WSJ/Por ALEXANDRA MARSHALL

Vestido con pantalón corto, una desteñida camiseta azul marino, un par de Havaianas amarillas desgastadas y un sombrero de paja ladeado, Christian Louboutin se estira en un banco de cara a un arrozal en la costa del Alentejo portugués. El diseñador parisino de zapatos llegó aquí hace dos semanas para trabajar en los bocetos de su nueva colección, algo para lo cual se recluye cada año. Su complejo de casas blancas y bajas está junto a un camino de tierra a las afueras de Melides, una aldea costera al sur de Comporta, el pueblo vacacional que Louboutin frecuentaba antes de que se tornara un destino popular. El sol brilla y se alcanza a ver el océano sobre las bajas colinas verdes mientras el ahijado adolescente de Louboutin está tirado como un enorme cachorro sobre un sofá en la sala de estar tapizado en una tela psicodélica de Josef Frank. Las rizadas hijas de Louboutin, mellizas nacidas hace ya casi dos años a través de una madre de alquiler, retozan felices en los alrededores.

“Nunca he tenido metas profesionales”, dice Louboutin, de 53 años. “No entiendo cómo la gente hace eso”. Aun así está aquí, con ventas que han registrado un crecimiento anual de dos dígitos en en las últimas dos décadas. Hoy existen más de 400 puntos de venta en todo el mundo, así como 131 boutiques Christian Louboutin, con planes para añadir 12 más el año que viene. Las celebridades parecen insaciables con sus zapatos, con distintivas suelas de rojo brillante, tan estridentes como las capelladas, a menudo decoradas intensamente. Jennifer López fue una devota fanática desde los primeros años. También Madonna, Beyoncé, Kate Moss y Sarah Jessica Parker, que se casó con Matthew Broderick llevando un par de sus zapatos. Este otoño, el diseñador, que lanzó la marca Christian Louboutin Beauté con una línea de esmaltes de uñas en 2014 y añadió lápices labiales en 2015, se adentra en el mercado de los perfumes con tres fragancias que llevan tórridos nombres: Trouble in Heaven, Tornade Blonde y Bikini Questa Sera.

Louboutin ha confesado su locura por la compra de propiedades. Es dueño parcial de un château en la región francesa de Vendée, que comparte con Bruno Chambelland, desde hace años presidente ejecutivo de su empresa. También tiene una casa de campo cerca de Luxor, en Egipto (además de una dahabiya para navegar por el Nilo), un lugar en Los Ángeles, un apartamento en Lisboa y otro en París, que es su vivienda principal. El complejo de Melides es su último proyecto inmobiliario, aunque comenzó como un accidente afortunado cuando alquilaba una casa en Comporta. Estaba dibujando cuando se hizo un profundo corte con papel —gajes del oficio— por el que tuvo que ir al hospital de la zona para que le pusieran unos puntos. “En el trayecto de vuelta me metí aquí en el camino y pensé: ‘Parece bonito, vamos a ver’”. Así descubrió una pequeña cabaña frente a un arrozal, que compró tan pronto como la propiedad estuvo disponible y la transformó en un taller. Desde entonces ha agregado otras tres estructuras encaladas en la parcela de 60 hectáreas. Todas comparten el mismo estilo bajo y airoso, e incluyen habitaciones de invitados, su dormitorio, una cocina y una sala de estar.

Con la ayuda de su ex pareja, el célebre diseñador de exteriores Louis Benech (Louboutin está actualmente soltero), el jardín de la parcela fue diseñado para que sea colorido pero natural. Buganvillas y vides trepadoras guían el camino a la casa desde la calle. Al lado de la residencia principal hay un huerto con tomates, calabacines, zanahorias, papas y hierbas, además de higueras, ciruelos, granados y plantas de cebolla florecidas que se estiran hacia lo alto y extienden sus brotes hasta entrelazarse y hacer de parasoles. Como casi todas sus casas de vacaciones, también tiene un considerable espacio para almacenar los tesoros que encuentra en sus viajes. Este está repleto de lustrosa cerámica mexicana, alfombras senegalesas, bancos diseñados por William Kent para Houghton Hall, muebles de niños y tablas de surf. Un recolector, se le conoce por comprar en múltiplos siempre que puede. “Hace dos semanas fui a ver un monasterio a las afueras de Sofía, Bulgaria, y encontré una tienda de cerámica en medio de la nada. Era preciosa, colorida en su interior. Empecé a comprar y pensé: ‘Bueno, a lo mejor voy a necesitar una maleta más’. Y el tipo al que había ido a ver dijo: ‘Conozco a alguien que viaja con un pequeño camión por Europa’. Le dije: ‘No entiendes lo que acabas de decir’. Y me llevé dos tiendas enteras. Teniendo tiendas yo mismo, una de mis misiones es ser el cliente que me gustaría tener: la persona que está emocionada, feliz y se lleva todo”.

