BIENESTAR  ANIMAL  
Breve aproximación desde la Sociología

Por Eduardo Moyano Estrada /Grupo Crónicas Revista

Eduardo Moyano Estrada es Profesor de Investigación (catedrático) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el área de Ciencias Sociales. Sus trabajos de investigación versan sobre acción colectiva y articulación de intereses en el sector agroalimentario, y gobernanza y desarrollo en las áreas rurales.

El interés y la preocupación por el bienestar de los animales son sentimientos tan antiguos como la propia historia de la humanidad, sin que ello haya sido incompatible con el hecho de existir en múltiples culturas diversos ritos en los que el sacrificio de los animales constituye un eje central, ritos que aún perduran (como ocurre en España con los toros en sus diversas modalidades).

No obstante, el modo y la intensidad de expresar tales sentimientos han variado en las distintas civilizaciones en función de cómo haya sido percibida la relación de los seres humanos con los demás seres vivos.

En este asunto ha habido siempre controversias ideológicas entre los llamados “veganos” y los “bienestaristas”. Mientras que los “veganos” reconocen a los animales derechos similares a los de los seres humanos, los “bienestaristas” no se lo reconocen, siendo sólo partidarios de mejorar sus condiciones de vida, aceptando que puedan sacrificarse con fines alimenticios y ser utilizados con fines médicos o científicos.

Independientemente de estas posiciones respecto a la relación de los seres humanos con los demás animales, es un hecho que dicha relación ha ido evolucionando a lo largo del tiempo conforme han ido cambiando los modelos de desarrollo y la percepción del papel a desempeñar por los animales en la sociedad.

De relacionarse con los animales en la Edad Antigua en tanto que objetos de caza o pesca para satisfacer las necesidades básicas de proteínas, se pasó a una relación de carácter más utilitarista en la que el hombre utilizaba determinadas especies de animales para la labranza, la carga y el transporte (équidos, bóvidos, camélidos, e incluso cérvidos y perros en regiones árticas y de Norteamérica; caballos, asnos, mulos, bueyes,…), para la guerra, la guarda o la defensa (équidos, camélidos, perros, caballos y hasta elefantes,…), para la comunicación (palomas mensajeras,…) o incluso para el ocio y la compañía (aves de cetrería, pájaros, perros, gatos,…)

Mientras que, en la caza o pesca, el animal útil era el animal muerto, en las otras actividades el valor de los animales radicaba en su fuerza, destreza, habilidad o capacidad de comunicación. En estas otras actividades el interés principal consistía en mantenerlos no sólo vivos, sino en buenas condiciones de vida, ocupándose de su cuidado y alimentación.

El desarrollo de la ganadería con fines comerciales significó un cambio en la relación con los animales, percibiéndose desde entonces como seres vivos cuya utilidad no radica en el animal mismo, sino en los productos que genera (huevos, leche, carne, lana,…). De ahí que el bienestar del animal pasó a un segundo plano en aras de la mayor eficacia en la obtención del rendimiento productivo asociado al mismo.

En ese contexto de la ganadería comercial, lo importante no es saber si las condiciones del animal en la granja contribuyen o no a su bienestar, sino si las condiciones de la granja son las adecuadas para obtener la máxima productividad del animal en cautividad.

De ese planteamiento basado en el principio de la productividad y la eficacia económica se ha ido pasando a un planteamiento basado más en una lógica de eficiencia. Según esta lógica, no siempre las condiciones más eficaces para el logro de la máxima producción son las más eficientes si se tienen en cuenta todos los costes y se consideran, además, los efectos indirectos que provocan determinados modelos de ganadería intensiva (en materia de propagación de enfermedades, de muerte de animales en la granja y en el transporte,…).

Paralelamente, se ha ido extendiendo la presencia de los animales en el medio urbano con fines recreativos, de ocio o de mera compañía (mascotas), al tiempo que se ha ido produciendo un progresivo alejamiento de la población urbana respecto del papel desempeñado históricamente por los animales en la cultura rural (en la que el sacrificio animal era intrínseco a ella).

En ese contexto, va predominando la lógica del cuidado y la conservación de los animales, procurando ofrecerles un buen entorno de bienestar y buenas condiciones de vida, lo que tiene una influencia decisiva en el aumento del interés por el bienestar animal.

Entre el medio urbano y el medio rural cabe ubicar, además, todo lo que es la actividad cinegética o pesquera, que representa otro importante ámbito de interés en el tema de la relación del hombre con los animales. Cabe mencionar el tema de los animales de los zoológicos o el de los utilizados en laboratorio para la realización de experimentos en el ámbito de la medicina humana o veterinaria, o de las ciencias naturales en general. Por último tenemos todo lo relativo a los animales utilizados en la práctica deportiva (caballos, galgos,…) o como objeto de fiesta (toros, vaquillas,…)

Un tema complejo y diferenciado

Toda esa variada gama de situaciones explica que el tema del bienestar de los animales sea un tema complejo, sobre el que no cabe generalizar. Por eso hay que partir del reconocimiento de que es un tema controvertido que se adentra en los terrenos de la ciencia, la ética, la política, la cultura, la economía, la salud,…

Se reconoce también que es un tema de difícil aplicación práctica, por cuanto no resulta fácil establecer los parámetros adecuados que midan el estado del bienestar animal en las distintas especies y sectores productivos.

