Los “Judas”, los mentirosos y la mala economía

Por Teresa Da Cunha Lopes/Grupo Crónicas Revista 

 

Teresa Da Cunha Lopes, Investigadora de la UMSNH, especialista en Derecho Comparado

En economía, cuando hablamos de política económica estamos hablando de dos pilares: política hacendaria y política monetaria. Las dos crean los equilibrios (desequilibrios) que permiten (o NO) la creación de Bienestar. O bien, en su caso el hundimiento en la crisis. Ahora bien, cuando el objetivo de la política fiscal es reducir impuestos a los ricos y recortar programas fundamentales como educación y salud, el resultado es fatal para el 99% de la población. 


Esta “política “elimina el acceso a la salud, a la educación y a los sistemas de protección social, que no pueden funcionar sin un financiamiento adecuado, instalando regresión en los indicadores de calidad de vida y, además, subiendo los impuestos a las clases medias.
Resultado instalan nuevas bolsas de pobreza, aumentan la brecha económica y destruyen cualquier posibilidad de crecimiento. Es de locos que se pretenden “especialistas”. Es el resultado de la impunidad, incumplimiento, ineficiencia, ignorancia: las variables comportamentales de las asambleas de los timadores. No es un fenómeno local, parece ser una plaga global.


Existe un momento en que las estrategias de relaciones públicas y las campañas de publicidad política mediáticas ya no pueden esconder lo que es evidente para todos y todas. A quienes advertían de la falsedad de sus planes no se les hacía caso. Ahora todos sufren en carne propia la incapacidad técnica de gobernar y la fantasiosa presunción de transparencia. Que te expliquen porque el Estado no tiene liquidez y que lo hagan sin que echen la culpa a quien trabaja parece ser un reto intransponible.

 

A falta de capacidad para gobernar y de conocimientos de economía, la “teoría” dominante entre los integrantes de la clase política parece ser la de que para ir a las elecciones del 2018 necesitan una “victoria” aplastante sobre la sociedad civil organizada y sobre los trabajadores, que compense su fracaso con el manejo de las políticas económicas.

 

Así que se criminaliza la protesta social, se militarizan las calles y se denigran a los trabajadores, aplicándoles la ley de la “utilidad de la miseria”. Y se elevan al nivel de “paradigma” las reglitas de los especuladores, diplomáticamente llamados de “operadores financieros”, aún y cuando desde Platón a Krugman, pasando por Amartya Sen, todos los buenos teóricos políticos y economistas saben que son “timadores”. 


Todo en aras de forzar la aprobación de políticas que solo benefician a una elite diminuta que financiará , alegremente, las campañas electorales de subsirvientes nulidades que no hesitarán en votar todo lo que sea necesario para mantener la asimetría social, los salarios miserables , la regresión de la protección del acceso a derechos fundamentales, porque al final del día no representan a la nación , si a grupos de interés particulares .


La noción weberiana de servicio público ha desaparecido y lo que la sustituye exhala el fétido olor de la descomposición moral propia a un pequeño mundillo de timadores. Que religiosamente reelegimos como si la exposición de sus “faltas” expiase sus culpas como productores de crisis artificiales con costos sociales incalculables.


Así que, no es para nadie una novedad que, de Judas, de Pilatos y de fariseos está la mesa de la política servida. Si al menos fuesen eficientes…