A pesar de su refinamiento, Louboutin no es preciosista, ni trabaja con un decorador. Sus áreas comunes están bien vividas. En su taller, un gran escritorio se alinea con muebles de bebé. En la sala de estar, un tigre embalsamado que le dio un amigo posa orgullosamente junto a una antigua mesa de centro brasileña al lado de tapices bordados por Alexander Calder. Si alguien tiene mejores ideas, Louboutin está abierto a ellas. “Mi entrenador de París estaba pasando las vacaciones cerca y vino a almorzar. Vio la araña de la sala de estar y dijo: ‘No tiene sentido tenerla ahí; te vas a golpear la cabeza’”. La cambiamos de lugar, y los cables no quedaron bien organizados. “El diseño en democracia no siempre funcione,” dice Louboutin, “pero es importante escuchar”.

Una gran terraza une tres de las estructuras, haciendo que el dormitorio de Louboutin resulte fácilmente accesible desde la sala de estar y la cocina. La vida social en el complejo gira en torno a este espacio exterior, donde hay una larga mesa para 10 sillas con asiento de cuerda, todo diseñado por T.H. Robsjohn-Gibbings en los años 50. “¿Te acuerdas de Cómo pescar un millonario, la película de Marilyn Monroe? Tiene esa mesa y esas mismas sillas en la parrilla exterior”, dice Louboutin. Su cocinera reina sobre la parrilla, preparando pescado de la zona y otras delicias. Anchos escalones llevan de la terraza hacia abajo en la colina, creando gradas cuyo único propósito es permitir observar los cambiantes colores de la naturaleza.

Con el arquitecto Tarek Shamma, que diseñó las boutiques de Louboutin en Madrid y Luxemburgo, está añadiendo una quinta estructura, llamada La Folly, a unos cientos de metros del complejo, más cerca de la calle principal. Actualmente en la etapa de acero y cemento, será una plataforma de observación de 140 metros cuadrados inspirada por los baoris de Jaipur en India. En el centro de la estructura habrá una fogata con vistas a través de pequeñas ventanas superiores. “Lo bueno de este lugar es que está muy cerca del agua”, dice Shamma, “así que todos los arrozales se convierten en una laguna en el invierno. Christian no quería otra casa, pero no quería perder esta oportunidad. Corre aquí todas las mañanas y camina por las tardes, así que tuvo la idea de hacer algo donde pudiera parar y simplemente estar”.

terraza louboutinEn la terraza, una instalación de conchas fosilizadas de Drouot, en París, sobre una mesa y sillas de mediados de siglo atribuidas a Robsjohn-Gibbings y una instalación de conchas fosilizadas de Drouot, en París, sobre una mesa y sillas de mediados de siglo atribuidas a Robsjohn-Gibbings.

Según lo que cuenta Louboutin acerca de su vida, está compuesta de una serie de aventuras picarescas. Mientras crecía en el distrito 12 de París, hijo de un ebanista y un ama de casa, era brillante y capaz pero lo echaron de una escuela tras otra. En el colegio otros alumnos lo llamaban le métis, o “mestizo”, lo que le hacía pensar que a lo mejor había sido adoptado en secreto. (Hace tres años descubrió que fue el producto de una aventura de su madre con un egipcio). Louboutin podía ir y venir como quisiera, y antes de ser lo suficientemente mayor para manejar, vivía parte del tiempo con un hombre mayor que él. Eva Ionesco, su amiga más íntima de la escuela, ahora actriz y cineasta, fue objeto de un escándalo nacional debido a unas fotografías provocadoras que le tomó su madre artista cuando era pequeña. “El cartel de Louis Malle para Niña bonita era una copia de su fotografía. La llamaron Baby Porno. Era tan dulce que tenía que protegerla”, dice. (Ionesco, ahora casada con el novelista Simon Liberati, descansa en la piscina a la sombra de una pérgola importada de Rajastán).

