceres en el propio hogar como trabajo, -aunque este criterio solamente se aplica a aquellas mujeres que se desempeñan laboralmente fuera del hogar- a las mujeres que participan en el mercado laboral hay que añadirles casi 28 horas de actividad más a la semana contra 7.2 horas adicionales de la población masculina, de forma tal que las mujeres en la fuerza de trabajo suman en promedio 64.6 horas de trabajo semanales, mientras que los hombres suman 52.5.

Como se puede observar en los datos proporcionados por el INEGI, no obstante el incremento de las mujeres en la fuerza laboral, está muy lejos todavía de equipararse al porcentaje masculino, pero además, cuando logran superar las dificultades para insertarse en un empleo, el salario que perciben es menor que el obtenido por los hombres en actividades similares.

Por su parte el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señala que las condiciones de pobreza en México agudizan la desigualdad de género, por lo que los hogares encabezados por mujeres presentan carencias alimentarias en una proporción mayor a los hogares que tienen un varón como jefe de familia.

Respecto al acceso a la educación, los datos de la OCDE muestran que el 98% de las mujeres mexicanas cursan la primaria y el 96% los hombres; el 87% de las mujeres cursa la secundaria, y el 81% de hombres. No obstante las cifras anteriores, al nivel de educación superior solo llegan el 27% de mujeres y el 28% de hombres.

A pesar de que en los últimos años se han implementado reformas legislativas para facilitar el acceso de las mujeres a los cargos políticos, debiendo incluso imponer una cuota de género, lo cierto es que todavía la fuerza de las mujeres no se ve representadas en forma equitativa en los diversos poderes del Estado. Representan 33.6% en el Senado y 38% en la Cámara de Diputados, y en los Congresos locales, ni se diga, hay algunos en los que la presencia femenina es apenas simbólica, y de las 32 entidades de la República, solamente una es gobernada por una mujer.

Abatir las barreras de la discriminación por género, mejorar el acceso a la educación, asegurar la participación de las mujeres en el trabajo formal y conseguir la igualdad de salarios, son pasos indispensables para que la fuerza de las mujeres mexicanas se vea realmente representada en el ámbito laboral y contribuya más en el desarrollo integral del país.