El libro, un lugar de encuentro

Por Jorge Carrión

Los próximos 11, 12 y 13 de julio dialogarán en La Antigua (Guatemala) algunos centenares de libreros y editores independientes de España y América Latina. Se trata de la tercera edición del foro “Otra mirada”, que en 2010 reunió en Zaragoza a 140 profesionales y en 2012 convocó a 300 en la FIL de Guadalajara.

La vocación hispanoamericana queda patente en esa triangulación espacial, que al establecer ahora su tercer vértice en Guatemala refuerza el mensaje del reciente festival Centroamérica Cuenta, que este año ha llegado a su quinta edición, siempre bajo la dirección de Sergio Ramírez y con sede en Nicaragua.

No es la primera iniciativa conjunta de la librería guatemalteca Sophos y de la zaragozana Cálamo. Tras 33 ediciones en solitario de los Premios Cálamo —que destacan mediante la votación de los clientes algunos de los libros más importantes o singulares publicados en España durante el año— Paco Goyanes abrió el galardón a los lectores guatemaltecos, en una nueva categoría, el Premio Sophos Cálamo, que cuenta con la complicidad de su colega Phillippe Hunziker al otro lado del océano.

Esos puentes son menos frecuentes de lo que sugiere el sentido común. Se pueden contar con los dedos de las manos los sellos editoriales que consiguen llegar a todos los países de la lengua. La mayoría limitan su distribución a algunas áreas. Y los grandes grupos seleccionan los pocos libros que no están destinados al público local y tendrán la suerte de llegar a las librerías de otros países donde tienen sede y representación.

No siempre fue así. La publicación del espectacular Diccionario Biobibliográfico de los escritores, editoriales y revistas del exilio republicano de 1939 (Renacimiento), a cargo de Manuel Aznar Soler y José-Ramón López García, nos recuerda la vastedad de la red que se tejió a mediados del siglo pasado, cuando buena parte de los grandes intelectuales y gestores culturales españoles se refugiaron en las principales ciudades de América Latina.

Para entonces las conexiones entre librerías, editoriales, publicaciones periódicas y escritores ya tenía una larga historia de colaboraciones e intercambios internacionales. Pero cuando se produjo la gran ola del exilio español los puentes se multiplicaron por mil.

El autor cubano Leonardo Padura Fuentes, uno de los participantes del quinto festival literario “Centroamérica Cuenta”, en Managua el 24 de mayo de 2017 CreditInti Ocon/Agence France-Presse — Getty Images

Un ejemplo entre tantos: el de Antoni López i Llausàs, recogido en el diccionario. De joven trabajó en la Librería Española, propiedad de su padre, pero no tardó en asociarse con Manuel Borràs y Josep M. Cruzet para crear la Llibreria Catalònia. Se refugió con su familia en Francia y Colombia, antes de establecerse definitivamente en Buenos Aires: “Contratado por Rafael Vehils, se hizo cargo de la Editorial Sudamericana, de la cual llegó a ser propietario. Hizo frecuentes viajes a España. En 1949 fundó en Barcelona la editorial Edhasa. Fundó también en México la Editorial Hermes”.

A principios del pasado mes de junio falleció Natu Poblet, la librera que tanto hizo desde Buenos Aires por generar lectores en ambas orillas del Atlántico. Su abuelo, Emilio, llegó a Argentina a principios del siglo pasado y fundó tres librerías en la avenida Callao. Con su hermano Paco, Natu remodeló radicalmente en los años ochenta una de ellas llamada Clásica y Moderna, que había regentado Francisco, el padre de ambos. Un espacio de encuentro entre los libros, el vino, la música y las diversas generaciones.

Poco podía imaginar Benito Milla, cuando se exilió en Montevideo, que él y su hijo Leonardo crearían un pequeño grupo de librerías y editoriales tanto en Uruguay como en Venezuela. Y mucho menos que su nieto, Ulises, acabaría cerrando un círculo posible al regresar a la España de nuestros días para inaugurar en Gavà, en la periferia de Barcelona, la librería Dr. Sagan el pasado 16 de junio.

La librería Catalònia de Barcelona cerró: en su céntrico local ahora hay un McDonalds. Pero en Santiago de Chile existe una librería también llamada Catalonia. A veces se apagan las voces, pero persisten sus ecos.