Dada la diversidad y complejidad del tema, así como la importancia económica del sector ganadero y de las industrias cárnicas (más del 20% de la cifra de negocio del sector de alimentación y bebidas y el 20% de generación de empleo), se comprende que la aproximación al mismo se esté haciendo de manera gradual (paso a paso), promoviéndose análisis e investigaciones según las grandes categorías de escenarios (granjas, laboratorios, zoológicos, caza y pesca, hogares, deporte,…) y estableciéndose protocolos específicos para cada tipo de casos.

Un tema de interés social

El interés y preocupación por el bienestar de los animales ha ido creciendo en las sociedades modernas (especialmente en las de mayor nivel de desarrollo), tal como se manifiesta en diversos ámbitos (sociales, políticos y religiosos).

Así, por ejemplo, es evidente el auge de los movimientos animalistas, que se refleja en las numerosas publicaciones sobre este tema y el alto nivel de ventas que alcanzan (cabe destacar el éxito del “Manifiesto animalista. Politizar la causa animal” de la francesa C. Pelluchon). Las múltiples reacciones en las redes sociales al reportaje del programa “Salvados” del periodista Jordi Evole, emitido el pasado domingo en La Sexta, son ilustrativas de la sensibilidad social ante este tema, y la controversia que genera.

En el ámbito político, el crecimiento del interés por el bienestar animal se manifiesta en el importante número de votos que el partido animalista (PACMA) obtuvo en las elecciones de 2016 en España (sus casi 300 mil votos lo situaron en primer lugar entre los partidos sin representación parlamentaria). Asimismo, la moción aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados el pasado diciembre para que se reconozcan jurídicamente a los animales como seres vivos, y se modifique a ese respecto el Código Civil, es indicativo de ese crecimiento, algo que ya se ha hecho en países como Alemania, Austria, Suiza, Francia y Portugal.

La extensión del interés por el bienestar animal ha alcanzado incluso al mundo de la ética y los valores religiosos, como muestra los capítulos que el Papa Francisco dedica a este tema en su encíclica Laudato si’, inspirada en el “Cántico de las Criaturas” de San Francisco de Asís.

El bienestar animal en la opinión pública europea

En lo que se refiere a la opinión pública europea, y centrándonos en los animales de granja, los Eurobarómetros de 2005 y 2007, y el más reciente de 2016 muestran cómo se consolida el interés por este asunto, si bien reflejan también las importantes diferencias y variaciones entre países y la influencia de los factores sociodemográficos, educativos y culturales.

Por ejemplo, alrededor del 62% de los consumidores europeos se manifiesta dispuesto a cambiar sus hábitos de compra a fin de adquirir productos que sean más respetuosos con el bienestar animal. Además, el 43% declara tener en cuenta el bienestar animal alguna vez o cada vez que compran carne y tres de cada cuatro consumidores opinan que sus decisiones de compra pueden repercutir de manera positiva en el bienestar de los animales.

Los consumidores consideran también que existe una clara relación de dependencia entre el bienestar de los animales y la calidad de los alimentos. Casi la mitad percibe que los alimentos producidos con arreglo a normas elevadas de bienestar de los animales son de mejor calidad.

Los mencionados Eurobarómetros también muestran que el interés y preocupación depende del tipo de animales, ya que no todos los sistemas de producción se perciben de igual modo en relación con sus efectos sobre el bienestar animal. Así, mientras que dos de cada tres encuestados (66%) valoran como positivo el sistema de producción de las granjas de vacuno de leche y casi la mitad (46%) el de las granjas de porcino, ese porcentaje desciende al 22% en el caso de las granjas avícolas (en este caso, el 64% lo valoran como negativo).

Casi la mitad de los ciudadanos de la UE mencionan a las granjas de gallinas en batería, de pollos y de cerdos en estabulación, como las que más necesitan mejorar sus sistemas de producción en lo que respecta al bienestar de los animales, lo que confirma que es en estos sectores donde se concentra la mayor preocupación ciudadana.

(https://www.3tres3.com/ultima-hora/resultados-del-eurobarometro-sobre-bienestar-animal_36342/)

ANEXO para seguir leyendo

Las causas del interés por el bienestar animal

El creciente interés de la opinión pública por el bienestar animal responde a varios factores: unos, relacionados con el cambio de valores culturales, y otros, vinculados a las implicaciones sanitarias y económicas de los modelos intensivos de producción.

