EMMANUEL MACRON, LA ÚLTIMA CARTA DEL SISTEMA FRANCÉS
Por Alfonso Solórzano Arias/ Grupo Crónicas Revista

Alfonso Solórzano Arias, Licenciado en Derecho ITESM, Analista Político

Francia ha iniciado un nuevo periodo de gobierno, esta vez bajo la dirección del ex socialista Emmanuel Macron. El nuevo presidente francés logró una victoria tanto definitiva como sorpresiva para buena parte de la sociedad francesa y de la comunidad internacional.
Resulta muy impresionante que un candidato independiente pudiese rebasar en un promedio de un año, tanto de pre campaña como de campaña electoral, a todos sus rivales políticos incluyendo a la candidata antisistema Marine Le Pen.

Macron ganó la segunda vuelta contra Le Pen con el 65 por ciento de los votos frente al 35 por cierto que obtuvo esta última, lo cual fue prácticamente una victoria de dos a uno. No obstante la holgada victoria lograda por Macron, resulta muy preocupante que Le Pen hubiese incrementado el número de votos de 22 por ciento que sacó en la primera vuelta a 35 por ciento en la segunda, lo cual significa que tuvo un incremento de votos del 13 por ciento, y que uno de cada tres franceses estaba de acuerdo – y así lo hizo- en votar por ella.
Desde luego, no se percibe que Macron en este momento pudiera afrontar algún problema serio respecto a Le Pen o su partido, el Frente Nacional, sin embargo el nuevo presidente no debe bajar la guardia en ningún momento durante su gestión.

A pesar de ser candidato “independiente”, es decir, fuera de los partidos políticos tradicionales, Macron es considerado como un elemento político que se ubica sin problemas dentro del sistema o establishment francés, incluso sus propuestas de campaña no eran muy distintas que las de otros candidatos tradicionales de la centroizquierda y de centroderecha. Macron es pro Unión Europea aunque haya elaborado un discurso moderado respecto a la integración continental, por lo que realmente no se espera que emprenda políticas que afecten la relación liberal que actualmente tiene Francia con el resto del bloque económico, a diferencia de lo que deseaba Le Pen.

Sin embargo la carga que en este momento lleva Macron es mucho mayor de lo que se pudiera imaginar, toda vez que no solamente recibió el apoyo traducido en votos de los partidos tradicionales, republicanos y socialistas en la segunda vuelta, sino además en ese apoyo, implícitamente también la carga simbólica del sistema político tradicional francés que con ese respaldo busca mantener su actualidad.

Parece ser que el pueblo francés decidió poner a prueba el dicho que señala que “la tercera es la vencida”, eligiendo a un miembro políticamente bien visto del establishment francés, tal vez con la idea de que este nuevo presidente, a diferencia de Nicolás Sarkozy y François Hollande, realice una buena gestión del estado francés y resuelva los múltiples problemas que afronta la sociedad francesa, tales como el desempleo en las áreas industriales y rurales, así como el combate contra el terrorismo que en los últimos años ha perjudicado terriblemente al pueblo francés, y la migración de personas procedentes del medio oriente.

Macron debe de hacer frente a estos retos y resolverlos de manera exitosa para así asegurar la estabilidad del sistema político francés así como de sus respectivas instituciones. De no afrontar con acierto las tareas de gobierno, quien sabe si ello signifique abrirle de par en par las puertas al Frente Nacional.

La situación del nuevo presidente de Francia puede ser comparable con la llegada de Obama al poder en EUA, puesto que en ambos casos arribaron candidatos que si bien formaban parte del sistema político tradicional, ofrecían cambios importantes en el manejo de sus respectivos países; sin embargo se sabe muy bien como terminó la historia de Obama, donde al final de cuentas aun con todo el carisma político y una serie de reformas socioeconómicas importantes, triunfó en las elecciones un candidato antisistema con visiones muy semejantes al protofascismo.

Desgraciadamente eso mismo podría repetirse en Francia si en los próximos cuatro años Macron fracasa en realizar los cambios que está prometiendo. Si bien aunque Le Pen y su partido están derrotados en este momento, conservan una base de apoyo importante en la población francesa, además de que muy probablemente estarán al acecho para aprovechar en su favor cualquier falla del nuevo gobierno.
Macron se ha convertido en la última carta fuerte del sistema político francés, y será en su administración durante los próximos cuatro años donde verdaderamente se definirá el futuro no solo de Francia sino de Europa; una buena gestión garantizará que por bastante tiempo se mantengan intactas las ideas del liberalismo social francés así como de la integración europea, sin embargo una gestión parecida a la de sus predecesores significaría prácticamente dejarle las puertas abiertas a Marine Le Pen y su nacionalismo proto-fascista que desde luego truncaría por completo tanto el liberalismo francés como la integración europea.

Los próximos cuatro años de este nuevo gobierno serán determinantes para el curso de la historia de Francia, de Europa y del mundo. Esperemos que la última carta fuerte del sistema francés sepa moverse hábilmente en el juego del poder.