Por Manuel Vega Zúñiga/ Observatorio Juridico Nicolaita / Grupo Cronicas Revista

Manuel Vega Zúñiga es miembro de la Coordinadora Socialista Revolucionaria, e integrante de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos

Para quienes joden con que Venezuela es socialista y traen la cantaleta de que “no quieren ser otra Venezuela”, aquí una precisión conceptual:

«Venezuela no es socialista, es un capitalismo de Estado con un gobierno burgués antiimperialista. No hay sólo una lucha interburguesa entre la vieja oligarquía y la boliburguesía; del lado de los golpistas está el imperialismo y su indiscutible base de masas consiste en la pequeño burguesía urbana y un sector de trabajadores exasperado por las carencias, la corrupción, y las medidas represivas al grado de olvidar lo que fueron los gobiernos oligárquicos, mientras del lado del gobierno, además de la boliburguesía, están las Fuerzas Armadas y la inmensa mayoría de los trabajadores.» Guillermo Almeyra

Y Venezuela no será imperialista yanqui, pero coquetea con el imperialismo ruso, aun así, condenando el imperialismo ruso, y teniendo mis reservas con el régimen de Maduro, apoyo la continuidad y el fortalecimiento de la revolución bolivariana, porque la oposición no es “el pueblo” en abstracto, es la derecha concreta que disputa el poder protegida y azuzada por el imperialismo norteamericano y ya sabemos cuáles serían las consecuencias políticas y económicas en caso de derrocar al chavismo y ascender al gobierno.

En el tablero geopolítico de la hegemonía capitalista no se tienen aliados alados, y si no se tienen aliados, quedas sencillamente a merced de los bloqueos económicos o incluso de los bombardeos. O ser asfixiado o ser aplastado son las opciones para los pueblos que cuestionan la forma hegemónica de entender y ejercer la democracia, el poder político, la economía y el derecho. Por eso las alianzas deben ser de clase entre los pueblos oprimidos del mundo, antes que confiarse a las meras alianzas de Estados.

La revolución bolivariana está en crisis, lo anterior resulta tan innegable como el avance mismo del neoliberalismo en el mundo y en la región. Frente a esta coyuntura, es preciso tomar partido. Las críticas serán siempre bienvenidas, incluso son necesarias aquéllas que no sean bienvenidas, pero la indefinición sale más cara que las críticas.

Maduro es un líder obtuso, pero Maduro no es la revolución bolivariana, y ante esta grave crisis hay que tomar partido. Defendamos lo que queda de la revolución bolivariana y busquemos profundizarla a pesar de los límites y de los errores del chavismo, o pasemos, pues, la factura a sabiendas de que el costo es el ascenso de la derecha reaccionaria con sus implicaciones geopolíticas para la región.

Maduro no tiene el talento ni la simpatía de Chávez, pero hablamos de proyectos políticos y no de personajes pasajeros. Delcy Rodríguez, por ejemplo, sería una gran Presidenta, pero cualquiera que sea el líder en turno, si el proyecto político contraviene a la hegemonía mundial, será golpeteado, bloqueado, o de plano intervenido. Hablamos, pues, de geopolítica y no de simpatías ni de mesías.

Venezuela no es socialista, ni en los mejores tiempos de Chávez ha sido socialista, sin embargo la actual correlación de fuerzas en la región no está para otro Macri, para otro Temer, o para otro Peña en el continente.

Hago un llamado para cerrar filas y tomar partido, y quienes apoyemos la continuidad de revolución bolivariana, no podemos ser acríticos ni mucho menos comparsas de la burocracia bolivariana, criticar desde la izquierda al régimen de Maduro también es nuestro deber, pero sabiendo que nuestro horizonte político es la profundización de la revolución y no la consecución de la democracia liberal al estilo norteamericano, mexicano o colombiano.

Si la Constituyente sale victoriosa (no me refiero a los meros resultados de hoy), será un aliento para los otros pueblos latinoamericanos, será una posibilidad real de ver materializado al menos parcialmente un proceso constituyente emanado del pueblo que se encuentra luchando -al menos parcialmente- contra la voluntad político-liberal hegemónica. Haría que se movieran cosas nuevamente en Latinoamérica. Constituiría un pequeño aliento ante la ofensiva neoliberal. Yo tengo mis reservas respecto a los alcances de estos procesos constituyentes performáticos que hemos visto en las últimas décadas, cooptados y dirigidos por socialdemócratas, burguesías nacionalistas e intelectuales progres, anclados en la imaginación política de la modernidad y empleando los mismos instrumentos de la burguesía, pero ese es otro tema y este no es el momento para abordarlo.

Por ahora, me alegra mucho que pese al ambiente hostil que propició la oposición terrorista con métodos fascistas como atentados con bomba que aplaudieron jubilosos mientras grababan a los heridos, e incluso a pesar del asesinato de un candidato chavista a la Constituyente, las masas salieron a manifestar su voluntad, y al parecer, los boicots económicos contra Venezuela orquestados desde EUA, cansaron al pueblo, pero no le hicieron perder de vista quién es el verdadero enemigo, así que si la organización popular se fortalece y se expanden los límites del progresismo, la Constituyente puede ser un nuevo aire para las luchas de los pueblos en el Continente, si pueden allá, por qué no nosotros, otras naciones dirán. Que no nos idiotice la OEA con derechos humanos de oropel, que no nos colonice la ONU con su aburguesada libertad. Queremos justicia material y distributiva para los pueblos, queremos ser los pueblos los que determinemos nuestros destinos políticos y económicos, queremos ser los pueblos los dueños de la democracia y de la riqueza, no meros votantes y súbditos como hasta ahora. Todo eso no vendrá de arriba, todo eso deberá emerger de la organización pueblo e implicará lucha en todas las acepciones de la palabra.

Fuerza para el pueblo venezolano porque la voluntad de un pueblo no basta para detener al imperialismo y mañana continuarán las embestidas. Máxime si se trata de un pueblo que cuenta con una de las principales reservas petroleras del mundo.

¡VIVA EL PUEBLO DE VENEZUELA! ¡QUÉ DESPIERTEN LAS CONCIENCIAS DE LAS NACIONES OPRIMIDAS! ¡QUÉ VUELVA A SER LATINOAMERICA UN PUEBLO COMBATIVO!