Associated Press

El senador John McCain declaró ayer su oposición al intento de último minuto de sus compañeros de partido de derogar y reemplazar el “Obamacare”, lo que asesta un golpe mortal a la propuesta y quizá a la antigua promesa del Partido Republicano de cancelar ese programa.

Por segunda ocasión en tres meses, McCain, de 81 años, ha surgido como el gran aniquilador de uno de los compromisos más importantes de su partido con el electorado.

“Creo que podríamos hacer más si republicanos y demócratas trabajáramos juntos, y en realidad no lo hemos intentado todavía”, declaró McCain sobre la iniciativa. “Tampoco podría apoyarla sin saber cuál será el costo, cómo afectará a las primas de los seguros, y cuántas personas resultarán beneficiadas o perjudicadas”.

McCain, que padece cáncer de cerebro en el ocaso de una notable carrera política, dijo que no podría votar a favor de la medida “con la conciencia tranquila”.

La postura de McCain propina un gran revés al presidente Donald Trump y al líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, y podría profundizar las desavenencias entre los legisladores republicanos y el mandatario, que ha comenzado a concertar acuerdos con los demócratas debido a la frustración por la incapacidad de su propio partido para convertir propuestas en leyes.

Durante la campaña electoral, Trump se había comprometido a cancelar con rapidez la Ley de Salud Asequible promulgada por Obama –”será sencillo”, había dicho–, y ha reprendido públicamente a McConnell por no conseguir la aprobación de la iniciativa.

Con el rechazo del senador de Arizona suman ahora dos votos republicanos “en contra”, después del de Rand Paul.

Aun si esos dos votos se suman a la oposición de todos los senadores demócratas, McConnell podría lograr la aprobación de la reforma.

Sin embargo, la senadora republicana Susan Collins dijo ayer que ella también se inclina en contra de derogar la ley, y Lisa Murkowski ya se asoma además como posible detractora, lo que hace altamente improbable que McConnell consiga aprobar la medida.

No ha habido una reacción de Trump por el momento, pero el vicepresidente Mike Pence dijo que la lucha no había terminado.