Del narcisismo y de las campañas políticas

Por Teresa Da Cunha Lopes

Teresa Da Cunha Lopes, Investigadora de la UMSNH, especialista en Derecho Comparado

En la mente del narcisista, todo es él. Infelizmente, los políticos tienen una dosis de narcisismo mucho superior al común de los mortales. De ahí, su necesidad visceral del uso de espectaculares y de los millones gastados en imagen, o sea en publicidad. Misma que no nos acerca ni un iota a la formación de una decisión electoral informada sobre ejes programáticos y propuestas concretas de políticas públicas. Pero, si son una inyección de adrenalina narcisista para el candidato. Y, seguramente de muchas horas de masturbación mental cuando se ve reproducido hasta el horizonte en imágenes de diez metros con sonrisa Colgate .

La cuestión no es menor, ni puede ser reducida a nuestra indignación colectiva por el derroche multimillonario para gratificación del ego del candidato, sangría de dineros públicos que se hace sobre la recaudación impositiva a nuestro trabajo, sudor y lágrimas.

Ojalá fuera, solamente, una cuestión de dinero. Ojalá fuera una cuestión de simple prodigalidad a costa del erario público. Ojalá tuviera, única y exclusivamente , como consecuencia negativa la producción de toneladas de basura , al final de cada campaña electoral. Pero no, es mucho más grave.

Es un comportamiento de una crueldad inaudita para con los sectores poblacionales que no tienen nada. Ni para un litro de leche para sus hijos. Es una actitud de valemadrismo narcisista intolerable, potencialmente mortífera porque desvía – como quedó visible en esta época de sismos, huracanes, incendios, sequías e inundaciones -millones y millones de acciones prioritarias para alimentar el “juego de tronos” de políticos incompetentes, de traiciones palaciegas y de caravanas de sicofantes.

El narcisismo de los políticos siempre existió. No es nuevo. Lo que es nuevo es la virulencia de su irrupción en nuestras calles, en nuestra pantallas de televisión y en los espacios publicitarios de nuestras redes sociales. Revigorado por una “indústria” de la imagen , difusamente llamada “marketing político “ que recoge su “justificación” en la brutal capacidad de alimentar la “bestia” , el monstruo de la vanidad del candidato(a) a quien promete transformar en el “general” victorioso de batallas de Photoshop y de guerrilla de eslóganes.

Es una “costumbre “ de modernos depredadores con “carta de corso” sobre fondos públicos que solo sirve para alimentar la red de mentiras de promesas incumplidas y de ocurrencias irrealizables, que sustituye , hoy por hoy, las inexistentes ideas políticas, la falta de liderazgo y la inapetencia por las soluciones de los problemas sociales.

Sí queremos, realmente, regresar a la política como Arte del diálogo, de los consensos que permiten crecer y como instrumento de canalización de las tendencias sociales y de apertura a las vías de transición pacífica del poder, tenemos que erradicar al “candidato maruchan” , instantáneo, omnipresente ( en el paisaje urbano y que sonríe a los coyotes en la más remota carretera del desierto) , pero altamente tóxico para las Democracias.

La única alternativa es cerrar la llave de los rubros para publicidad ( tanto públicos como privados ) . Que hagan trabajo de campo junto de las poblaciones, trabajo político con la sociedad civil organizada , que nos demuestren trayectorias de esfuerzo y conocimiento especializado de las áreas que pretenden gobernar. Entonces,si pueden hacer la danza del pavo real