  1. a)Factores culturales

Los cambios culturales que se han dado en la ciudadanía europea en los últimos cincuenta años están muy ligados al avance de los llamados valores postmaterialistas en las sociedades contemporáneas (sobre todo, en los estratos de más nivel de estudio y más renta). En materia de alimentación, los valores postmaterialistas son los que explicarían, por ejemplo, que los consumidores se interesen por el origen y trazabilidad del producto, y comparen no sólo el precio, sino también la calidad.

Esos valores son los que explicarían también que se preocupen por el modo como se organiza la producción (si están garantizados los derechos laborales, si no se perjudica al medio ambiente,… si no se someten a los animales a una crueldad innecesaria….). El consumidor adquiere de este modo conciencia por temas que, antes, no entraban entre sus preocupaciones y que ahora tiene en cuenta a la hora de decidir qué consumir y qué precio estaría dispuesto a pagar por los productos que adquiere en el mercado.

Además, la ya citada expansión de los animales en el medio urbano con fines recreativos, de ocio o mera compañía, y el progresivo desconocimiento del papel desempeñado históricamente por los animales en la cultura rural (en la que el sacrificio animal era intrínseco a ella), contribuye al predominio de la lógica del cuidado y la conservación de los animales, influyendo de modo decisivo en el aumento del interés por el bienestar animal.

  1. b)Factores sanitarios

Pero más allá del avance de esos valores de naturaleza ética, el tema del bienestar de los animales no se habría extendido si no hubiera sido por la consideración de otros factores de naturaleza más instrumental.

Uno de ellos es la detección de problemas de índole sanitaria y el desarrollo de enfermedades provocadas por el hacinamiento de los animales en las granjas industriales y por el modo hiperintensivo en que se gestiona el proceso de cría, cebo y producción. En este sentido, expertos veterinarios indican problemas de estrés en los animales de granja, generados por las malas condiciones de habitabilidad y manejo de las explotaciones ganaderas, lo que provoca una disminución de la resistencia inmunológica y, en consecuencia, la agudización de procesos patológicos latentes.

Si tenemos en cuenta que, según la Organización Mundial de Sanidad Animal, hasta el 60% de los patógenos humanos son zoonósicos (es decir, de origen animal), es evidente la importancia que desde el punto de vista de la salud pública adquiere el tema del bienestar animal.

  1. c)Factores económicos

Un tercer elemento es, sin duda, la comprobación de los costes económicos que conllevan los modelos de ganadería intensiva como consecuencia del trato que reciben los animales, tanto en lo que se refiere a las condiciones de vida en las granjas, como al modo como se produce el traslado al matadero.

Diversos informes señalan que el respeto por el bienestar animal tanto en la granja como en el transporte puede suponer una disminución de los costes de producción de hasta un 17% en algunos sectores (como el avícola), debido al descenso de los índices de mortandad, a la menor incidencia de bajas y sacrificios obligatorios y al ahorro en gastos veterinarios.

A ello habría que añadir el efecto indirecto que puede tener en el consumidor la información de que los productos que adquiere satisfacen los estándares en materia de bienestar animal, lo que indica la influencia de estos valores éticos respecto a los animales en la economía del sector de ganadería intensiva.

El fomento de normas más rigurosas de bienestar animal crea, por tanto, una oportunidad empresarial, lo que explica que muchos empresarios de la industria cárnica ya estén utilizando el bienestar animal en sus actividades de publicidad para diferenciarse de sus competidores y ganar espacios de mercado. El acuerdo entre la asociación AVIALTER (avicultura alternativa) y la asociación de defensa de los animales ANDA va en esa dirección.

El bienestar animal en la Unión Europea

El bienestar animal afecta, además, al comercio transfronterizo, por lo que es un tema que no puede abordarse de manera adecuada únicamente a escala nacional, ya que un planteamiento coordinado a escala supranacional resulta más efectivo que un enfoque unilateral.

Eso explica que el tema del bienestar de los animales se haya incorporado a la política europea. El Tratado de Amsterdam (1997) lo incorpora al reconocer en el artículo III-121 que los animales son seres vivos con “capacidad de sentir emociones”. Más tarde, el Tratado de Lisboa (2007) le daría el máximo rango como principio que debe impregnar las políticas comunes.

Ello se ha plasmado a nivel político mediante diversas estrategias: unas, de carácter general, como la Estrategia Europea de Salud Animal (2007-2013) y la Estrategia Europea de Bienestar Animal (2012-2015), y otras, de carácter específico (en la PAC a través de las condicionalidades exigidas para recibir los pagos directos).

Recientemente, la creación en 2017 por la Comisión Europea de la “Plataforma Europea de Bienestar Animal”, con representación de la UE, las administraciones públicas nacionales, comunidad científica, sector ganadero, industria cárnica, asociaciones de consumidores, y ONGs es indicativa de la presencia creciente de este tema en la agenda política europea (…)

Para leer más sobre el bienestar animal en la UE puede consultarse el artículo publicado en la revista “Ambienta” por el autor de este blog junto a Francisca Castro y Juan Prieto.

https://www.researchgate.net/publication/282007033_Bases_sociales_y_politicas_del_bienestar_animal_en_la_Union_Europea