Fuente: El Economista / Por Rodrigo Riquelme

No hay mejor forma de esclarecer un asesinato que a través de la ficción. Sobre todo cuando se trata de una muerte como la del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el 24 de mayo de 1993, en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Guadalajara, el cual es el eje sobre el que giran la novela Casquillos negros de Diego Petersen Farah.

Los casquillos negros son los cartuchos que son reutilizados después de ser detonados, por lo que conservan una película parduzca del disparo anterior. Estos fueron los casquillos encontrados alrededor del auto del Cardenal Posadas, quien de acuerdo con la versión oficial de las autoridades mexicanas fue confundido con el líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín El Chapo Guzmán, que supuestamente era el objetivo original del ataque.

El problema es que, por lo regular, los casquillos negros no son usados por los narcotraficantes, sino por el Estado. Ésta es una de las pistas que Beto Zaragoza, un periodista de nota roja, junto con el expolicía Tripa Fernández, encuentran cuando se internan, de nueva cuenta, 24 años después, en las contradicciones del asesinato del cardenal Posadas.

Después de terminar una investigación sobre una viuda negra, Zaragoza descubre un sobre con dos fotografías de la escena en la que fue asesinado el cardenal. Él mismo aparece en una de las fotografías y ambas se tomaron en distintos momentos de la balacera: una fue tomada minutos antes y otra minutos después. Zaragoza se da cuenta de que él mismo forma parte del laberinto que se construyó después de la escena.

Para Petersen, escritor y colaborador de El Economista quien presentó su libro ayer 1 de junio en el marco de la Fería de Novela Negra y Policíaca, en la librería Rosario Castellanos, del Fondo de Cultura Económica, en compañía de Gastón García Marinozzi y Sandra Lorenzano, la muerte del cardenal Posadas Ocampo es el punto de quiebre de la relación entre el Estados mexicano y el narcotráfico.

Casquillos negros es una novela negra, una novela policiaca en la que ni los policías ni los criminales son buenos o malos, más bien todos la policía, los políticos, los sacerdotes, el crimen organizado y la sociedad en general son parte de una compleja trama de corrupción, violencia, poder y muerte, que sólo los más marginales, un periodista local y un expolicía alcohólico pueden desenredar.

Para cerrar el caso, las autoridades vendieron la historia de que se había tratado de una terrible confusión entre dos bandas de narcotraficantes. “Una confusión perfectamente planeada”, dijo el entonces procurador de la República Jorge Carpizo. Casquillos negros es una novela que deconstruye el caso Posadas, lo que nos permite explorar las contradicciones de la sociedad mexicana,

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx