El insostenible sistema de la “partidocracia”

Por Teresa Da Cunha Lopes / Grupo Crónicas Revista

Resumen: Nos encontramos, así, en un momento de total divergencia entre los partidos tradicionales y la sociedad. En la imposibilidad de se re-inventar, os partidos políticos están condenados a desaparecer, único desenlace posible de un sistema insostenible por ineficiente, costoso y obsoleto.

Palabras-Clave: política, democracia, partidocracia, sistema representativo

 

Teresa Da Cunha Lopes, Investigadora de la UMSNH, especialista en Derecho Comparado

Morelia, Mich., 17 junio 2017.-La “cultura política”, en la versión de la “partidocracia” que heredamos del siglo pasado, reduce está a un espectáculo en que la única participación “aceptable” del individuo es la de integrar una masa fascinada por la “imagen “fabricada de un líder y de participar, periódicamente, en algunos rituales diseñados para fortalecer su identificación emocional con un “club” o “marca”.

En este guión, también los “no políticos” y los “intelectuales” tienen (tenían) atribuidos papeles, perfectamente coreografiados.

Ahora bien, esta “cultura política”, casi religiosa, en que cada partido representa un dogma y su estructura las diversas “capillas “de devotos, es un sistema que no funciona cuando todos podemos observar en directo la realidad, interactuar al instante (y de forma deslocalizada y transfronteriza) con cualquier otro individuo y, podemos crear los contenidos emocionales, con independencia de los aparatos de propaganda partidaria.

Nos encontramos, así, en un momento de total divergencia entre los partidos tradicionales y la sociedad. En que la cultura social, la cultura viva, está en total ruptura con la política establecida, en que el poder editorial de la prensa se ahoga en el océano de los blogueros y de las redes.

El momento actual es un momento crítico de los mitos políticos, reticente ante cualquier tipo de “delegación”, de representación y que demanda, una participación activa, directa, a través de comunidades de base de la sociedad civil, de la búsqueda de una causa.

La cultura viva instaló el cambio como un paradigma de las sociedades modernas, pensadas como sociedades en movimiento (de ahí el suceso del eslogan de Macron: ¡En Marcha!). La revolución parental, sexual, comunal, ecológica, urbanística, se hicieron frente a los partidos, contra los jerarcas y, a pesar de la voluntad de los políticos. Hoy, es hora de liberar la economía y las minorías, destruir la dependencia a que, todavía, están sometidas las mujeres, avanzar con la instalación de la Tecnociencia en todos los niveles y espacios sociales.

Esto sólo puede ser llevado a cabo fuera de los partidos, colocando la ética frente a la política, el conocimiento frente a la ignorancia, el empoderamiento real frente a la representación.

La muerte de la “partidocracia” es, entonces, como lo diría Gabriel García Márquez la “crónica de una muerte anunciada”. Tal como los ríos corren para el mar, la ecuación “democracias avanzadas más Tecnociencia más cambios sociales” nos llevará, inevitablemente a derrocar los muros erguidos por la “partidocracia” para contener la llegada del futuro.

Inevitablemente, aún que por veces parece ser en ritmo de tortuga, eliminaremos la conducta sociopática de los políticos, y la corrupción y malevolencia de los que los rodean.

Es insostenible un sistema en que las políticas públicas son diseñadas son fruto de un total desdén por un mundo que está al borde de catástrofes (guerras regionales, calentamiento global, etc) provocadas por “líderes” que reflejan la inadecuación de los aparatos partidarios para lidiar con los problemas reales y, que fueron propulsados a puestos de representación y, por ende, de decisión , por campañas editadas y montadas como un espectáculo, en suma, a partir de la fabricación y consumo de “imágenes.

En suma, de un sistema espectáculo vacío de soluciones y que, además, continúa operando bajo el falso paradigma, inaceptable hoy por hoy, de que todos los medios son buenos para llegar a un fin.

Es evidente que esta caricatura, a la cual está reducido el político oportunista y fabricado por una máquina de propaganda, entra directamente en conflicto con una sociedad que ha re-descubierto que no necesita de elegir “actores”, ni de asignar ” delegaciones” y que no quiere limitarse a ser “espectadora”.

Es evidente que la “cultura política ” de que los medios justifican los fines (en el sentido de que las “estrategias” sirven para ganar “escaños”), hace revolver de asco a la mayor parte de los integrantes de las sociedades modernas.

Es evidente que el costo del funcionamiento de la “partidocracia” es un peso económico, insoportable, que no se justifica por el “rendimiento” de los partidos en el poder ni por las aportaciones de los partidos de la oposición. Más bien, evidencia una incapacidad manifiesta para administrar las situaciones crisis, generar soluciones a problemas concretos y para crear las certidumbres jurídicas adecuadas a la transición a la nueva economía, a las nuevas organizaciones y para encuadrar la protección de los individuos en el nuevo sistema productivo.

En consecuencia, podemos identificar que son esos elementos de evidente ineficacia de la soit -disant “cultura política” que están en la base de la ira y del enojo contra la “partidocracia”. En última instancia, son el combustible que alimenta el movimiento general contra los partidos tradicionales.

Así que, en la imposibilidad de se re-inventar, os partidos políticos están condenados a desaparecer, único desenlace posible de un sistema insostenible por ineficiente, costoso y obsoleto.