Michoacán: Presidentes Vulnerables

Por Hugo Rangel Vargas/ Grupo Crónicas Revista

Hugo Rangel Vargas, Economista, Politólogo, Activista Social

En días anteriores fue asesinado a mansalva el Presidente Municipal de Paracho, Stalin Sánchez. Esto ocurrió mientras el Gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, lanzaba una invasiva campaña en los medios de comunicación nacionales para posicionarse en medio de la disputa que sostienen cuadros panistas y perredistas por hacerse de la postulación del Frente Ciudadano por México.

El asesinato del munícipe tuvo a lugar en medio de una ola de ejecuciones que según diversos trascendidos puede tener como marco una disputa entre cárteles del crimen organizado por el territorio de la entidad. Lo cierto es que esta situación ha evidenciado una vez más la vulnerabilidad a la que se encuentran expuestas las autoridades municipales.

Y es que a decir del titular de la Secretaría de Seguridad Pública en la entidad, Juan Bernardo Corona Martínez, sólo cuatro municipios de los 113 que tiene Michoacán tienen el número de efectivos policiales recomendados por la ONU. A esto se agrega la enorme capacidad financiera y operativa de las facciones delincuenciales que contrastan contra las dificultades económicas y organizacionales de este nivel de gobierno.

Las preocupaciones de Aureoles Conejo sin embargo, se encuentran en el terreno de la proyección electoral de su figura hacia la coyuntura que se avecina y ha declarado en algunas entrevistas que tiene dificultades para enfrentar el problema de la inseguridad. Sin embargo, no se asoma en su retórica campañera una propuesta clara para enfrentar este flagelo, y en la entidad que gobierna, ha sostenido el esquema del mando único de la anterior administración, e incluso, algunos funcionarios de las áreas de seguridad y procuración de justicia heredados del gobierno de facto de Alfredo Castillo Cervantes.

Pese a las dificultades, la creatividad con la que algunos ayuntamientos parecen enfrentar esta problemática, contrasta con la impasividad y la distracción política del gobierno del estado. En Tuxpan, un municipio pequeño, el presidente Jesús Mora ha lanzado un programa de seguridad en coordinación con las autoridades del mando único que ha empezado a generar una mayor sensación de confianza entre la población de la cabecera municipal que concentra a una quinta parte de los habitantes de todo el territorio.

En ese pueblo del oriente de Michoacán, el alcalde ha trazado una ruta para hacer frente a las carencias humanas y financieras que limitan las capacidades de atención en materia de seguridad. Ha convocado a los habitantes a construir una estructura de participación ciudadana a través de un programa denominado SERENO (que por sus siglas significa Seguridad, Respeto y Normalidad) y que pretende multiplicar los ojos que vigilan las calles, no sólo de delincuentes, sino de abusos de la autoridad y de deficiencias en los servicios públicos críticos en materia de normalidad de la vida de los ciudadanos.

Un ejemplo a seguir lo que ha hecho Mora González en un municipio pequeño que obliga a la inventiva y a la sinergia entre gobierno y ciudadanos. Sin embargo, este voluntarismo bien intencionado no debe hacer que se olviden las dificultades añejas y estructurales de los ayuntamientos que tienen, por ejemplo, para hacer obra pública.

En este rubro, los alcaldes tienen que realizar una labor “de cabildeo y gestión” en el Congreso de la Unión cada año para conseguir recursos con los diputados. Labor que no solo desatiende a los munícipes de sus tareas jurídicamente asignadas, sino que pervierte la función legislativa de la Cámara de Diputados.

Twitter: @hrangel_v