Con Ionesco, Louboutin se convirtió en un adolescente que frecuentaba el glamuroso y disoluto club nocturno Le Palace, que se parecía al Studio 54 de Nueva York con su mezcla de gente de alta y baja sociedad, chicos punk, diseñadores famosos y estrellas del rock, además del consumo entusiasta de todo tipo de sustancias. Un nómada de corazón, Louboutin viajaba periódicamente a Egipto o India. “Mi juego favorito cuando era niño era hacer de agente de viajes en mi habitación”, dice.

Louboutin consiguió su primer trabajo real a los 16 años, como vestuarista en la trastienda del teatro Folies Bergère de París, donde sus cuadernos llenos de los extravagantes diseños de zapatos que había dibujado desde que iba a la escuela no encontraron interesados. Al ver hoy esos dramáticos diseños, con sus tacos aguja decorados con cristal, escote de dedos, tacones vertiginosamente altos y motivos exóticos, es fácil trazar sus raíces estéticas hasta aquella inmersión en el burlesco. También su espíritu: los zapatos de Louboutin siempre han sido atrevidos y sensuales, traviesos y alegres, el producto optimista de alguien que fue buscándose a sí mismo y a quien le gustó lo que encontró.

Sin aprendizaje formal, Louboutin usó esos mismos bocetos para conseguir un puesto como asistente de diseño en la zapatería francesa Charles Jourdan. Siguió como freelance para el diseñador de zapatos Maud Frizon, además de Chanel. Cuando un trabajo eventual con su ídolo Roger Vivier se terminó, creyó que había tenido ya la mejor experiencia que podría tener y dejó la industria. Siguió su otra pasión, la jardinería, y empezó a trabajar como paisajista.

Luego, una tarde, mientras compraba una lámpara de un amigo, el distribuidor Eric Philippe, ahora un proveedor prominente de diseño de mediados de siglo, este le mostró un local vacío en la galería comercial Véro-Dodat en el primer distrito. “Dijo: ‘¿Por qué no haces tus propios zapatos? Simplemente toma una tienda’”. Dos días después, durante una cena con Henri Seydoux, un amigo de la escuela, y Chambelland, entonces pareja de Louboutin, les habló sobre la idea. Chambelland se sumó, ayudando a poner el dinero con Seydoux. El momento podría haber sido malo —era 1991—, pero Louboutin no se inmutó. “La mayoría de la gente decía que era una locura empezar un negocio en ese momento, pero de todas formas no creo que haya un momento correcto”.

Chambelland, que se encargaba de la gestión, sabía que no debía contarle a Louboutin los peores detalles, en especial en los primeros años, cuando “sangrábamos dinero”, recuerda. Por suerte, compradores estadounidenses tomaron nota cuando un periodista de moda vio en la tienda a la princesa Carolina de Mónaco. Pronto, Chambelland y Louboutin pudieron abrir cuentas de venta al por mayor en el extranjero así como más tiendas propias, en Nueva York, Los Ángeles, Londres, Moscú y Hong Kong. Louboutin no hacía publicidad entonces y sigue sin hacerla. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y el subsiguiente hundimiento del mercado de lujo en EE.UU., su diversidad geográfica y la creciente importancia de las celebridades le ayudaron a mantenerse a flote. Esas suelas rojas eran muy fáciles de ver en las fotos de los paparazzi: Cameron Diaz, Oprah Winfrey y Rihanna generaron interés por la marca simplemente al ser vistas con productos de Louboutin.

En el salón, una mesa brasileña de los 50 con un sofá azul de Josef Frank, sillas verdes de Hermès de los 60, un tigre embalsamado y una araña comprada en Portugal.

louboutin casaHacia 2007, el crecimiento estaba tornando a la empresa más grande que el ancho de banda de Louboutin y le obligaba a tomar muchas decisiones empresariales. “Empecé a ponerme nervioso e irritable. Había cambiado, ya no podía concentrarme”. Sabiendo que necesitaban ayuda, Chambelland y Louboutin encontraron a Alexis Mourot, que había trabajado para Marc Jacobs. Después de una entrevista de casi cuatro horas, Mourot se convirtió en director operativo y gerente general. El negocio se ha multiplicado por 14 desde entonces. Mourot dice: “Si Christian tiene una sensación o una idea, tenemos que ver cómo la hacemos funcionar para asegurarnos de que esté bien dirigida operacionalmente”.

