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Por Nothingman

Existen muertes que hieren en lo más profundo, muertes que hacen eco en diferentes partes, que rebotan y resuenan, para bien o para mal, muertes que sirven como clichés, como tips culturales para snobs, como si fueran medallas para algún intelecto que se inflaría como pez globo si las dijera o las anunciara primero que todos o antes que nada.

Así me pasó justo hoy en la madrugada, cuando me llegó un texto a mi celular diciéndome; no, no, informándome, así en cuatro palabras… “ha muerto Chris Cornell”. No supe qué pensar o qué decir, encendí mi ordenador y me puse a buscar la información desesperadamente, como si no lo quisiera confirmar, como si las sorpresas (que tanto odio) no fueran suficientes para decir algo que pudiera aligerar la pesadez de una noticia que pensé llegaría tiempo después, cuando ya nadie recordara la música de Soundgraden, o siquiera nadie supiera, ni por error, quién diablos fue Chris Cornell.

Decía, hay muertes que duelen, que se sienten porque uno sabe que la pérdida será irremplazable, será una muerte con la que no se puede siquiera debatir, simplemente duele, pasa y se supera, pero nunca se olvida. Así me pasa con la muerte de Cornell, porque crecí con su música, como crecí con todo el grunge rodeándome, asfixiándome, consumiéndome, ahogándome en una depresión disfrutable. Porque para mí el grunge también es un existencialismo, parafraseando a Sartre.

Say hello to Heaven Chris, como le dijiste a Andrew Wood allá por el 90, porque supongo que cuando la fría muerte te visitó hace unas cuantas horas y la viste a los ojos quizá le dijiste mother mercy, take me from this place, porque no te merecías estar aquí, porque ya nos habías dado lo que debías darnos, porque personas como tú no se merecen estar en esta hoyo, quienes sí debemos estar pudriéndonos en nuestro interior, pagando las deudas cada mañana cuando abrimos los ojos, somos los demás, porque al resto de nosotros nos basta escuchar tu potente voy o el riff de algún guitarrazo tuyo para hacer más ligera nuestra existencia.

Tu muerte es sensata, llega a tiempo, y tus canciones son tu epitafio, porque ya estás en the promise land. Rodeado de varios de aquellos que empezaron ese viaje que duró un par de años en Seattle, un viaje musical que nos mantuvo a muchos, años después, en una depresión paradigmática, en una depresión sutil.

No es momento de estar decaídos porque love’s like siucide dazed out in a garden bed ¿No? Como alguna vez lo dijiste y porque tú amaste la música como amaste a los que te rodearon, como te amarán tus seguidores y, ¡vaya!, no quiero parecer aquí un poeta empedernido llorando la muerte de una músico más, pero no se puede negar que al morir tú ya no queda mucho de aquello que me definió en mi gusto musical.

I woke the same than any other day, pero supe cuando abrí los ojos que en este planeta faltaba una voz, aquella que realizó el cover de Billie Jean en acústico y superó, por mucho, la versión original. Ya se fue Chris Cornell, pero nos deja un material musical tan basto para saber que los que merecemos estar aquí, podremos sobrevivir al pesado vaivén de la existencia, porque the hand of god lays high above us…