Mireles: Sin derecho a la rebelión.

Hugo Rangel Vargas/ Grupo Crónicas Revista

Hugo Rangel Vargas, Economista, Politólogo, Activista Social

Hugo Rangel Vargas, Economista, Politólogo, Activista Social

Desde dos ópticas distintas, John Locke y Ricardo Flores Magón han hecho del derecho a la rebelión un objeto de sus reflexiones en torno a ciertos mecanismos mediante los cuales el ser humano interactúa en determinados momentos con el Estado. Defensor del gobierno y de la propiedad privada, el filosofo inglés sin embargo repasa las condiciones que justifican el derecho de la ciudadanía a inconformarse con sus gobernantes; condiciones que para Flores Magón están inscritas genéticamente el carácter de clase del propio Estado.

“Hay personas que de buena fe hacen está pregunta: ¿Cómo ha de ser posible vivir sin gobierno?, y concluyen diciendo que es necesario un jefe supremo, un enjambre de funcionarios,” escribe contundente Ricardo Flores Magón en el texto “¿Gobierno?” y remata: “En cuanto a los delitos contra las personas, en su mayor parte son el producto del medio malsano en que vivimos. El hombre vive en constante sobre excitación nerviosa; la miseria, la inseguridad de ganar el pan de mañana; los atentados de la autoridad; la certidumbre de que se es víctima de la tiranía política y de la explotación capitalista”.

En la desigualdad de la sociedad capitalista, condición que se reproduce y amplia en su dinámica propia, Flores Magón encuentra el origen de la permanente crispación que existe en las relaciones entre los individuos. Esta condición es descrita por Locke a través del concepto hobbesiano del “estado natural”, al cual renuncian los individuos para dar paso a una sociedad política que garantice su coexistencia en comunidad.

Sin embargo, en determinados momentos y frente a abusos o manifiestos descuidos por parte de los gobernantes que vayan en el sentido opuesto al bien común, estos pierden su derecho a la tutoría. Locke describe así el derecho a la rebeldía en “Los dos tratados de gobierno”: “Cuando el pueblo se siente miserable o se encuentra expuesto a un mal uso de su poder, grita a los gobernantes y por mucho que se quieran hijos de Júpiter, que sean sagrados o divinos, descendientes o autorizados por los cielos; los echan por algo o alguien que les plazca.”

Las condiciones por las que transitó buena parte del territorio michoacano durante la gestación y el surgimiento de los grupos del crimen organizado, mismos que hicieron sentir su poder por encima del legalmente establecido en el estado mexicano, estuvieron plagadas de abusos y calamidades. Si la fatal situación de subdesarrollo que vivía la tierra caliente michoacana no era suficiente para imponer flagelos a sus habitantes, ahora se agregaban las extorsiones, los secuestros y demás delitos que con impunidad y complicidad cometieron cientos de criminales que asolaron aquella región.

Frente a este entorno y después de haber hecho uso del legítimo derecho a la rebeldía, cientos de michoacanos tuvieron que padecer posteriormente la persecución de las autoridades que reclamaban la reintegración de su monopolio al uso de la violencia, muy a pesar de que las condiciones de seguridad no estaban garantizadas por parte de los cuerpos policiacos.

En este complejo entramado de vejaciones una víctima emblemática ha sufrido el uso político de la legalidad en su contra. José Manuel Míreles, icono por antonomasia del derecho a la rebeldía (lockiano o magonista) permanece en la cárcel contemplando como obtienen libertad o tratos privilegiados algunos otros que han sido señalados como participes del desastre que le llevo a él, junto a otros michoacanos, a ejercer su facultad para alzarse.

El paso de las horas en las que Míreles sacrifica su libertad y su propia salud, es un monumento que se yergue en contra del derecho a su rebeldía y que delata el verdadero sentido de un estado mexicano alejado de las obligaciones del contrato social que describiría Locke y quizá más cercano a su carácter de clase del que hablaría Flores Magón al señalar: “La autoridad no hace falta más que para sostener la desigualdad social.”