Con Mourot a bordo, se hizo posible la expansión estratégica, aunque Louboutin aún trabaja por instinto. En 2003 lanzó bolsos, y en 2010 los zapatos para hombres, sólo porque un amigo, el cantante Mika, quería que le hiciera algo para llevar en su gira. Hoy representan 22 por ciento de las ventas. El esmalte de uñas vino después, principalmente porque Louboutin quería algo que hiciera juego con los zapatos abiertos en los catálogos de marketing. Pero también tenía sentido, dado que la famosa suela roja de Louboutin fue creada en 1993 pintando la suela de un zapato con esmalte de uñas rojo. En 2012, Louboutin se asoció en un proyecto con la empresa de marca blanca Batallure Beauty. Hoy tiene 31 colores de esmalte de uñas, desde verde espuma de mar hasta gris oscuro y, por supuesto, Louboutin Rouge, y 45 tonos de lápices labiales.

A lo largo de los años, las compañías se le han acercado para proponerle licencias, por ejemplo, para líneas de gafas y moda. Ha rechazado todas. “La legitimidad es muy importante para mí, y quiero trabajar en el producto”, explica. “Mi meta es hacer algo de lo que esté orgulloso. Mientras lleves algo hasta el final y lo hagas a tu manera, siempre estarás orgulloso. Si tiene éxito, incluso mejor”. Sus cosméticos son un ejemplo: si el embalaje eficiente de las cajas de envío ahorra dinero, ¿qué hacer con las grandes puntas de los frascos de esmaltes de Louboutin y los tubos puntiagudos de sus lápices labiales? Algunos están cubiertos de escamas, como si fueran criaturas de mar con coronas de joyas. En vez de cajas clásicas, vienen en cajas de joyería acolchadas. “No tenemos enormes márgenes de ganancia”, dice Louboutin. “Así que si necesitamos aumentar el precio, aumentamos el precio”.

El perfume era el siguiente paso lógico. Aun así, Mourot dice que el nuevo perfume estará en menos de 200 puntos de venta por todo el mundo porque no quieren perder el control de la distribución. Dieron indicaciones a 30 perfumeros y Louboutin al final redujo las 120 muestras (un número inusualmente grande para presentar a un cliente) a tres ganadores de la empresa de fragancias Firmenich. Los resultados son tan maximalistas como todo lo que ha hecho Louboutin. Los aromas híper femeninos emergen de botellas de colorido cristal diseñadas por Thomas Heatherwick.

Louboutin diseñó la fosa de la hoguera con vides a su alrededor. Él lo llama “El rincón de Carla”, en honor a su amiga Carla Bruni. ENLARGE
Louboutin diseñó la fosa de la hoguera con vides a su alrededor. Él lo llama “El rincón de Carla”, en honor a su amiga

louboutin carla
“Pensé que la botella debía ser diseñada por un arquitecto”, dice Louboutin. El fallecido Oscar Niemeyer, cuyos dibujos decoran el dormitorio de Louboutin en Melides, era su primera opción para delinear el embalaje de los lápices labiales y perfumes. “Fui a verlo sobre el proyecto, y fue muy dulce. Pero tenía ya 100 años. ‘Estoy completamente ocupado’, me dijo. ‘Pero me encantaría hacerlo si puedes esperar’.‘Por supuesto que esperaré’, le dije, y luego murió”.

La conexión de Heatherwick con el proyecto fue informal al principio. Los dos hablaron durante una serie de encuentros amistosos que empezaron en Londres y continuaron en Umbria, Italia, y en Nueva York cuando sus planes coincidían. “Nunca he trabajado en el diseño de una botella, y no estaba seguro de estar interesado, pero me gustaba intercambiar ideas con Christian”, cuenta Heatherwick. “Explorábamos todo, qué color debía ser el líquido, si debía ser líquido, cómo aplicar las cosas en tu cuerpo y la relación del cuerpo y la fragancia. Me preguntó si consideraría diseñar la botella”. El resultado parece “un pastel al que le han hecho un corte en el medio y han girado la parte de dentro sobre sí misma”, dice Heatherwick.

A diferencia de otros diseñadores que tienen una musa oficial en su nómina, Louboutin tiene un acuerdo improvisado con un grupo de mujeres que le inspiran, como Ionesco y Elisa Sednaoui, su ahijada, que posa para las imágenes de marketing del perfume, además de Farida Khelfa y Léa Seydoux, hija de su cofundador. “No es por sus looks”, dice Louboutin, mientras Ionesco sale de la piscina con una pamela y un traje de baño negro de una pieza y sin tirantes, estilo bandeau, con una sombra de ojos gris oscuro corrida lánguidamente. “Definitivamente, es su actitud. Las personas que están alrededor mío son sobrevivientes. Están al mando de su propio destino, de ellas mismas”.•